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Confiar es más difícil que surfear
Océane
No sabía que era peor, si tener resaca pese a enfrentarme a un día de entrenamiento, haber dormido escasas cuatro horas o recordar perfectamente el acuerdo al que Kingsley y yo habíamos llegado la noche anterior.
¿En qué demonios estaba pensando?
Bueno, sabía perfectamente en lo que pensaba. Saber que Susanne no iba a acostarse con él era mucho más glorioso que el hecho de tener que renunciar yo misma al sexo.
Aunque después de haberme tirado a Kingsley y no haber conseguido erradicar esa necesidad fisiológica con la que aún batallaba, quizá no era tan buena idea.
Pero la pregunta más bien era… ¿Por qué él querría ser partícipe de aquello?
, ¿Qué ganaba a cambio?, ¿Mi confianza?, ¿Aliviar de algún modo la tensión que existía entre nosotros?
, ¿Tener más conexión como equipo? Me había quedado dandole vueltas antes de dormirme y aún así, no terminaba de comprender porque había salido de él aquella propuesta formal.
Tal vez todo había iniciado como un juego, un modo de provocarle al ver como coqueteaba con todas y que acabó volviéndose mutuo, pero aquello había trascendido y no dejaba de preguntarme si tras ese acuerdo que pactamos anoche, existía algo más. Algo que no era capaz de ver.
«Es Kingsley, un arrogante empedernido ¿Qué podría tratar de ocultar?»
Solo que ese arrogante no había dudado en venir cuando le llamé tras descubrir a Mason con Susanne. Tampoco había dudado en mantener oculto mi ataque de pánico, mis miedos y convertirse en la única persona que me había visto en un momento de máxima vulnerabilidad.
Y aún así, no se había aprovechado de ello. Más bien había sido yo quien me había aprovechado hacía dos noches a sabiendas que pretendía acostarme con él por puro despecho.
Quizá fuese arrogante.
Quizá fuese un egoísta de mierda.
Quizá solo estuviera allí por interés.
Quizá su única intención de acercarse a mí fuera por dinero.
Pero quizá eso no fuera tan malo después de todo…
Sin duda, fue fiel a su promesa porque durante la carrera a primera hora de la mañana no me dio tregua.
Logré mantener su ritmo apenas quince minutos y después todo fue un desencadenante de respiraciones apresuradas, acompañadas de pausas para poder volver a controlar el ritmo y acabe tan fatigada que tuve que sentarme durante cinco minutos a escasos metros de casa.
Sin duda estaba en mejor forma que yo, claro que él no había cesado dos años completos y lo notaba. Mi cuerpo tenía que hacer memoria de lo que un día fue y recuperar todo ese tiempo en apenas unas semanas, iba a tener consecuencias.
Mis piernas aun sentían pinchazos cuando atravesé la cocina y Kingsley casi había terminado el desayuno.
No habíamos cruzado apenas palabra puesto que él había decidido seguir su propio ritmo, así que cuando me acerqué al fregadero para lavarme las manos y de paso lavar un par de manzanas, no pude evitar escuchar a mi padre.
—¿Has decidido si pasarás navidad y año nuevo aquí? ¿O volverás a California con tu familia?
Después de dos años sin celebrar la navidad, lo cierto es que en lo último que había pensado por esas fechas es que Kingsley quisiera estar con su familia.
—Le agradezco la invitación, pero ya he estado fuera por acción de gracias, así que regresaré unos días a casa.
Me llevé la manzana a la boca para tener algo que morder y fingí que aquella respuesta no me importaba, en realidad debería agradarme la idea de perderlo de vista unos cuantos días, ¿no?
Finalmente iba a dejar de ser su sombra y poder quitarme esa sensación que me enfebrecía cada vez que estaba cerca de él.
—Me parece bien, la familia es algo importante. ¿Tú tienes planes con Mason? —exclamó dirigiéndose hacia mí y sentí como se me hacía un nudo en la garganta que me imposibilitaba tragar aquel bocado de manzana.
Instintivamente miré a Kingsley que parecía estudiarme con una expresión indescifrable, tal vez estaba disfrutando de aquel momento que por mucho que quisiera no podría posponer mucho más.
—Mason y yo hemos discutido y nos hemos tomado un tiempo —Fue lo primero que se me ocurrió decir sin contar toda la verdad.
Sin admitir que había sido una idiota que se había tragado todas sus promesas de amor camufladas con mentiras.
Que me había engañado desde el principio y que, muy probablemente, quería utilizarme a su antojo porque de algún modo que aún no comprendía acababa cediendo en todo para conseguir ser el socio más joven de su maldita empresa.
Pensar en ello provocaba que me volviera irascible, sobre todo porque ni siquiera sé en qué momento había comenzado a permitirle que fuera apropiándose cada vez más de mi vida y mis decisiones hasta el punto de hacerlas suyas.
Si, es cierto que yo misma me había encerrado tras la desaparición de Reef, que había convertido la esperanza de que apareciera en algo oscuro y siniestro cuando no fue así.
