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Atardeceres inesperados
Océane
Hacía bastante tiempo que no me acercaba al río y repentinamente tuve esa sensación de ser turista en mi propio hogar, de pensar que todo ese tiempo siempre había buscado marcharme de allí pensando que de ese modo podría sanar, sin saber que sería precisamente en ese lugar donde podría encontrar lo que ni siquiera sabía que necesitaba.
A pesar de que caminábamos uno cerca del otro rozando nuestras manos, hubo varios momentos en los que de forma sorpresiva, sentía que Max me agarraba de la cintura y me daba un fugaz beso en el cuello o en la comisura de los labios para después soltarme como si nada hubiera pasado entre nosotros.
Me gustaba.
Quizá porque sentía esa complicidad extraña.
Porque no sabía cuando lo haría. Porque jugar a escondernos y al mismo tiempo sentir que era incapaz de frenar aquel sentimiento me llenaba de vida, me devolvía aquella adrenalina, provocaba que aquellas mariposas que sentía en mi estómago quisieran expandir sus alas y alzar el vuelo a todas partes.
Y por una vez no quería que tuvieran freno. Deseaba fervientemente que explorasen a pesar de todas y cada una de las consecuencias.
—¿Puedo preguntarte algo? —exclamé mientras me reclinaba sobre la tabla haciendo que Max me sostuviera y observaba como el sol descendía para perderse entre las montañas bajo el leve reflejo del agua.
El agua en la laguna estaba mucho más en calma y no éramos únicos que habían decidido salir con la tabla para contemplar la puesta de sol, aunque solo solían frecuentarla principiantes o turistas inexpertos porque allí las corrientes eran prácticamente ausentes.
Supongo que eso me hizo relajarme lo suficiente para permitir que él rodeara mi cintura mientras podía notar los últimos rayos de sol en mi rostro.
—Deduzco que si haces esa pregunta es porque la respuesta puede ser ambigua —afirmó sintiendo como sus dedos jugueteaban con los míos.
Me separé y me di la vuelta con la suficiente brusquedad para hacer temblar la tabla, pero me giré hacia él colocándome a horcajadas para tenerle de frente.
—¿Has estado enamorado alguna vez? —pregunté sin saber si sería sincero en aquella respuesta, sin saber si realmente podría averiguar quien era esa mujer al otro lado del teléfono.
Lo vi esbozar una sonrisa y lentamente se acercó hasta mí.
—No —murmuró acercándose lo suficiente a mis labios para robarme un beso, pero coloqué el dedo índice en ellos para detenerle.
—¿Nunca? —continué—. ¿Ni siquiera una chica que te gustara lo suficiente para mantener el contacto con ella?
Lo vi alzar una ceja.
—¿Lo he mantenido contigo durante esta semana que he estado fuera?
—inquirió y eso me sorprendió—. Y puedo asegurarte que me gustas…
es más, no he dejado de pensar en ti ni un mísero momento del día —esbozó tentando a mis labios conforme le daba pequeños mordiscos suaves para provocarme y finalmente cedí mientras me dejaba deleitar por su lengua batallando contra la mía.
Quizá era consciente de que no iba a mencionar a esa mujer, de que a pesar de saber que existía, iba a tener que coexistir con ese fantasma del que no sabía absolutamente nada y tampoco el tipo de sentimientos que lo unían a ella.
Pero estaba allí, conmigo. Pese a tener poder de elección, Max me había elegido a mí y tal vez eso era todo lo que necesitaba saber.
Cristopher se unió a nosotros poco después. También lo hizo Valeria y supuse cuál debía ser la razón cuando vi que el flirteo era más que evidente. Terminamos en el bar de siempre y a nosotros se unieron Rachel y Alana cuando acabó el turno de cenas en el restaurante.
—¿Ese no es Mason? —Exclamó Rachel y cuando miré en su dirección comprobé que iba acompañado por Susanne.
Era evidente que no se había marchado y esbocé una sonrisa cínica cuando pensé que en lugar de renunciar a su plan romántico probablemente lo habría disfrutado con ella.
¿Me sorprendía? Quizá no, pero desde luego sentía esa sensación agridulce de quien sabe que ha perdido su tiempo confiando en alguien que solo se estaba riendo a su costa.
Quizá mi enfado debía ser más conmigo misma por haberlo permitido, o por no haberme dado cuenta antes, pero desde luego si aquello se trataba de una representación para que tuviera una escena de celos, estaba claro que no iba a funcionar.
Si en algún momento había creído que estaba enamorada de Mason, ahora podía afirmar sin lugar a duda, que mis sentimientos eran puramente banales e infundados en una especie de deber que sentía hacía él por haber estado a mi lado.
—¿Quieres que nos vayamos? —inquirió Alana.
—No —respondí taciturna y cogí mi copa de la mesa para dar un sorbo—. No me importa en absoluto que esté aquí y menos aún con ella.
Sabía de sobra que sus intenciones solo eran para provocarme.
