35 #2
—Tú no eres la que lo tiene que dejar o marcharse. Este es tu sitio, tu gente, tu ciudad. Y este mierda lo sabe, por eso está aquí —dijo sin mirarme, sino con la vista puesta en Mason que lo observaba con un odio visceral.
—Esto es entre ella y yo —objetó Mason.
—No —negó—. Ella te ha dejado bastante claro que no tiene nada que hablar contigo, así que lárgate o la cosa será entre tú y yo. Y te garantizo que llevo tiempo deseando partirte la cara.
—¿En serio prefieres a este tipo sin modales o educación?, ¿Un gandul que lo único que sabe hacer es buscar pelea? Por eso estás aquí, ¿no? Porque le partiste la cara a otro competidor y te echaron, pero dudo que le hayas contado a ella hasta qué punto estas fuera de la federación.
—Estoy comenzando a perder bastante la paciencia… —rugió Max acercándose lo suficiente para empujarle de nuevo y hacer que Mason trastabillara varios pasos.
—¿Lo ves? —inquirió Mason—. ¡Te está utilizando! ¡Lleva haciéndolo desde el principio!
—Aquí el único que la ha utilizado eres tú, tratando de follarte a sus amigas a escondidas.
Tirándote a su principal rival en sus narices y regodeándote de que crees que está tan estúpidamente enamorada de ti que no se daría cuenta.
Te aprovechaste de su fragilidad, la utilizaste, la moldeaste, anulaste por completo su personalidad y ahora que finalmente se da cuenta de la escoria que realmente eres, ¿Quieres que tu mierda salpique a los demás?
Te dije la última vez que si volvías a tocarla no reconocerías ni tu cara, así que date la vuelta y lárgate de aquí o no volverás a reconocerte en un espejo.
La crudeza de aquellas palabras implicaba la verdadera ira que sentía en ese momento y estaba convencida de que aquello no era una simple amenaza vacía, sino que era muy capaz de llevarla a cabo.
En ese momento vi que salían mis amigas acompañadas por Cristopher que se acercaba a Max y le colocaba una mano en el hombro. Como si ese momento hubiera sido una distracción para él, Mason aprovechó para abalanzarse con el puño directo a su cara.
Inconscientemente grité, pero Max esquivó el golpe como si hubiera estado preparado para ello y acto seguido le lanzó un puño al estómago y otro a la cara provocando que Mason se encogiera.
Todos vimos como se lanzaba contra él, pero Cristopher le detuvo colocándole las manos en el pecho y empujándolo.
—No tío —advirtió como si quisiera que le escuchara—. Si cruzas esa línea puede que no haya vuelta atrás y sabes lo que significaría para Harmony.
Me sorprendió que aquel nombre tuviera un efecto inmediato en Max, hasta el punto de dar varios pasos hacia atrás y alejarse de Mason.
¿Quien era Harmony para tener ese control sobre él? Y como si un jarro de agua helada que me hubieran volcado en ese momento recordé el nombre de aquellos mensajes que le había encontrado en su teléfono.
Love H
Era ella. Tenía que ser la tal Harmony y seguramente la misma con la que habló por teléfono justo antes de marcharse.
—Estás acabado, Kingsley —dijo Mason con una sonrisa macabra que me hizo ver claramente la verdadera personalidad que había estado escondiendo todo ese tiempo.
—Vete de aquí. Yo me encargo —dijo Cristopher y solo entonces vi como Max me buscaba entre los presentes.
En el momento que me encontró fue con paso decidido en mi dirección, estaba claro que había una tormenta que se lideraba en su interior y podía verse a través de sus ojos, pero no dijo ni una sola palabra, simplemente me cogió la mano y caminé tras él conforme nos alejábamos del tumulto que se había creado en torno a la pelea.
Ni siquiera sé si tenía un destino en mente o solo pretendía poner una distancia lo suficiente grande para no tener el aliciente de regresar, pero caminábamos por la pasarela que bordeaba la playa donde había otros locales abiertos e improvisamente se dirigió hacia los escalones que descendían hacia la arena para alejarnos de todo el gentío y de la zona iluminada.
En cuanto la oscuridad nos acogió lo suficiente se dio la vuelta y noté como soltaba mi mano para colocarlas entorno a mis mejillas.
Podía sentir su respiración agitada, el descontrol que existía en su cuerpo, la evidente falta de calma y, sin aún besarme, notaba las yemas de sus dedos acariciándome.
—¿Estás bien? —pregunté con un hilo de voz del que ni siquiera era capaz de reconocerme.
—Debería ser yo quien te hiciera esa pregunta —contestó mientras colocaba mis manos en su abdomen y sentí como se inflaba rápidamente debido a su respiración descompasada.
—Lo estoy —afirmé a pesar de sentir aún el ardor en mi brazo por el modo que me había clavado sus dedos—.
Alguien como él no merece ni por un instante que me compadezca.
Debería haber sabido interpretar sus intenciones.
Estaba claro que Susanne iba a facilitarle las cosas, ni siquiera sé que le he hecho para que me odie tanto.
