La Teoría de las Olas Cruzadas 21
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A un error de distancia

Océane

El cumpleaños de Rachel siempre se celebraba en la casa que sus padres alquilaban en verano, justo después de navidad.

Tenía piscina y unas increíbles vistas al mar, por eso cada año aquella celebración era como dar inicio al verano.

Hacía dos años que no pisaba aquella casa y, la última vez que lo hice también estaba mi hermano.

Tener la misma edad que Reef hacía que no solo hubiéramos compartido vientre materno, sino también circulo de amistades, deportes u objetivos. Y en momentos como aquellos era demasiado difícil admitir que él no estaba.

Y era esa la principal razón por la que había evitado esas reuniones de forma inconsciente, porque estar allí, continuar viva sin él, dolía.

Aquellos no eran solo mis amigos, sino que también eran los suyos y todos continuaban sus vidas. Las risas, el alcohol, la musica, toda esa diversión en la que nadie parecía vivir su ausencia, salvo yo.

Me acerqué a la zona de la piscina donde estaba situada la balaustrada con vistas al mar. El panorama desde allí era espectacular junto a la brisa fresca del anochecer

—Es agradable verte de nuevo entre nosotras —Rachel me sorprendió mientras me ofrecía un botellín de cerveza y se colocaba a mi lado para admirar el panorama.

—Había olvidado lo bonito que es esto —contesté con un amago de sonrisa.

—Si. Una de las mejores vistas de Noosa, una pena que mis padres hayan decidido venderla.

Mi expresión hizo que ella mostrara una cara de disgusto.

—No estamos atravesando por uno de los mejores momentos económicos, los gastos para mantenerla son bastante elevados y en todos estos años aún no han conseguido recuperar el dinero de la reforma, ya sabes que el tipo de perfil de turista que viene a la ciudad es básicamente para practicar surf y no está dispuesto a pagar un alquiler notable por una casa de estas condiciones, así que antes de que pertenezca al banco, han decidido que es conveniente ponerla en el mercado.

—Lo siento Rachel. No sabía nada… —murmuré colocándole una mano en el hombro.

—Es solo una casa —sonrió con cierta tristeza—. Y nos ha dado muy buenos momentos, supongo que tendremos que disfrutarla hasta que deje de ser nuestra.

Sonreí y chocó su cerveza con la mía antes de darle un trago.

—Alana nos dijo que quizá te marchabas a Brisbane al acabar el verano —dijo antes de que pudiera decir algo.

—Si —afirmé sin querer entrar en demasiados detalles, quizá porque hacerlo provocaba que esas dudas que necesitaba acallar en mi mente no fueran mostradas a una de mis amigas.

Ni siquiera era capaz de contarle toda la verdad a Alana, como si yo misma aún no quisiera admitirlo, como si esas dudas que había tenido desde la discusión con Mason o el hecho de programar nuestra boda y tener un hijo sin siquiera hablarlo juntos para saber que opinaba al respecto, me hicieran sentir vergüenza por la opinión que mi mejor amiga tendría.

Esa que mi mente intentaba acallar diciendo que era algo normal, esperado y que no importaba si yo lo deseaba o no realmente porque era lo que Mason necesitaba.

Y yo necesitaba a Mason.

—Te entiendo —dijo Rachel volviendo a dejarse caer sobre la balaustrada y yo la imité—. Después de lo que pasó con Reef entendería que quisieras alejarte de aquí, aunque te echaremos de menos.

Durante esos dos años sentía que se habían alejado de mí, pero solo ahora comenzaba a darme cuenta de que había sido yo quien me había alejado demasiado de ellas y de que en ese miedo del que solo deseaba escapar del dolor, estaba perdiéndome demasiadas cosas.

Si. Estar allí dolía, pero también me hacía recordar los buenos momentos que no solo había vivido con ellas, sino también con mi hermano.

—Gracias —sonreí—. Aunque aún queda mucho para que acabe el verano.

—¡Cierto! —admitió con más énfasis—. Sobre todo con ese bombón de compañero —se giró para mirar hacia la fiesta donde se encontraban todos los invitados y deduje que Kingsley estaría entre ellos ya que se había marchado con la camioneta antes de que Alana pasar a recogerme—. ¿Te ha hablado de alguna de nosotras?

Me mordí el labio sin que me viera, realmente no me apetecía ser la amiga aguafiestas así que simplemente me giré y le busqué con la mirada hasta que fue muy fácil encontrarle entre la multitud.

Era demasiado alto. Demasiado musculoso.

Demasiado bronceado. Demasiado… todo. Y también porque había algo en él que le hacía ser el centro de todas las miradas.

—Diría que su gusto hacia las mujeres es bastante amplio —afirmé volviendo a beber del botellín y como si me hubiera escuchado vi que su mirada oscura impactaba directamente en la mía.

La aparté en seguida para mirar a Rachel.

—¿Lo dices porque ha intentado tener algo contigo? —exclamó con cierto tono de diversión.

—Le dejé claro el primer día que sería un error.

