26 #3
Su semblante cambió repentinamente, como si tuviera doble personalidad y una completamente diferente se hubiera apoderado por completo de su ser.
La sonrisa de cordialidad y sus ojos completamente brillantes miraron en otra dirección y cuando volví la vista comprobé cuál era el motivo.
Kingsley estaba justo detrás de nosotras y en ese momento me observaba fijamente.
—¿Todo bien? —Su voz era rasposa, grave, ruda.
O quizá era el efecto del alcohol que mermaba mis sentidos y me hacía sentirlo de ese modo.
—Perfectamente —contestó Susanne por mí y observé como su mirada viajaba hacia ella—. Solo le estaba contando a Océane que el domingo tenemos una cita y que le agradecería que no nos importunara.
Sentí como la sangre me hervía en aquel momento presa de un sentimiento de cólera por el que estaba a punto de prender fuego a todo el local, pero comprobar que el propio Kingsley no lo negase hizo que me sintiera aún peor.
No necesitaba comprobar la sonrisa burlesca de Susanne en aquel momento mintiendo descabelladamente y, al mismo tiempo, dejando entrever que iba a salir con Kingsley y que solo era cuestión de tiempo que él cambiara de bando.
Y lo pensé.
Realmente llegué a pensar en qué ocurriría si lo hacía. Si aquello por lo que tanto había insistido los primeros días sucedía.
Pero descubrir que la idea no me agradaba logró desestabilizarme y en aquel momento, ya fuera por culpa del alcohol o de esa propia revelación, no pensaba dejar que ninguno de los dos me viera.
—Pues que os aproveche —solté y en cuanto vi que la puerta del baño de chicos se abría, me importó muy poco saltar la fila de las chicas y meterme en el que no me correspondía.
Cerré la puerta tratando de respirar hondo y a pesar de tener la mandíbula tan apretada que apenas me resultaba posible.
El mantra de: si esos dos se lían no me tiene que importar se fue al infierno un minuto después. ¿De verdad iba a ser tan cabrón de acostarse con ella después de acostarse conmigo y sabiendo que mi exnovio la había metido en su cama?
Si entré en aquel baño huyendo de esos dos, salí con doble ración furia y una mala leche difícil de disimular. Obviamente Kingsley estaba en la puerta esperando para entrar y cuando traté de hacerme un hueco, puso la mano para impedirme pasar.
—No es lo que crees —murmuró acercándose a mí.
—A mí no me debes explicaciones de lo que haces con tu vida y con tu tiempo libre, pero te agradecería que no me tocaras —acerté a decir con énfasis apartándome de él.
En el momento que vi como apartaba su brazo salí con la cabeza bien alta sin mirar si Susanne permanecía aún allí. Por mi podían pudrirse ambos en el infierno, solo que por más que deseara que aquella situación no me afectara, sentía como me consumía por dentro.
Pasé de largo por la pista de baile a pesar de que mis amigas aún seguían allí, incluso vi a Alana besándose con el amigo del tal John y me alegré por ella.
Caminé directamente hacia la salida y me abrí paso entre toda esa gente que se apelmazaba en la puerta a esas horas hasta la zona más tranquila donde solo había personas dispersas.
—¿Me buscabas? —Era el chico con el que había estado bailando. Tenía más cara de Tom que de John ahora que lo pensaba, pero no iba preguntárselo, tampoco iba a decirle que él formaba parte de una parte muy al final de la extensa lista de personas que albergaban mis pensamientos.
—Necesitaba un poco de aire —afirmé esbozando una sonrisa.
—¿Quieres? —preguntó ofreciéndome el cigarro que él mismo estaba fumando.
—No gracias.
Observé como dio una calada larga y tiraba el resto del cigarro al suelo sin apagarlo. Me quedé observando el brillo rojo que emitía al caer como si yo misma fuera aquella colilla que una vez cumplido su uso era desechada sin pensar en ella, dejándola consumirse hasta apagarse en silencio.
Aquello hizo que no viera venir al chico, mucho menos el momento en que pasó su mano por mi cuello apoyándola en la nuca y prácticamente me obligó a besarle.
Sentí sus labios sobre los míos duros, apremiantes… exigentes, pero en lugar de deshacerme ante ellos tal como había hecho con Kingsley la noche anterior, en ese momento solo era capaz de sentir repulsión.
Me aparté de él justo antes de que me metiera la lengua y en el momento que hizo amago de acercarse de nuevo a mí para volver a besarme, sentí como alguien pasaba un brazo por mis hombros y me apretaba contra un cuerpo demasiado grande.
—Me temo que es demasiado tarde y mañana debemos madrugar —Esa voz. Esa maldita voz…
Ni siquiera le miré, me quedé observando al Tom, John o por mí podía llamarse sujeto sin nombre, pasando su mirada de Kingsley a mí como si quisiera que en algún momento yo dijera que no tenía ningún vínculo con ese hombre.
—Creo que a ella no le importa quedarse un poco más, ¿verdad? —insistió como si esperase que decidiera irme con él a algún lugar para pasar el resto de la noche.
—Quizá no lo has entendido bien, amigo, pero ella no está disponible.
Ahora si que tuve que parpadear y girarme hacia él. Ni siquiera se había molestado en cruzar la mirada conmigo, sino que parecía bastante concentrado en el otro chico.
¿Perdona?, ¿Es que ahora va a decidir con quien me acuesto y con quien no?
—¿Tú de qué vas? —murmuré atónita.
—Por si ya se te ha olvidado Océano, tenemos un acuerdo lícito: si yo no tengo sexo, tú tampoco lo tendrás.