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Secretos bajo la superficie
Max
Salí de la ducha con una toalla a la cintura y otra frotándome el pelo. A pesar de haber dormido gran parte del vuelo sentía el peso del jet lag del que tardaría unos días en acostumbrarme. Al menos era lo que necesitaba decirme para no sentir esa carga inquietante sobre los hombros.
—Ya están vinculados. ¿Tú estás seguro de querer hacer esto?
—Tú hazlo y basta —contesté entrando en la habitación para buscar un bañador que ponerme.
Había quedado con Océane para almorzar en el río y después ir a una playa cercana en la que nunca había estado y desde la que podía apreciarse uno de los mejores atardeceres.
—Me dijiste que era guapa, pero es un bellezon de la hostia. Esa chica te gusta, ¿Verdad? —dijo Cristopher mientras elegía una camiseta a pesar de no tener una gran variedad donde escoger.
Recordé que solía combinar la camiseta que ella llevaba puesta hace un rato del perezoso con ese mismo bañador y la idea de ponérmela con su olor hizo que sintiera un tirón en mi entrepierna recordando el modo en que me había follado su boca y después a ella.
Nunca era suficiente con Océane, de hecho casi podría jurar que cada vez que me hundía en ella, sentía que la necesitaba todavía más.
—¿Qué es lo que pasa? —volvió a insistir Cris y vi que había entrado en mi habitación.
Me di la vuelta y me dejé caer contra la puerta del armario.
—Pensaba que esto iba a ser más fácil —admití llevándome una mano al pelo para peinarlo con los dedos.
—Hasta ahora no te había costado ser un capullo —contestó provocando que dirigiera mi vista hacia él.
—Océane es diferente —afirmé siendo muy consciente de que a pesar de la contrariedad en mis sentimientos no tenía elección.
—Tal vez la dificultad está en que ella te gusta demasiado —dijo Cris cruzándose de brazos—. ¿Por qué no le cuentas la verdad? Quizá entienda porqué lo haces.
—No —negué en rotundo—. No puedo permitirme correr riesgos. La vida de Harmony está en juego.
—¿Y qué pasara si ella lo descubre? —insistió Cris.
—Es una posibilidad ínfima. Si te he pedido precisamente a ti que hagas esto es porque no confío en nadie más para que mantenga la información oculta. Nunca podría sospechar que fui yo.
Quizá era lo que necesitaba decirme a mí mismo a pesar de sentirme como un completo capullo por hacer que confiara en mí para traicionarla del peor modo posible.
—Sabes que puedes contar conmigo. Además, sus amigas me caen bastante bien —sonrió sin entrar en detalles, pero imaginaba con quien había pasado la noche ya que había regresado bien entrada la mañana.
—Puedes divertirte todo lo que te apetezca mientras hagas tu parte —dije poniéndome finalmente una camiseta de las que había apiladas y entregándole las llaves de la camioneta—. Sé discreto, por nada del mundo puede verte.
—La discreción es mi segundo nombre —contestó antes de que acelerase el paso y saliera de la caseta en dirección a la casa de los padres de Océane.
Entré desde la cocina y me dirigí hacia su habitación, se había colocado un vestido azul claro entallado que no solo resaltaba sus curvas, sino también el bronceado que contrastaba con aquel cabello rubio claro.
Siempre pensé que no tenía un prototipo concreto de mujer, que podrían gustarme absolutamente todas, pero ahora que la veía no podía imaginarme atraído por otra chica, ni siquiera en todos esos días que había pasado lejos de ella tuve la tentación de hacerlo.
Podía excusarme en que estaba demasiado ocupado ideando un plan que me hiciera conseguir esos cien mil dólares que costaba el tratamiento para Harmony, pero lo cierto es que ni siquiera había entrado en mi pensamiento, ni por un solo instante pensar en otra mujer que no fuera ella.
Y eso dadas las circunstancias hacía que me sintiera aún más ruin y mezquino por engañarla.
—¿Tu amigo no viene? —preguntó con naturalidad conforme se volvía hacia mí con aquellos ojos aún más azules que el propio vestido.
Podía perderme en esa mirada durante horas y sentir que me hallaba en un limbo del que sería incapaz de salir.
—No —afirmé acercándome a ella y colocándole una mano para rodear su cintura.
Estaba tan acostumbrado a sentir su cuerpo cerca del mío que comenzaba a parecerme demasiado natural ese contacto—.
No ha dormido nada desde que aterrizamos, así que prefiere descansar.
Le he dejado las llaves de la camioneta por si cambia de opinión más tarde.
Contemplé esa sonrisa dulce, una que había deseado que me mostrara durante semanas y volví a sentir como la culpa reconcomía mis entrañas.
—Mis padres volverán mañana por la noche, supongo que eso nos deja poco margen para estar solos —dijo alzando sus brazos para rodear con sus brazos mi cuello.
—O podríamos dejar de escondernos… —gemí acortando la distancia para rozar sus labios.
—¿Estás hablando en serio? —exclamó apartándose—.
¿Sabes la repercusión que eso tendría? Suficiente presión es tener la sospecha de que lo nuestro pueda ser la causa de que haya roto con Mason como para intentar darle la razón a la prensa y que todos crean que he sido yo quien le ha puesto los cuernos.
No. Gracias. Además, aún no sabemos realmente a donde nos llevará esto y si puede afectarnos como equipo profesional.
—Entonces manténganoslo en secreto —dije como si no me sorprendiera en absoluto su respuesta—, por ahora —agregué obligándole a inclinar la cabeza para besarla.
Sentir como respondía de forma ardiente detuvo aquel sentimiento de opresión en el pecho, pero eso me convertía en alguien aún más miserable y comenzaba a darme cuenta de que no era solo porque ella me gustara de verdad, sino porque realmente no quería que sufriera.
Y aún así iba a hacerlo.