La Teoría de las Olas Cruzadas 36
86%

36

El mar siempre vuelve

Océane

Me desvelé de forma agitada, como si sintiera que caía al vacío o con un presentimiento en el pecho de amargor que me hizo tocar hacia el lado opuesto de la cama y percibir que Max no estaba.

La claridad indicaba que era temprano, cogí el teléfono de la mesita de noche y comprobé que eran las siete y cuarto. A pesar de haber quitado la alarma, mi propio cuerpo continuaba despertándose a la misma hora de los entrenamientos y supuse que a él podría haberle ocurrido lo mismo.

Oí el ruido de la puerta de casa cerrándose con suavidad, después las llaves tintineando al dejarlas sobre el cacharro de cerámica y a continuación, unos pasos acercándose por el pasillo, como si supieran exactamente hacia donde se dirigían.

Me quedé completamente inmóvil en la cama, con una camiseta de dormir y sin ningún tipo de prenda interior bajo ella.

Cuando vi como el pomo de mi puerta se deslizaba y entreabría, noté ese ardor recorrerme de arriba abajo al ver la sombra de Maximilian Kingsley en su versión más sexy.

Vestía únicamente un bañador mojado, por su pecho corrían gotas de agua que caían de su pelo y tenía esa mirada de cabron seductor que odié desde el primer momento porque era incapaz de hacer que mi cuerpo se resistiera a ella.

Por si eso fuera poco, me dedicó una sonrisa, como si le gustara crear ese efecto en mí y me mordiera inevitablemente el labio porque en realidad solo podía pensar en las mil formas de deleitarme con su cuerpo.

—¿Vienes conmigo? —preguntó sin apartar la vista de mis ojos.

—¿Dónde?

—¿Acaso importa? —contestó volviendo a sonreír—. Lo único seguro es que estaremos tú y yo.

Y realmente no importaba. Aunque el destino fuera una ducha minúscula que nos obligaba a pegarnos aún más y sentir como cada vez que volvía a tenerlo dentro, estaba un poco más cerca del cielo.

Apenas había terminado de cepillarme el pelo cuando llamaron al timbre de casa.

No es que esperase a nadie concretamente y menos a esas horas.

Pensé si podrían ser mis padres a pesar de tener llaves y que en teoría su vuelo llegaba esa misma tarde, pero lo descarté al saber que no tenía notificaciones en el teléfono de ellos o de cualquiera de mis amigas.

Convencida de que solo podía tratarse del amigo de Max, entré en mi habitación para vestirme cuando vi a través de la ventana el coche de policía.

Sentí la inquietud en mi nuca y como descendía a través de mi columna vertebral paralizando cada terminación nerviosa.

Era un escalofrío real, la parálisis ante el miedo anticipatorio de una escena terrible.

La última vez que la policía había estado en mi casa era para decirnos que no habían encontrado a Reef y pese a que eso era una noticia devastadora, también dejaba un minúsculo espacio de esperanza que con el tiempo fue evaporándose hasta dejar únicamente el dolor.

Mi pecho se tensó, mi respiración se volvió más corta y el pensamiento giró una y otra vez alrededor de esa pregunta sin respuesta justo antes de que llegue la noticia, como si ese miedo atroz ya estuviera empezando a escribir su propia historia.

El timbre volvió a inundar aquel silencio y observé a Max dirigirse hacia la puerta con una simple toalla anudada a la cintura. Me quedé tras él, como si pudiera sentir que era el escudo de protección que necesitaba, como si lo que fuera que tuvieran que decir podía doler menos si él estaba allí.

En el momento que abrió la puerta se sorprendió y miró hacia atrás como si necesitara comprobar que yo estaba allí.

—Buenos días, soy el agente primero Jones y él es el agente Saddler. Nos gustaría hablar con Maximilian Kingsley, tenemos constancia de que su alojamiento provisional es en este domicilio.

—Soy yo —contestó Max y en ese momento me acerqué aún más a la puerta.

—Se ha presentado una denuncia en la que usted figura como presunto implicado.

Queremos hacerle unas preguntas. Antes de continuar, le informamos de que no está obligado a responder y que cualquier cosa que diga podrá ser utilizada como prueba en el procedimiento.

Tiene derecho a asistencia de un abogado si así lo desea.

En ese momento supe perfectamente que todo aquello era obra de Mason y de que lo había hecho porque sabía lo que Max podía jugarse con ello.

—¿Puedo saber qué tipo de denuncia exactamente? —inquirió Max.

—Preferiríamos que esta conversación tuviera lugar en comisaría. ¿Puede acompañarnos voluntariamente?

—Si. Por supuesto.

—Voy contigo —advertí antes incluso de que se girase hacia mí.

—Es mejor que esperes aquí —contestó con una calma impropia, sobre todo teniendo en cuenta lo ocurrido y lo que él mismo podía perder.

