36 #2
—Sé lo que parece. Sé que ha cometido errores en el pasado, pero le puedo garantizar que en esta ocasión no es así.
¿Le golpeó? Si, en legítima defensa, pero eso fue todo.
Max y yo nos marchamos de allí dejando a Mason en perfecto estado y después pasamos el resto de la noche en mi casa.
Puede preguntar a cualquiera de los presentes que estaban anoche ahora mismo, le darán la misma versión que le estoy dando ahora.
—Lo haré —afirmó levantando la vista de su cuaderno de anotaciones—.
¿Me confirma entonces que pasó toda la noche con usted?
, ¿Qué no hubo ni un solo momento en que no estuviera a su lado?
—insistió y recordé que me había despertado sola en la cama, aunque segundos después él apareció completamente bañado, como si llegara de la playa.
Por un instante pensé si realmente había ido solo a darse un baño o si volvía de darle una paliza a Mason.
Imposible.
—Si. Estuvo toda la noche a mi lado —aseguré justo antes de escribir los nombres de todos mis amigos junto a su teléfono y pasarle los datos.
No detuvieron a Max por falta de pruebas y eso ya suponía un alivio pese a las circunstancias.
Por el momento mi declaración le daba una coartada y sabía que con todas esas llamadas la acusación de Mason caería por su propio peso.
El problema estaba en que aquella información podía trascender hasta la prensa o peor aún, la federación de surf, y si Mason había sido capaz de recibir una paliza real para poder realizar aquellas acusaciones falsas, tenía muy claro que, de un modo u otro, conseguiría hacerlas públicas para lograr su cometido.
Esa tarde llegaron mis padres y acabé confesando lo ocurrido con Mason desde que lo había descubierto en su apartamento con Susanne, incluyendo el encuentro de la noche anterior y la denuncia contra Max.
Por algún motivo que desconozco, mi padre no se sorprendió, ni siquiera vociferó contra Mason por haberme utilizado y engañado de ese modo, tampoco increpó contra él diciendo que siempre desconfió de sus intenciones o se llevó las manos a la cabeza tras haber orquestado aquella encerrona, simplemente guardó una quietud envidiable que yo no tenía bajo ninguna circunstancia.
—Lo mejor que podéis hacer en este momento es estar juntos como equipo. Eso os dará unidad. Entrenaréis como veníais haciendo hasta ahora, con un perfil bajo y sin llamar la atención, eso desmentirá los rumores y nos dará tiempo para formar una estrategia.
Supongo que era más fácil decirlo que hacerlo, cuando en aquel momento me entraban ganas de gritar que Mason era un bastardo embustero de mierda y aún más el hecho de pensar que jodiéndonos la vida, sobre todo a Max creía que por algún ilógico motivo iba a perdonarle.
O quizá había terminado de comprender que bajo ningún concepto pensaba volver con él y por eso decidía actuar como un auténtico canalla.
En el momento que Max se marchó a la caseta junto a Cristopher, nuestras miradas se cruzaron en esa complicidad que se había creado entre nosotros.
Esa noche no dormiríamos juntos, ni siquiera yo podría escaparme a hurtadillas para verle o viceversa y saber que no tendría su brazo apoyado en mi cintura, ejerciendo presión en mi vientre y forzándome a estar pegada a su pecho me hizo sentir un vacío desconocido hasta ahora.
Ni siquiera en todo el tiempo que había pasado con Mason sentí esa falta a pesar de que estuvimos separados la mayor parte del tiempo.
¿Por qué todo con Max era distinto?, ¿Por qué nunca me había sentido de ese modo con ningún otro chico? Ni siquiera con el que llegué a pensar que compartiría mi futuro.
La respuesta era obvia. «Porque nunca había llegado a estar enamorada»
Aquella noche me quedé casi hasta media noche hablando con mi madre en el salón, quizá necesitaba asegurarse que estaba bien tras mi ruptura con Mason y me confesó que de haber sabido realmente la verdadera naturaleza de nuestra separación no se habría marchado dejándome a solas.
En cierto modo era normal que se marchara pensando que mi situación con él se arreglaría al decirle que solo habíamos discutido y al final pasaría el año nuevo según sus planes porque yo no les quise revelar los verdaderos detalles de nuestra ruptura.
Desde que Reef se había marchado sentía que no podía descargar en ella o en mi padre mis propios problemas, quizá porque ya tenían un peso tan grande, que el hecho de arrastrar también con el mío me parecía demasiado egoísta por mi parte.
Me equivocaba.
Tal vez si hubiera confesado antes como me sentía y todo lo que me había provocado la ausencia de mi hermano, no habría permitido que Mason me hubiera alejado tanto de todo lo que amaba.
Quizá no podía culparlo de todo. Al fin y al cabo, había elegido huir, alejarme del dolor, poner un parche que me volviera insensible y, aún así, siempre hubo una parte de mi que rechazaba esa idea, pero que él fomentaba incansablemente persistiendo en que todo aquello que siempre fui ahora pertenecía a una etapa de mi vida que no debía regresar.
Y en ese estado crítico de vulnerabilidad, donde él se había encargado de ser una pieza fundamental de mi vida, lo creí.
—No importa las veces que caigas, Océane. Solo importa aquellas en las que te levantas después de haber aprendido a no volver a caer del mismo modo.
Quizá mi relación con Mason sí me había servido para algo.
En primer lugar, no pensaba permitir que ningún hombre me utilizara o tomara decisiones en mi nombre.
Y, en segundo lugar, tenía muy claro que no pensaba conformarme. Lo tendría todo o no tendría nada.
Y estaba dispuesta a presentar batalla.