Además, sabe que lo mío con Mason va en serio —agregué sin reconocer que se había pasado todo el tiempo que llevábamos entrenando juntos provocándome y, era precisamente esa provocación la que me confundía porque no sabía si lo hacía para ver mi reacción o porque realmente sentía la misma atracción por mí que yo sentía innegablemente hacia él por más que lo negara.

—Pues no lo diría por el modo en que te está mirando ahora mismo —contestó Rachel e inevitablemente volví a mirar hacia él.

Y allí estaba. Con una cerveza en la mano y una sonrisa como si le hubiera gustado pillarme de nuevo observándolo.

—Provocarme forma parte de su juego —afirmé volviendo a apartar la vista—, aunque no estuviera saliendo con Mason, jamás tendría algo con un tipo como él.

Es egoísta, inmaduro y un seductor innato.

Y su ego solo crece al ver que tiene a todas las mujeres que desea a su alrededor, así que puede remover la corriente todo lo que quiera porque no voy a dejar que me arrastre.

Rachel comenzó a reír y observé como se tocaba el pelo de forma inconsciente.

—Creo que a más de una no nos importaría que esa corriente nos arrastrara, aunque seamos conscientes de que solo será una vez, pero desde luego sería apoteósica.

Me eché a reír y poco después Valeria se unió a nosotras junto Alana y por último llegaron Rebecca, Olivia y Manuela, que a pesar de no tener una relación tan estrecha con ellas, también solían juntarse con nosotras.

Pasamos gran parte de la noche hablando entre nosotras y haciéndonos algunas fotos hasta que decidieron lanzarse a la piscina donde habían comenzado los juegos para beber chupitos con carreras de flotadores y lanzamiento de objetos.

Me senté en el bordillo de la piscina a observar y poco después sentí que alguien se sentaba a mi lado, ni siquiera necesitaba mirar para saber que se trataba de Kingsley.

Podía reconocer su perfume. Su peculiar modo de conquistar todo lo que había a su alrededor como si se tratase de un imán al que nadie era capaz de resistirse.

Igual me estaba volviendo paranoica o es que pasaba demasiadas horas al lado de ese hombre como para detectar su presencia en un radio de un kilómetro de distancia.

—No me dijiste que venías.

—Tal vez porque no tengo que compartir contigo todo lo que acontece en mi vida —respondí sin mirarle.

Escuché su risa.

—Te recuerdo que en unos días vas a tener que fingir que me adoras.

—Tú lo has dicho, en unos días. No ahora —decreté como si estuviera molesta aunque en realidad, comenzaba a disfrutar de aquel juego de palabras en el que cada frase era más afilada que la anterior.

—¿Entonces no te importa si coqueteo con alguna de tus amigas? —exclamó sabiendo que no me agradaría.

—Creo que hay chicas suficientes en esta fiesta para tus depravadas intenciones, aunque te recuerdo que no tengo la intención de tener sexo esta noche, por tanto, tú tampoco.

Rió con más fuerza.

—En ese caso te propongo un reto.

—Ni hablar.

—¿Tanto miedo te da perder?

—No tengo miedo a perder, simplemente no me interesa.

—Si ganas, puedes pedirme lo que quieras —advirtió guiñándome un ojo.

—¿Y si pierdo?

—Tendrás que ser increíblemente amable conmigo el resto de la noche.

Ni siquiera sabía porqué estaba meditando la respuesta o porqué no quería que él se acercara a alguna de mis amigas, pero en el fondo sabía que no estaba aceptando aquel reto con la intención de apartarle de ellas, sino porque necesitaba esa adrenalina que Kingsley conseguía incitar de nuevo en mí.

El juego consistía en cruzar la piscina con un flotador infantil y, una vez llegado al otro extremo, encestar tres pelotas pequeñas en vasos de cerveza.

El que pierde, debe beberse los tres vasos del contrincante, aunque había algo más en juego.

Puede que físicamente Kingsley me llevase ventaja, pero llevaba practicando ese juego desde los diecisiete años y aunque estaba en baja forma, mi cuerpo cogía mucho mejor en el flotador infantil que el suyo, que estaba ridículamente sexy.

En el momento que Rachel subió la señal de la bandera, bebimos el chupito de tequila y me lancé al agua sin quitar ojo a mi contrincante, que daba unas brazadas mucho más rápidas que las mías.

Fue el primero en cruzar la piscina y su sonrisa de complacencia se esfumó cuando falló las dos primeras bolas y yo acerté a la primera.

Vi que encestaba y me di prisa en lanzar la segunda sin fallar.

Kingsley lanzó de nuevo y acertó, estábamos empatados, así que los dos cogimos la siguiente bola y la lanzamos a la vez.

La mía entró, la suya rebotó y finalmente cayó fuera del vaso.

Grité de euforia alzando las manos y observé como todas las chicas gritaban tirándose a la piscina para celebrarlo.

¡Joder!, ¡Que satisfacción era sentir de nuevo esa euforia de la victoria!

Vi como Kingsley se bebía los vasos de cerveza que yo había encestado mientras algunos chicos le daban palmadas en el hombro por haber perdido contra mí diciéndole que siempre había sido imbatible en aquel juego.

Y lo cierto es que, aún así, había estado a punto de perder contra él.