La Teoría de las Olas Cruzadas 21 #2
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—Así que jugabas con ventaja… —dijo minutos después cuando me senté en una de las tumbonas que rodeaban la piscina.

Alana iba a hacer el mismo reto contra el primo de Olivia, por lo que todos habían vuelto su atención al juego y nadie nos observaba.

—Yo no fui la que propuso el reto, tampoco podía saber si tenías las cualidades necesarias para superarme, de hecho, casi pierdo.

—Supongo que deberé pensarme la próxima vez que decida retarte a algo. ¿Cuál es tu reclamo? —mencionó como si no le preocupara lo que pudiera pedirle conforme se secaba con una toalla el pelo para sacudir el agua.

—Creo que voy a reservármelo… —sonreí volviendo la mirada hacia él con perspicacia.

—¿Eso significa que ya no quieres que me largue de aquí?

¿Lo quería? Ni siquiera me había planteado esa posibilidad como petición, ¿Tal vez me había resignado a la idea de tenerle allí?

, ¿Quizá me estaba acostumbrando a su presencia a pesar de que existían momentos en los que deseaba enviarlo al mismísimo infierno?

O tal vez porque había una parte de mí que quería volver a ser esa chica de hace dos años, la que solo pensaba en ser libre y en disfrutar del momento.

—¿Te irías si te lo pido? —exclamé con una expresión de incredulidad.

—De la fiesta tal vez, de tu vida no lo creo —me guiñó un ojo y tuve que apartar la mirada para que no me viera sonreír.

—Pareces demasiado cómodo aquí, ¿No hay nadie a quien hayas dejado atrás que eches de menos? —exclamé pensando en esa conversación que vi en su teléfono.

—¿Ahora te interesa mi vida sentimental, Océano?

—preguntó relajado dejándose caer en la hamaca como si hubiera decidido repentinamente contemplar las estrellas—.

No me gustan los compromisos. Siempre he tenido que moverme de país o ciudad con frecuencia así que he aprendido a vivir sin ataduras y la experiencia me ha hecho ver que es mucho más divertido —añadió jocoso.

—Muy conveniente —respondí girándome hacia él—. Así nunca tienes que quedarte el tiempo suficiente para que te importe alguien.

—Ese amor en el que tu crees para toda la vida es una falacia.

¿Por qué debería fingir lo contrario? Mi propio padre abandonó a mi madre antes de que yo naciera, a diferencia de él yo prefiero decir las cosas claras desde el principio y no dejar consecuencias durante el camino ¿Me convierte eso en un frívolo sin sentimientos?

Ofrezco placer, diversión y un viaje hacia el culmen del éxtasis —dijo con una medio sonrisa sin que llegara a reflejarse en sus ojos, como si hubiera meditado consigo mismo aquel planteamiento—.

Sin promesas, sin mentiras y sin finales que puedan doler más de lo necesario.

En ese momento me pregunté si alguna vez a él habrían podido romperle el corazón. Si en algún momento de su vida se había sentido traicionado, decepcionado o lo suficiente dolido para que hubiera decidido no volver a enamorarse nunca más.

Aunque lo cierto es que no me imaginaba a alguien como Kingsley siendo fiel a una única mujer.

Podría gustarme más o menos su actitud hacia todo el genero femenino, pero no podía culparle por buscar únicamente sexo ocasional sin compromiso cuando dejaba las cosas claras desde el principio y, de algún modo, aquella confesión de abandono paterno me hizo preguntarme demasiadas cosas.

¿Que sabía de él? Realmente casi nada y, a pesar de que me despertaba demasiada curiosidad todas esas preguntas sin respuesta, en el fondo prefería no resolverlas. Porque hacerlo significaba llegar a conocerle de verdad, y con ello abrir la posibilidad de que, de algún modo, pudiera importarme.

No volvimos a cruzar palabra durante el resto de la noche porque mis amigas me secuestraron para iniciar el karaoke.

Y, a pesar de esforzarme en no pensar que él estaba allí, mi vista le buscaba de forma inconsciente como si necesitara saber donde se encontraba en cada momento o, quizá tal y como descubrí un par de veces, que no dejaba de observarme.

¿Era una necesidad de reafirmación?, ¿Es que tal vez necesitaba entender porqué lo hacía? Su comportamiento contradictorio empezaba a obsesionarme. El modo que tenía de provocarme, desesperarme, alejarse y después comportarse como si quisiera protegerme a toda costa lograba confundirme aún más.

En algún punto de la noche debimos quedarnos dormidas, porque en el momento que abrí los ojos sentí como la luz me cegaba, la cabeza me pesaba demasiado y todo me daba vueltas.

Siempre que tenía resaca me decía a mi misma que no debía volver a tomar una copa en mi vida, pero acabé riéndome cuando comprobé que a mis pies estaba Alana echa un ovillo y quejándose porque tenía que moverla para liberarme.

En el sillón de la izquierda había un tío que ni conocía y en el de la derecha Valeria tenía una postura que le dejaría tortícolis durante una semana.

Me giré para incorporarme y al apoyar la mano en lo que creía que era el resposacabezas, era en realidad, el muslo de alguien.

