La Teoría de las Olas Cruzadas 32 #2
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—Acabarás dándote cuenta del error que estás cometiendo, te lo garantizo —dijo antes de marcharse.

¿Qué se suponía que pensaba que iba a ocurrir presentándose por sorpresa en mi casa?

, ¿Quizá creía que actuaría de otro modo si estaban mis padres?

, ¿Tal vez pensó que acabaría yéndome con él por guardar las apariencias y no montar una escena?

Quizá esos dos años de pura complacencia hacia él le habían hecho creer que así sería, pero si algo tenía que agradecer la aparición de Kingsley en mi vida, es haber recuperado mi propia determinación.

—Gracias —confesé mientras notaba que él aún me sostenía.

—No va a dejarlo estar —contestó y me aparté ligeramente de él.

—Son amenazas vacías. Mason no haría nada que peligrara su carrera, pero tarde o temprano le quedará claro que no pienso volver con él.

—No deberías tomar a la ligera esas amenazas, aunque creas que son vacías. Los tipos como ese no suelen aceptar de buenas maneras un no.

—Deberías venirte a mi casa hasta que vuelvan tus padres —dijo ahora Alana llegando hasta nosotros.

—Coincido —confirmó Rachel—. Es un riesgo que estes sola en esta casa.

No quería darle más importancia de la que tenía, al menos necesitaba creer que lo de Mason era una rabieta por frustrar sus planes y no salirse con la suya, pero jamás haría algo que pudiera poner en riesgo su reputación y su carrera.

Su emperro en creer que podría perdonarle para volver con él terminaría cuando se diera cuenta de que no tenía ningún motivo para regresar junto a él, sobre todo ahora que comenzaba a recuperar las riendas de mi vida tras la muerte de Reef y que no pensaba renunciar de nuevo a mi vida.

—No estará sola —confirmó Kingsley—. Y os aseguro que ese idiota no volverá a acercarse a ella mientras yo esté aquí.

Sus palabras eran tan contundentes que no tenía duda alguna en que así sería, lo que venía a confirmar que Kingsley había regresado antes de lo que imaginaba y me preguntaba cuál era el motivo para haber decidido pasar allí el año nuevo en lugar de estar en su casa junto a esa chica que claramente apreciaba.

—O podemos venir nosotras aquí —dijo Valeria con la vista fija en el chico que nos observaba en silencio.

El chico que se había bajado primero del taxi se acercó hasta nosotras. Cargaba con un macuto deportivo sobre el hombro y parecía esperar al momento adecuado para intervenir.

—Él es Cristopher, un amigo de California que se quedará unos días para practicar surf y conocer la zona. Le pedí permiso a Jax y me dijo que no había problema.

—Tú debes ser Océane, eres mucho más guapa en persona que en las fotos y eso ya era difícil —dijo guiñándome un ojo y le estreché la mano esbozando una sonrisa.

—Por lo pronto me caes mejor que él, aunque eso es bastante fácil —afirmé nombrando a mis amigas que parecían no poder apartar la vista de aquel sujeto.

—Creo que este lugar va a gustarme, hay chicas preciosas y por primera vez Kingsley no acapara toda la atención —dijo riéndose y provocando las risas de todos.

—Iré a buscar las llaves de la caseta y la camioneta —advertí apartándome del grupo para entrar en casa.

Fui directamente hacia la cocina, donde sabía que mi padre las había dejado para que no se mezclaran con el resto de llaves, así que abrí el mueble y comencé a palpar tras el cacharro donde mi madre guardaba las medicinas.

Sentí su cuerpo pegado al mío, como alzaba su mano y la colocaba por encima de la mía estirando mis dedos hasta atrapar el juego de llaves.

—Estás demasiado sexy, Océano. —Su voz era ronca, grave, profunda y sentí como todo mi cuerpo se estremecía.

—¡James dice que acaba de salir de casa! ¡Estará aquí en cinco minutos! —gritó Rachel y supe que eso podía significar que alguna de mis amigas entrase en la cocina.

—Tengo que irme —murmuré sin darme la vuelta, sin apartarme, sin hacer un mínimo amago de alejarme de él.

—¿Dónde irás? —preguntó en el mismo tono de voz.

—Será mejor que no me esperes despierto, Kingsley. Tengo intención de volver muy tarde.

Me aparté de él y me metí en en el primer lugar que vi completamente libre. El baño. No es que llevara demasiado maquillaje, pero sí lo suficiente para resaltar aun más los ojos y los labios con el bronceado que ya comenzaba a notarse por los días soleados de verano.

No podía permitir que me dominaran aquellos sentimientos.

No podía dejar que mi corazón se paralizara cada vez que él estaba cerca o me tocaba.

¡Dios! Después de una semana sin verle creía que esa sensación podría haber disminuido, pero allí estaba de nuevo, el entumecimiento en mis extremidades, la respiración agitada, las mariposas en el estómago y un calambre entre mis piernas ante el placer que sabía que me aguardaba entre sus brazos.

Salí minutos después, comprobando que no había rastro de Kingsley en la cocina o en el pasillo y James, el primo de Rachel nos estaba esperando. Cogí el bolso más pequeño de mi armario y metí las llaves de casa y el teléfono justo antes de salir.

