La Teoría de las Olas Cruzadas 37
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Punto de quiebre

Océane

A las siete en punto ya estaba vestida, pelo recogido y con una energía extrañamente en auge pese al cansancio acumulado de la tensión en las últimas veinticuatro horas, pero quizá la motivación era muy diferente.

Sabía que Max me quería. Y aunque no pudiéramos gritárselo al mundo, estábamos juntos.

—¡Buenos días! —exclamé acercándome a la cafetera con la intención de hacer yo misma el café.

Suponía que mi padre se había levantado un poco más tarde de lo que era su costumbre por el cansancio del viaje y, conociéndole, seguramente había estado dándole vueltas a todo el asunto de Mason, la denuncia y Kingsley.

—¿Hay algo más que no me contasteis anoche? —preguntó mi padre cruzándose de brazos y dejándose caer en la encimera de la cocina mientras me observaba.

—¿En qué sentido?

—¿Hay una relación entre Max y tú?, ¿Puede ser esa la causa de que Mason quisiera hablar contigo? —preguntó mi padre con calma.

—¿Qué?, ¡No! —advertí confusa y vi como cogía la tablet que utilizaba cada mañana para repasar todas las noticias deportivas y la dejaba sobre la isla para que pudiera contemplar la pantalla.

Pensé que iba a leer el titular donde Mason acusaba a Max de agredirlo, incluso me preparé para leer una noticia sacada completamente fuera de contexto teniendo en cuenta la pregunta de mi padre y los rumores entre una posible relación sentimental, pero no estaba preparada para ver una foto en primera plana donde no dejaba dudas de que éramos nosotros besándonos sobre la tabla de surf la tarde anterior en la playa.

—Joder —advertí cerrando los ojos.

¿Cómo era posible?, ¿En qué momento nos habían hecho esas fotos sin que nos diéramos cuenta?

Volví a ver la noticia deslizando la serie de fotos en la que se nos veía paseando tranquilamente, a Max dándome un beso en la frente, otra abrazados…

estaba claro que nos habían estado siguiendo durante horas y ninguno de los dos había percibido nada.

«Se confirman los rumores. La nueva pareja creada por la campeona de surf tándem, Océane Sinclair y su nuevo compañero Maximilian Kingsley ya no esconden su relación sentimental»

Ese era el pedazo de titular para toda la serie de fotos que había en el artículo y que evidentemente empezarían a divulgarse en todas partes.

Quería morirme de la vergüenza.

—Lo de Max y yo ha surgido después —afirmé porque era inútil tratar de negar lo evidente.

—Puede que no seas consciente de los problemas que implica tener una relación sentimental con tu pareja de equipo, pero quiero saber si realmente estas segura de esto o es solo un capricho pasajero por lo ocurrido con Mason.

Sé perfectamente que entre vosotros la relación nunca ha sido precisamente buena y eso me hace inclinarme más por lo segundo.

Podía comprender su preocupación y también las razones, pero pensándolo fríamente no tenía ninguna duda a pesar de que sentía que aún me faltaban por conocer demasiadas cosas de Maximilian Kingsley.

—Sé lo que puede parecer, pero no es ningún capricho, papá. Realmente me gusta, de lo contrario no habría cruzado esa línea.

—Noté como mi padre parecía pensar durante un momento y mantuvo la mirada fija en la tablet que había entre nosotros.

—Acabas de salir de una relación de dos años y es normal que te sientas traicionada, pero si lo dos no vais en serio con esto, acabará mal. Hacer las cosas de forma precipitada nunca sale bien —afirmó con seriedad, como si él mismo tuviera la experiencia de lo que hablaba.

En ese momento Max entró en la cocina y se quedó observándonos. Ni siquiera esperé a saludarle, le pasé directamente el artículo de la tablet y su reacción no fue muy diferente a la mía.

—¿Cómo es posible que supieran que estaba aquí y no en California?

—exclamó tras echarle una ojeada a todas las fotos y parecía haberse detenido a leer el texto que acompañaba todas esas fotos de nosotros el día anterior acaramelados donde claramente evidenciaba que éramos mucho más que una simple pareja deportiva.

Eso me llevaba a pensar en la rapidez con la que se había hecho aquel artículo y en la idea de que nos habían seguido a conciencia.

Si no fuera porque la decisión de ir a ese lugar fue tomada de forma precipitada y nadie de nuestro entorno sabía realmente donde estábamos, pensaría que aquello podía estar orquestado.

—Tu representante al igual que yo, habrá recibido ofertas bastante generosas sobre pruebas que evidenciaran vuestra relación o entrevistas que lo confirmaran.  Está claro que alguien de la prensa os seguía la pista o simplemente os reconoció.

—¿Por qué no me has dicho nada? —inquirí a mi padre y luego pasé la vista hacia Max como si esperase que él lo confirmara.

—Lo vi absolutamente innecesario dado que estabas atravesando un momento difícil con Mason. Advertirte de la situación era generar más presión teniendo en cuenta que se suponía que vosotros dos no os llevabais bien.