Cuando alcé la vista me encontré con Kignsley completamente dormido y casi se me escapó un quejido al saber que me había dormido acurrucada entre sus piernas.

Escapé del salón de la casa a hurtadillas y preguntándome en qué momento de la noche había pasado algo así, pero mis recuerdos estaban completamente vacíos, como si hubiera llegado un momento en el que no recordaba más allá de aquel juego de preguntas random en el que negarte a contestar significaba un trago.

Y yo bebí demasiados, pero Kingsley tampoco se quedó atrás.

Encontré mi teléfono en la cocina y cuando lo desbloqueé no solo vi que era casi la una de la tarde, sino que tenía veintisiete llamadas perdidas de Mason.

¡Joder!

Le llamé de inmediato, ni siquiera sabía si tenía voz o no para hacerlo, pero contestó al tercer tono.

—¿Dónde coño estás? —exclamó nada más descolgar.

—En casa de Rachel —murmuré en voz baja y con una voz casi rota por los gritos, el karaoke y el alcohol.

—¿Y se puede saber que cojones haces ahí? —increpó sin siquiera darme margen de reacción.

—Era su cumpleaños, dijiste que probablemente no podrías venir y…

—Y decidiste que era muy conveniente pasar la noche de fiesta por ahí. ¿Ya te lo has follado?

No sabía si el martilleo de mi cabeza era más por el alcohol o por las acusaciones de mi novio o porque de algún modo aquello me hacía sentir culpable, pero estaba claro que estaba enfadado. Muy enfadado.

—¿De qué hablas? —exclamé sintiendo que mi dolor de cabeza aumentaba con cada palabra.

—He hecho el esfuerzo de venir hasta aquí para pasar el día juntos y cuando llego a tu casa, descubro no solo que has pasado la noche fuera, sino que lo has hecho con ese tío. ¿De verdad crees que soy imbécil?

Empezaba a sentirme fatal, con ganas de vomitar y no sabía si era producto del alcohol o porque me sentía una novia miserable.

Puede que aquellas acusaciones fueran falsas. Que no me hubiera acostado con Kingsley, ¿Pero podía afirmar que no había sido por falta de ganas? Yo misma fantaseé con esa idea, aunque solo fuera eso; pura fantasía.

—Vive en mi casa, Mason. ¿De verdad crees que si esas fueran mis intenciones necesitaría pasar la noche fuera?

Entiendo que estés enfadado o preocupado porque no respondía a las llamadas, pero te dije que confiaras en mí.

Estoy haciendo todo esto por nosotros. Por ti.

Y si me hubieras avisado de que venías, no habría bebido para poder conducir hasta casa.

—Es que no tengo porqué avisarte. Llevamos juntos dos años y nunca he tenido que hacerlo. Siempre has estado en casa, esperándome. Y es así como quiero que siga siendo. Que estés siempre disponible para mí. Cuando yo quiera. Cuando me convenga. Y cuando lo necesite.

Creo que en ese momento mi sangre se quedó completamente petrificada. Y desde luego, no era una conversación que me apeteciera mantener por teléfono.

—¿Aún estás en Noosa? —pregunté sin saber realmente si quería o no tener esa conversación en aquel momento, aunque mi cerebro no dejaba de decirme que era muy probable que solo fueran palabras de resentimiento.

—Llevo dos horas llamándote. ¡Por supuesto que no iba a permanecer en Noosa a expensas de que aparecieras cuando te diera la gana sabiendo que estás con él!

—dijo con evidente rabia—. Estoy decidido a dártelo todo, Océane, pero ten muy presente que puedo tener a la mujer que me plazca y que, a diferencia de ti, estaría más que dispuesta a dejarlo todo por lo que le ofrezco.

Me pediste que confiara en ti, lo hice, pero tus actos dicen más que tus palabras.

Tu decides si estos dos años que he estado a tu lado realmente han significado algo para ti.

Ni siquiera dejó que respondiera, sino que colgó la llamada y yo sentí que mi estómago no lo soportaba más, por lo que corrí hacia el baño más cercano, pero ni siquiera expulsar todo el alcohol que mi cuerpo aún no había procesado era capaz de aliviar aquella sensación de ahogo y culpa que sentía hacia mi misma.

Mason había estado a mi lado todo ese tiempo. Gracias a él no me había hundido, sino que fui capaz de sobrellevar la ausencia de Reef a pesar de sentirme perdida y sin rumbo. Él había sido mi guía, sin necesidad de pensar, de hacer, de programar, solo tenía que dejarme llevar para aliviar mi dolor.

Quizá la culpa que notaba era porque en el fondo sentía que lo había traicionado, porque aquellas dudas o acusaciones que volcaba contra mí no estaban tan infundadas como quería creer.

Si. Tal vez no me había acostado con Kingsley y jamás lo hiciera, pero ¿Podía admitir que mi cuerpo no le deseaba con fervor?

, ¿Qué me estremecía cada vez que él tocaba mi piel?

, ¿Qué incluso me había fijado en sus labios y hasta llegué a preguntarme qué sabor y sensaciones me generaría el hecho de probarlos?