Convertí lo que mas amaba en lo que más temía y ahora que lo tenía delante de mí, que me enfrentaba cada día a ello, me daba cuenta de que había estado dejando morir a la única persona que aún seguía aquí: a mí misma.
Puede que mi mente hubiera querido refugiarse para sobrevivir a su ausencia, que durante demasiado tiempo alimenté el miedo porque era más fácil que aceptar el vacío que dejaba su pérdida, pero nadie te enseña qué hacer cuando pierdes a una persona de forma abrupta y tu vida debe continuar mientras el aire llena tus pulmones a pesar de que duela y queme por dentro.
Había convertido mi duelo en mi único modo de quererlo, de preservarlo aunque solo fuera dentro de mí con vida, como si de ese modo conservara su recuerdo, como si volver a disfrutar de algo que era nuestro fuera violar un pacto secreto.
Y había sido en esa fragilidad cuando había permitido que Mason se hiciera un hueco cada vez más grande, profundo, tan insondable que solo podía pensar en la suerte que tenía de que alguien como él permaneciera a mi lado en aquellos momentos.
Creí que apartarme de todo y de todos solo era en mi beneficio. Él me alejaba del dolor, de los recuerdos, del sufrimiento… pero la realidad es que solo pretendía apartarme de todo aquello que realmente me hacía feliz hasta tenerme en sus manos y dirigir mi vida hacia donde él quería.
¿Que habría pasado realmente si mi padre no me hubiera constreñido a entrenar de nuevo?
, ¿O qué habría ocurrido si no hubiera descubierto su infidelidad con Susanne?
Me habría marchado a Brisbane al final del verano con la firme certeza de que ningún hombre sería capaz de quererme como lo hacía él y habría descubierto su verdadera naturaleza cuando fuese demasiado tarde.
—Vaya… —dijo mi padre algo sorprendido—. Mason nos dijo que tenía pensado llevarte a un sitio especial para año nuevo y tu madre pensó en aprovechar la ocasión para visitar a su familia, pero tal vez estemos a tiempo de modificar la reserva.
Ni siquiera pensé qué sitio especial era el que Mason tenía planeado, pero seguro que era uno de esos elitistas y caros, lo suficiente para hacer alarde de la suerte que tenía por estar a su lado hasta el punto que yo misma había llegado a pensar que así era.
El simple pensamiento me asqueó. Nunca me había dejado llevar por las apariencias, ni ambicionaba a tener un estatus que me posicionara por encima de los demás, pero no dejaba de pensar que durante todo ese tiempo que había pasado a su lado, de algún modo me había dejado convencer de que ese era mi lugar y no sobre una tabla mientras surcaba una ola.
—¡Oh no! —alegué enseguida—. Las chicas querían dar una fiesta y ya habíamos hablado de ello, estoy segura de que para Alana no será un problema quedarse aquí para hacerme compañía —añadí con una sonrisa demasiado forzada.
Mentir no era una de mis mayores virtudes y aunque mi padre no pareció muy convencido de ello, lo dejó estar porque era demasiado tarde para proseguir con nuestro entrenamiento, pero no quería que mis padres modificaran o cambiaran de planes por mi culpa.
Probablemente les había costado tiempo tomar la decisión de marcharse, sobre todo porque era otra navidad más sin Reef y que además coincidía con la fecha de su desaparición.
Sabía lo duro que debía ser para ellos ver que la vida continuaba sin él, que por más que mirasen hacia el horizonte, Reef no volvería con esa sonrisa impregnada en su rostro y unos ojos exactamente iguales a los míos.
Y aunque la idea de alejarme de allí me había parecido muy atractiva semanas atrás, ahora no tenía tan claro que era lo que deseaba hacer con mi vida, pero sí que debía estar allí para averiguarlo.
Había vuelto a colocarme el bañador de neopreno y lo agradecí cuando comprobé que el cielo se había nublado por completo y quizá amenazaba con lluvia. Eso había alejado a los bañistas y nos dejaba la playa prácticamente para nosotros.
—¿Cuándo pensabas decir que te marchabas? —pregunté conforme nos adentrábamos mar a dentro.
—No sabía que ahora nos hemos vuelto íntimos y nos lo contamos todo —dijo con evidente ironía mientras continuaba remando.
Hasta ahora no se había quejado de ser él quien siempre hiciera ese esfuerzo y me preguntaba si lo hacía por consideración o porque estaba lo suficientemente habituado para no suponerle un problema hacerlo.
Con Reef siempre nos habíamos turnado, pero con Kingsley las cosas eran tan diferentes, que ahora me preguntaba como podía haber creído que hacer surf-tándem con él iba a anular los recuerdos que tenía de mi hermano.
«Comenzando por el modo en el que me hacía sentir y terminando por el hecho de que con él era iniciar desde cero»
—Creo que una de las cláusulas de anoche era clara: sin medias verdades —cité—, y si no me falla la memoria no lo objetaste.
—Que no mencione algo no lo convierte ni en mentira, ni en verdad, así que no veo donde está el problema.