¿Se suponía que debía despedirme cuando él ni siquiera había avisado de su llegada?

Podría haber llamado para que le recogiera.

Incluso enviar un simple mensaje para saber que tenía intenciones de regresar teniendo en cuenta que se alojaba en mi casa.

Incluso podría haber llegado unos minutos más tarde y encontrarse con que no había nadie para darle las llaves de la caseta y la camioneta.

¿Y ahora era yo la que debía ir detrás de él?

No.

Sonreí cuando me acerqué a James y vi el modo en que me miraba, así que me subí a su coche sin mirar atrás y me senté entre mis amigas que ocupábamos la parte de atrás.

—¿Creéis que vendrán? —preguntó Valeria conforme nos alejábamos de la casa.

—¿Es que alguien les ha dicho a donde iremos? —pregunté ahora alarmada.

—Cristopher nos preguntó que plan teníamos y le hablamos de que iríamos a Mooloolab beach, pero habrá tanta gente que sería imposible que nos encontraran, así que tuve la excusa perfecta para que me diera su número y pasarle la ubicación en tiempo real.

¿Qué había hecho, qué?

—Valeria no perdiendo oportunidades de polvos inolvidables —murmuró Alana.

—Pues hablando de polvos inolvidables, supongo que para que venga él, debe venir el buenorro de Kingsley. A ti no te importa que le tiremos ficha, ¿no? —preguntó Rachel.

Suponía que aquella pregunta provenía a raíz de las fotos y del rumor existente entre ambos sobre una posible relación a pesar de que yo les había negado tales rumores.

—¿Por qué habría de importarme? —exclamé teniendo sentimientos encontrados en aquella respuesta.

Me importaba. Lo suficiente para que me molestara la idea de verle coquetear con mis amigas y aún así, sabía que se habría acostado con otras chicas por más que no quisiera pensar en ello porque yo había sido incapaz de hacerlo.

—¿Estás segura de que no te importa? —susurró Alana cuando nos bajamos del coche y nos quedamos en la retaguardia del grupo—. Puede que finjas con las demás, pero no tienes que hacerlo conmigo. Después de lo que hubo entre vosotros…

—Ya te dije varias veces que solo fue sexo, nada más. Ninguno de los dos está interesado en una relación y es mejor que sea así para no complicar las cosas.

—¿Y por eso llevas rara toda la semana desde que se marchó? —insistió como si no estuviera dispuesta a dejarlo pasar—. No tienes que parecer dura solo porque tu historia con Mason ha salido mal, puedes admitir que te gusta.

—No importa si me gusta o no —respondí llevándome la mano al cabello para apartarlo del rostro.

Hacía algo de viento conforme llegábamos a la costa y la multitud comenzaba a amontonarse cerca de la playa—.

Ninguno de los dos quiere una relación sentimental.

Kingsley no es de ese tipo de chicos que quieren ataduras y yo prefiero centrarme en mi carrera durante un tiempo, lo dejamos bastante claro antes de que se marchara e incluso acordamos acostarnos con otras personas mientras él estuviera fuera.

Así que entre él y yo no hay absolutamente nada.

Escuché a Alana resoplar.

—¿Y por eso ha vuelto antes?, ¿De verdad soy la única que ve como te mira?

—No sé porqué ha regresado antes de tiempo, pero te aseguro que yo no soy el motivo. Ni siquiera me ha enviado un mensaje en todo este tiempo que ha estado fuera. Ni una llamada. Nada. Tampoco para avisarme de sus intenciones de regresar.

—Tampoco lo has hecho tú para preguntarle que tal el viaje, ¿no?

Cierto. No lo había hecho a pesar de estar tentada porque no quería mostrar que sentía ese silencio que él dejaba.

Estaba jodida. Muy jodida.

No continuamos hablando porque Rachel y Valeria se acercaron a nosotras para decidir donde íbamos. Al final nos acercamos a la zona de concierto donde había espectáculos, lanzaban agua y la gente estaba bailando y bebiendo.

Noté como James se acercaba todo el tiempo a pesar de que bailábamos entre nosotras o lo hacíamos con desconocidos.

Poco a poco fueron llegando más amigos de nuestro grupo y pese a querer disfrutar de la noche, la realidad es no dejaba de mirar a mi alrededor, esperando reconocerle entre la multitud como si de algún modo supiera que aparecería en cualquier momento.

¿Quizá quería creer que sí había podido regresar antes por mí?

, ¿Qué por ilógico que fuera podía haber una posibilidad de que me hubiera echado de menos?

Sabía que pensar en ello era un error, que no debía fortificar aquel sentimiento que era incapaz de frenar y que se estaba convirtiendo en una bola enorme que me ahogaba, pero no podía frenarlo, no podía pararlo y cada minuto sentía una sensación cada vez más fuerte.

Y en una de esas veces que alcé la vista, como si pudiera presentirlo, nuestras se miradas se cruzaron.

Allí estaba de nuevo la garganta seca, el ardor, las mariposas flotando en mi estómago, el pulso acelerado y esa inconfundible sensación de que el mundo podía incendiarse si nos quedábamos solo nosotros dos.