¿Tal vez era ese sentido de culpabilidad porque las consecuencias de Mason no dejaban de ser un efecto colateral que no había detenido a tiempo?, ¿Quizá es porque Max solo trataba de defenderme? En cualquier caso, tenía muy presente que no pensaba dejarle solo.

—No está detenido, solo necesitamos su declaración. Si quiere puede acompañarle en calidad de testigo —mencionó el agente dirigiéndose hacia mí.

Dos minutos después estábamos siguiendo el coche policial y pese a que Max aparentaba estar en calma, su entrecejo fruncido y los nudillos blancos de agarrar con firmeza el volante indicaban que aquello era solo un mero reflejo.

—Actuaste en legítima defensa y ni siquiera le dejaste marcas que pudieran asegurar que lo golpeaste —afirmé muy segura de que todo aquello era obra de Mason y del encuentro que habíamos tenido anoche.

Quería vengarse por no salirse con la suya y pensaba hacerlo del modo que sabía que más dolería. Si sacaba a Kingsley de la competición, jamás podríamos formar un equipo y de paso, le destruiría por completo su carrera.

—Tal vez eso no sea suficiente. Mi nombre ya aparecerá en la denuncia y el expediente.

Respiré con dificultad porque en cualquier modo me sentía responsable de lo sucedido. Puede que no le hubiera pedido golpearle o entrometerse, pero lo había hecho para defenderme.

Nos separaron en cuanto entramos en la comisaría y los mismos agentes que habían acudido a mi casa nos escoltaron a lugares distintos.

Mientras yo me dirigí hacia una de las mesas de oficina, a Max se lo llevaron hacia una sala de interrogatorios.

Esperé el tiempo suficiente para sentir que mi estomago rugía y solo entonces fui consciente de que no habíamos desayunado aún.

—Lamento la espera. Usted debe ser la señorita Sinclair, ¿verdad?, ¿Quiere un café?, ¿Un vaso de agua? —exclamó otro policía que no era ninguno de los anteriores.

—¿Voy a tener que esperar mucho más? —pregunté sin confirmar nada.

—No. Ya hemos interrogado a su compañero y nos gustaría contrastar alguna información con usted si no le importa.

—Esto es por Mason, ¿Verdad?

—¿Se refiere a Mason Sullivan? —preguntó el agente.

—Si —afirmé pasando las manos por mis piernas para quitarme esa capa de sudor instantáneo que no dejaba de crearse.

—Lamentablemente si. El señor Mason Sullivan ha interpuesto una denuncia por un presunto delito de lesiones tras haber sido agredido. Él afirma que el autor de los hechos es su compañero Maximilian Kingsley.

A pesar de saberlo con anterioridad, que lo confirmase solo me corroboraba la clase de persona que era Mason.

—Max simplemente se defendió cuando Mason trató de golpearle. Apenas le rozó la cara —mentí pese a que le hubiera dado un puñetazo que le hizo retroceder, pero no pasó de ahí, aunque bien es cierto que podría agradecer la intervención de Cristopher el que no hubiera ido a más.

—El señor Sullivan está ingresado en el hospital con varios traumatismos y hematomas que no corresponden con lo que usted menciona, sino con un claro ensañamiento. Nuestra labor es aclarar los hechos y comprobar si su acusación hacia Maximilian Kingsley es fundamentada.

—¡Eso es imposible! —exclamé apretando los puños y deseando comprimir con mis propias manos el cuello de Mason.

¿Es que no le había bastado con engañarme y manipularme que ahora pensaba destrozar mi vida sin importarle las consecuencias que tendría para Max?

—Todos vieron como Max y yo nos marchamos dejando a Mason en perfectas condiciones. Su propio amigo le detuvo y le dijo que se marchara. Puedo darle una lista de nombres que testificarían palabra por palabra lo que le estoy diciendo.

Vi como el agente me daba un folio en blanco y dejaba al lado un bolígrafo.

—Le agradecería que lo hiciera, señorita Sinclair, pero necesitaría saber que hizo después Maximilian Kingsley. Donde estuvo, si hay testigos que podrían confirmarlo. Tenemos a un equipo que está analizando su teléfono móvil para conocer su ubicación y comprobar que su historia coincide.

—Después de ese encuentro, Max y yo nos marchamos del local y volvimos a casa. Ha pasado toda la noche conmigo. Las acusaciones de Mason son completamente falsas, él sabe que esta denuncia perjudicará a Max en su carrera profesional y eso es lo que busca.

—¿Puede ser más específica? —preguntó mientras parecía hacer anotaciones.

Le conté que Mason era mi pareja, que yo lo había dejado tras ver que me engañaba y era incapaz de soportarlo, que había decidido culpar a Max de todo por celos en vez de asumir su responsabilidad y que aprovechándose de que él estaba bajo vigilancia tras haber sido expulsado de una competición decidió orquestar la denuncia.

—Entonces admite que Maximilian Kingley no es la primera vez que se ve envuelto en un altercado de este tipo y envía a una persona al hospital por sufrir lesiones tras una agresión.

Aquello ponía aún más la situación a favor de Mason.