Quizá saberlo no habría cambiado en absoluto las circunstancias o el resultado. En cualquier caso, nuestra situación continuaba siendo extremadamente delicada.

—¿Qué se supone que haremos ahora? —pregunté sin saber si esa noticia perjudicaba la situación de Max tras la denuncia por parte de Mason.

—Será mejor que mostréis un perfil únicamente profesional en público, centraros en la técnica y en trabajar duro.

Primero se os tiene que ver como un equipo unido que puede suponer un gran rival para el resto de competidores y eso todavía no ha sucedido.

Además, eso dará tiempo para averiguar que repercusión podrá tener esto para Max y en consecuencia para ti.

—¿Eso no provocará aún más rumores sobre nosotros y esas fotos? —intervino Max.

—Que se ponga el foco de atención en vosotros no es malo, pero que se haga únicamente en un plano sentimental sí puede serlo. Tenéis la atención del público, ahora demostradles que podéis estar a la altura y que sobre la tabla sois realmente buenos como pareja.

Ninguno de los dos añadió algo más a pesar de que el ambiente se volvió tenso, como si pudiera percibir que Max meditaba seriamente las consecuencias que podría tener aquellas fotos sumado a la denuncia por agresión de Mason.

En apenas unas horas nuestras vidas se habían visto sacudidas por un huracán que había decidido ensañarse con fuerza y, a pesar de resistir, ni siquiera éramos conscientes de hasta donde podía llegar su devastación, pero sí tenía claro que si Max estaba a mi lado, podríamos enfrentarnos juntos a todas y cada una de las consecuencias.

Durante las primeras horas de la mañana no percibimos nada extraño. Comenzamos repasando algunas figuras en el agua antes de intentar probarlas en la tabla y pese a tener inicialmente un par de caídas, al tercer intento sentí como Max me sostenía con firmeza sobre sus hombros.

Volver a sentir esa sensación de estar volando sobre el mar mientras el viento azotaba mi cabello y sentir la brisa en la punta de mis dedos provocando una percepción de libertad plena. El mar me había enseñado a perderme, pero también me enseñó el inicio de encontrarme de nuevo.

Trabajamos casi toda la mañana en mejorar la postura y hacer varias versiones de elevación con giros, rotación y por último, probamos la vela, donde debía mantenerme erguida sobre sus hombros en un equilibrio preciso con un solo pie.

A pesar de ser bastante precario, logramos mantenernos toda la cresta de la ola hasta que en un movimiento brusco nos tiró a ambos de la tabla.

Cuando salí del agua sentí la satisfacción que producía el resultado por el esfuerzo y observé a Max cogiendo la tabla y acercándose hacia mi conforme otra ola impactaba sobre nosotros.

Éramos un equipo. Ahora tenía mucha más conciencia de que él era mi pareja y de que lo había aceptado casi sin darme cuenta.

Ya no podía imaginarme empezar desde cero con otra persona, si me resultaba impensable lograr tener la complicidad que tuve con Reef, lo creía aún menos de la química que existía entre Max y yo.

No se trataba de una cuestión meramente física, iba mucho más allá, como si inexplicablemente hubiéramos sentido la necesidad del otro y conscientemente o no, supiéramos corresponderla.

El tipo arrogante, egocéntrico y superficial que creí ver el primer día me había dejado ver su verdadera personalidad y, sobre todo, la forma en la que era capaz de protegerme y velar por mí sin esperar nada a cambio.

Poco a poco había ido descubriendo que detrás de esa armadura, existía alguien capaz de escuchar con atención, de recordar los pequeños detalles, de observar en prudencia y actuar cuando nadie se lo pedía.

Ahí entendí que el destino a veces te rompe como una ola y lo hace para reconstruirte aún más fuerte.

Nuestra apacibilidad se terminó cuando comenzamos a encontrarnos algunos fotógrafos en la playa, en la puerta del gimnasio e incluso cerca de casa.

A eso se sumó las incontables propuestas de diferentes marcas que querían colaborar con nosotros o entrevistas de prensa y radio que deseaban tener confirmación de nuestra parte.

Dos días después, la denuncia de Mason se filtró a la prensa, probablemente fomentado por todo el revuelo de aquellas fotos y seguidamente tanto Max como yo recibimos una citación de la propia federación internacional de surf en California.

Eso era malo. Terriblemente malo, pero no era una carta oficial que afirmara una expulsión inmediata, así que aún existía una posibilidad de defensa, como el hecho de que aún no hubiera cargos contra Max por falta de pruebas.

Sentí como Max me rodeaba desde atrás la cintura y alzaba ligeramente la tabla para cubrirnos justo antes de acercar su boca a la mía en un beso fugaz.

Habíamos decidido cambiar por completo nuestros horarios para ver si eso podía despistar a la prensa, así que estábamos entrenando a última hora de la tarde.

—Odio esta situación —murmuró—. Odio no tenerte en mi cama. Odio no poder tocarte como quisiera. Y odio no poder decir de una maldita vez que estamos juntos y poder besarte cuando quiera.