—Quizá lo esté en que si no mencionas algo es porque pretendes ocultarlo, de hecho ahora que lo pienso llevas aquí semanas. Te has metido en mi casa, en mi familia, en mis amigos y en mi vida personal. ¿Y qué sé de ti? Nada.
Más allá de los datos que había descubierto en la primera página de su pasaporte, ¿Que sabía realmente yo sobre Maximilian Kingsley?
No tenía ni la más mínima idea de quien había realmente detrás de él salvo una confesión a media noche con bastante alcohol navegando por sus venas que me daba a entender que no tenía una buena relación paternal.
—Si quisieras saber algo de mí, me habrías preguntado directamente, ¿No crees?
Te has pasado la mitad del tiempo intentado que me marchara y la otra mitad hostigándome para demostrarte a ti misma que no podías formar equipo con otra persona que no fuera tu hermano.
Pues bien. Sigo aquí. Creo que ha quedado bastante claro que tenemos una conexión intensa, y no, no me refiero solo en la cama.
—Hacer tal afirmación es sacar conclusiones de forma precipitada —dije pese a que muy a mi pesar, tuviera razón.
Me había importado tan poco él y todo lo referente a él que lo único que había deseado era que se marchara y después, simplemente quería limitar todo contacto, como si el hecho de no conocerle, no valorarle y no tener ninguna conexión personal con él menguara aquel sentimiento que no cesaba y que aún ahora en contra de mi propia voluntad era incapaz de poner freno.
Me gustaba. Me atraía. Y cada vez era más difícil limitarlo, fingir que realmente sentía lo contrario.
Vi como esbozaba una sonrisa de socarronería, pero no trato de arrebatarme la última palabra, simplemente se alzó para coger la ola que se nos venía encima y me levanté de forma autómata, antes de que pudiéramos coordinarnos, sentí como me alzaba sobre él por la cintura en una elevación acro lift en la que me mantenía sobre los hombros perfectamente en armonía a la altura de mi espalda y yo me arqueaba sobre él.
Pensé que caeríamos, que realmente la postura se mantendría apenas unos segundos, pero Kingsley era un surfista demasiado bueno y equilibrado y, si, aunque yo no hubiera querido reconocerlo, desde el principio nos habíamos sincronizado, como si su cuerpo y el mío se leyeran a distancia.
Lo que había creído imposible y que años de destreza, entrenamiento y disciplina con Reef no se podían replicar con otra persona estaba presente con Kingsley, aunque de un modo muy diferente.
Por algún motivo desconocido y pese a todas nuestras diferencias, entre nosotros existía una química innegable desde el primer día.
Su fuerza, destreza y habilidad se compensaba con mi agilidad, experiencia y elasticidad.
Como si las debilidades de uno pudieran verse compensadas con el otro.
Quizá éramos como las olas cruzadas que no seguían ninguna lógica, donde una corriente empuja hacia un lado y la otra hacia el contrario, y cualquier intento de ponerles un orden terminaba con alguien bajo el agua.
Siempre pensé que el mar estaba equivocado, pero viéndonos a Kingsley y a mí, sentía que a pesar de estar en corrientes opuestas y chocar el uno contra el otro, eso nos volvía más fuertes e imparables cuando nos uníamos.
Kingsley era rígido, duro, poco flexible, pero lo compensaba con fuerza, equilibrio y estabilidad, algo que le convertía en una pareja con un gran potencial.
Y aquella fue la primera vez que fui consciente de nuestras posibilidades como pareja, del potencial real que podíamos tener juntos y de lo difícil a nivel competitivo que era alcanzar eso.
Cuando mis pies tocaron la tabla sentí que no me soltaba, aún tenía sus manos en mi cintura conforme la velocidad disminuía y acto seguido los dos acabamos en el agua.
—Conclusiones precipitadas, ¿no? —exclamó a mi lado mientras nadábamos hasta la tabla.
Me alcé rápidamente y me senté a horcajadas, él hizo lo mismo y se quedó sentado frente a mí.
—Evidentemente —afirmé mordiéndome el labio.
Noté como su mirada se dirigía precisamente a ese punto de mi anatomía e instintivamente me pasé la lengua como si quisiera erradicar cualquier resto de agua salada.
—Hay personas que usan sus ideas para entender el mundo y otras que usan el mundo para defender sus ideas. Tú perteneces peligrosamente al segundo grupo.
—¿Qué quieres decir? —exclamé sin comprender a qué se refería.
—Saca tus propias conclusiones —dijo antes de que mi padre pronunciara mi nombre y nos diera indicaciones sobre los próximos movimientos.
Debería haberme acostumbrado al hecho de que Kingsley nunca me dejaba tener la última palabra, que siempre encontraba el modo de provocarme, incitarme, sacar una parte de mí que creía completamente olvidada.
Y eso me hacía sentir más viva que nunca. Me hacía recordar porqué amaba de aquel modo el mar, ese lugar, su gente, su modo de vida y sobre todo, me devolvía una parte de mí que creí perder cuando se marchó Reef.
La esperanza de volver a sentir.