Alguien como Mason no se sentía atraído por ese tipo de locales, ya me lo había dejado bastante claro en nuestros dos años de relación, y más aún, la última vez que estuvo allí precisamente conmigo, pero si creía que su simple presencia podría crearme algún tipo de contradicción para acercarme a él, pensaba demostrarle que se equivocaba de pleno.
Desconocía cuáles habían sido sus planes para haberse presentado en mi casa ayer y estar hoy con Susanne en el mismo local que yo frecuentaba.
¿La habría llamado cuando se dio cuenta de que frustré sus planes?
, ¿Quizá a ella seguía sin importarle ser el segundo plato?
Asombrosamente no parecía importarle que la hubiera tratado como una puta cuando los descubrí por lo que ahora veían mis ojos y eso provocaba que más que repudio, sintiera verdadera lástima por Susanne.
¿Qué sacaba ella de estar con él? Podía pensar que era su amante para hacerme daño, por algún tipo de odio que siempre le había generado perder contra mí, pero ¿Ahora?
, ¿Quizá pensaba que todavía sentía algo por Mason?
Di otro trago a la bebida mientras me obligaba a no mirar en la dirección en la que estaban ellos pese a sentir esa sensación de ser debidamente observada. Si Mason esperaba algún tipo de señal para creer que tenía una oportunidad, no pensaba dársela.
Traté de disfrutar de la noche, incluso las bromas de Kingsley y Cristopher ayudaban, al menos las risas de mis amigas lo corroboraban, pero odiaba tener la sensación de estar limitada solo por su presencia, así que me levanté y me acerqué a la barra con la intención de pedir otra cerveza.
No tuve siquiera que volver la vista, sabía que Max me seguía y en el momento que me acerqué a la barra me di la vuelta y comprobé que Susanne lo interceptaba a solo un par de pasos de distancia.
Su vista se fue hacia ella, no sé que era lo que le estaba diciendo, pero sí que sentí el tirón que me alejaba de la barra entre el tumulto de gente hasta llevarme a una salida lateral y en cuanto salimos al exterior di un tirón lo suficientemente fuerte girando sobre mí misma para soltarme de golpe.
—¿Tu eres imbécil? —grité sin importarme que la gente que había esparcida por allí focalizara su atención en nosotros.
Es más, pretendía que lo hiciera—. ¿Es que a ti no te quedó nada claro lo que te dije ayer?
, ¡Se ha terminado Mason!, ¡C´est fini!, ¡Caput!
, ¡È finita! —insistí pese a su gesto de soberbia.
—Solo lo dices porque estás encoñada de esa masa de músculos que solo quiere aprovecharse de ti, pero ¿Qué pasará cuando se canse de follarte?, ¿Qué pasará cuando obtenga lo que quiera y se largue?, ¿Ya lo has pensado?
Empezaba a cansarme aquella situación y, sobre todo, ese afán en creer que él y yo habíamos acabado por culpa de Max.
—No te he dejado por él, sino porque tú me engañabas, ¿O es que en esa parte de la historia sufres amnesia? —dije con la intención de largarme de allí porque no quería perder un segundo más de mi vida con semejante espécimen.
—¿Te ha contado porqué está aquí?, ¿Qué lo único que quiere de ti es tu fama para conseguir patrocinadores?
, ¿Qué solo le interesa el dinero que pueda obtener con tu nombre?
No te quiere. Ni siquiera le interesas, solo te hace creer que le gustas para vender esa historia romántica entre vosotros que le genera el interés que necesita.
—¿Te has planteado por un segundo de tu vida que tal vez yo esté de acuerdo? —proclamé como si aquella acusación no me doliera y no tuviera fundamentos válidos.
No sabía de donde diantres había sacado aquella información o si estaba probando suerte en adivinar las intenciones de Kingsley, pero comenzaba a hartarme que se entrometiera hasta esos límites en mi vida.
—¿Y también te ha dicho porqué le expulsaron de la competición?, ¿Y porqué no puede volver a competir en ninguna disciplina?
Parpadeé un par de veces como si simplemente creyera que se estaba tirando un farol. En ese momento me agarró del brazo y me apretó con fuerza.
—¡Deja de comportarte como su zorra personal para complacerlo! —gritó sintiendo como sus dedos se clavaban en mi brazo—. ¡Nunca ha pretendido competir contigo en surf-tándem!, ¡Es toda una farsa!
—¡Basta! —exclamé tratando de soltarme sin conseguirlo y seguidamente noté como colocaba la otra mano en mi nuca y advertí sus intenciones de forzarme a besarlo, lo detuve colocando ambas manos en su pecho para empujarlo, pero a pesar de ejercer presión, era imposible deshacerme de su agarre, de sentir como acortaba la distancia a pesar de mis esfuerzos.
Una fuerza externa me impulso con fuerza y entonces vi la figura de Max entrometerse entre Mason y yo, acaparando con su altura toda mi visión.
—¿Es que no te quedó lo suficientemente claro ayer? —alentó mientras vi como caminaba hacia él y lo empujaba—. ¿Quizá sufres sordera además de imbecilidad? —insistió volviéndolo a empujar y me acerqué a Max cogiéndole del brazo.
—No merece la pena. Vámonos —dije viendo como todos nos observaban.