—No es lo que has hecho —murmuró Max—. Es lo que ella nunca podrá ser —afirmó acercándose a mi rostro y colocando su frente sobre la mía.
No iba a negar que ese modo dulce de estar a mi lado, de defenderme, de decir palabras que obligaban a mi corazón a acelerar el pulso, le convertían en la única persona con la que deseaba estar en aquel momento, pero había demasiadas preguntas que creaban una distancia inexacta y por las que necesitaba una respuesta inmediata.
—No te echaron únicamente de la competición, ¿Verdad? —inquirí sintiendo que por más que las acusaciones de Mason estuvieran llenas de rabia y odio, había verdad en ellas.
—No —admitió apartándose abruptamente y dándose la vuelta—.
No tengo idea de como ha podido enterarse de ello porque es información que no se ha hecho pública.
Estoy suspendido temporalmente hasta una nueva evaluación en seis meses que determinará si mi comportamiento ha sido ejemplar.
Durante ese tiempo no puedo competir en ninguna modalidad, tampoco en surf-tándem.
No me lo podía creer. ¿Había proclamado al mundo entero que él era mi nueva pareja y ni siquiera estaba seguro de poder competir?
—¿Mi padre lo sabe? —exclamé conforme una rabia intensa comenzaba a recorrer mis entrañas.
—Si —afirmó a secas y solté una risa cínica.
—Y ninguno de los dos pensaba decírmelo, ¿no? —advertí cruzándome de brazos y sintiendo que esa rabia comenzaba a anudarse en mi garganta llegando a producir quemazón por tratar retenerla.
—¿Acaso no eras tú la que ni siquiera se planteaba volver a subir en una tabla? —gritó en su defensa.
Si. No iba a negar que yo había sido la primera en querer echarle de allí y ocultar que no tenía ninguna intención de competir.
¿Tenía derecho a enfadarme cuando yo había actuado del mismo modo?
, ¿Qué acepté a Kingsley porque estaba segura de que solo serían tres meses para demostrarle a mi padre que el surf había acabado para mí sin importarme dejarle colgado?
Puede que entendiera que me ocultase esa información al principio, pero no ahora.
No cuando yo misma comenzaba a pensar que realmente teníamos posibilidades como equipo.
—¡Al menos yo me sinceré contigo!
—No por libre elección desde luego —dijo fijando sus ojos sobre los míos y a pesar de ser un reproche, estaba en lo cierto—. ¿Me habrías revelado tus miedos de no haberlos descubierto por mí mismo?
Indudablemente no, por más que quisiera creer lo contrario, pero eso tampoco era motivo para que él hubiera decidido seguir ocultándomelo.
¿Hasta cuando?, ¿Qué pasaría si realmente le echaban de la federación?
, ¿Si en esa evaluación no era readmitido?
, ¿Iba a continuar durante seis meses sin decírmelo?
—Está bien —acabé admitiendo tras un largo silencio entre ambos—.
Los dos mentimos —continué—. Los dos teníamos motivos diferentes para hacerlo, pero ya no.
Se supone que ahora estamos juntos y necesito que seas totalmente sincero conmigo, necesito creer que puedo confiar en ti, que entre nosotros no existe ningún secreto, que realmente soy importante para ti.
—Joder, Océano. ¿Crees que enviaría toda mi vida a la mierda si no lo fueras?
—exclamó volviendo a acercarse y colocar sus manos entre mis mejillas—.
Te quiero, joder. Te quiero como jamás he querido a nadie.
Y cuando ese imbécil te ha puesto la mano encima casi incendio el local entero porque no podía soportar la idea de que volviera a hacerte daño.
Puede que aquella no fuera la primera vez que alguien me decía que me quería. Tampoco la más romántica, ni la más bonita, pero sí fue la primera vez que sentí como alguien se desgarraba y mostraba una sinceridad inaudita hasta el punto de percibir como ese te quiero , golpeaba mi alma desde dentro.
No esperó una respuesta por mi parte, tampoco sabía poner nombre a esos sentimientos que estaban despertando dentro de mí y de los que no tenía el control.
Jamás me había sentido de ese modo antes.
Nunca me había sido tan fácil ser yo misma sin miedo a que pudiera juzgarme, quizá es porque Max ya había visto todas las peores versiones que podía encontrar y aún así, decidió quedarse.
Sentí sus labios antes de que tocara los míos y me aferré a su camiseta conforme un jadeo se escapaba de mi garganta.
Su respiración se mezclaba con la mía, lo sujeté con fuerza como si temiera que una de esas olas que se escuchaban romper tras nosotros pudiera arrebatármelo y aquello me asustó.
Pude sentir el miedo a perderlo. El miedo a que desapareciera de mi mundo.
El miedo a no volver a probar sus labios y sentir esa intensidad de nuevo.
Me aparté ligeramente de él y levanté la vista, la luna iluminaba su rostro y la intensidad con la que me observaba removió todo mi mundo.
No tenía ninguna duda.
Me estaba enamorando perdidamente de él.