La Teoría de las Olas Cruzadas 17 #2
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17 #2

Volví a encontrarme con Alana en el gimnasio, a pesar de que nuestro circulo de amigas era amplio, con ella sentía una confianza que solo era capaz de dar los años, pero ahora me daba cuenta que desde la muerte de Reef, había dispuesto un muro que nadie, ni siquiera ella, podía penetrar y la forma reservada en la que no hizo ninguna mención del comportamiento de Mason el sábado por la noche o la forma en la que desaparecimos abruptamente, lo demostraba.

«Y había sido el maldito Kingsley el que me lo había soltado sin anestesia previa»

Pero no podía contarle a Alana las barbaridades que había dicho Mason, aunque se hubiera disculpado a la mañana siguiente. ¿Eran sus disculpas sinceras o yo deseaba fervientemente que lo fueran?

No sabía como sentirme. No sabía como actuar. Y la presión de Kingley pegado a mí todo el día no ayudaba en absoluto.

—¿Que tal van las cosas entre maxipibón y tú? —preguntó Alana colocándose a mi lado donde practicaba estiramientos.

Aún estaba demasiado oxidada tras dos años sin práctica y necesitaba que mis músculos volvieran a trabajar de la misma manera.

—Digamos que hemos llegado a una especie de tregua conveniente para ambos. Entrenamos juntos y mantenemos las distancias el resto del tiempo.

—Bueno… si aún quieres quitártelo de encima, creo que Susanne está muy dispuesta —sonrió Alana—. Ayer se pegó a él como una sanguijuela que quería chuparle hasta la última gota… y no me refiero a su sangre —inquirió haciendo que volviese la vista hacia ella.

—¿Ayer? —exclamé confundida.

—Si —contestó mi amiga con naturalidad—.

Cuando desapareciste el sábado, conocimos a un grupo de surfistas que hablaba sobre ir a shunshine beach y quedamos en ir con ellos, incluido Kingsley.

Susanne estaba allí cuando llegamos y solo parecía tener ojitos para maxipibón.

No sé de qué hablaron, pero conociéndola debe saber que él es tu nueva pareja.

No había pensado que tras la publicación de la noticia con la foto de Kingsley y yo en la playa entrenando, ella iba a enterarse de que pensaba volver a las competiciones.

¿Por qué no me había mencionado nada esa misma mañana?

, ¿Por qué guardar tanto misterio respecto a lo que hizo el día anterior?

, ¿Podría ser precisamente para ocultarme que estuvo hablando con ella?

Tampoco me importaba que lo hiciera, ni siquiera estábamos a nivel de exhibición como para pensar en una competición y por el momento, no era algo de que realmente me interesara.

—Pues igual me hace un favor —admití de mala gana.

—¿Que te pasa? —exclamó Alana mirándome fijamente—.

El sábado desapareces sin más con excusas ambiguas.

Ayer ni siquiera me llamaste o respondiste a mis mensajes y hoy parece que tienes un cabreo de mil demonios.

¿Es que has discutido con Mason?, ¿Con Kingsley?

, ¿Que te ocurre Océane? Sabes que puedes confiar en mí y contármelo.

Si. Lo sabía, el problema es que ni yo misma lo entendía.

—Es solo que el sábado discutí con Mason porque se siente incómodo con la presencia de Kingsley en mi casa.

—Es la casa de tus padres, ha sido decisión de ellos, no tuya.

—Si. Lo sé. Me pidió dejar todo esto y mudarme a Brisbane de inmediato con él, pero le dije que tenía un acuerdo con mi padre que respetar y supongo que es comprensible que tuviera dudas cuando tendré que pasar tanto tiempo junto a otro chico.

—Si tu novio desconfía de lo que puedas hacer o no cuando él no está, no se si son las bases en las que querría basar una relación.

—Él confía en mí, es de Kingsley de quien desconfía.

—Ya. Y por eso te condiciona a ti —bufó Alana—. No quiero que me malinterpretes Oce, pero que te presione a hacer algo solo para que él esté tranquilo se traduce en ser bastante egoísta.

Cerré los ojos y miré hacia otro lado porque toda aquella situación me hacía sentir mal, sobre todo porque no eran los celos de Mason lo que me hacía estar peor, sino aquellas palabras que se habían grabado a fuego en mi cerebro y era incapaz de borrar pese a sus disculpas.

—Eso ya no importa, me pidió disculpas y me dio una copia de las llaves de su casa para demostrarme que estará a mi lado todo este tiempo, así que supongo que todo esto formará parte de un simple recuerdo cuando acabe el verano y me marche de aquí —afirmé aún convencida de mi decisión.

No podía destruir dos años de relación y cada momento que Mason había pasado a mi lado por una noche donde él había perdido por completo el juicio y después se había disculpado.

«Y menos aún por una respuesta física hacia Kingsley que ni siquiera comprendía»

—¿Y que harás con Kingsley cuando eso suceda?

Realmente no tenía ni idea de si mi padre le había informado o no de las circunstancias, pero ese no era mi problema. Él había venido hasta allí con una única intención y si pensaba aprovecharse de mi nombre para sacar partido, yo también pensaba hacerlo en mi beneficio.

—Está aquí porque necesita dinero, así que irá allá donde le lleve su interés. No es problema mío.

—Siempre existe la posibilidad de que no funcionéis como pareja y todo se acabe antes… —murmuró bajando la voz como si no quisiera que nadie la escuchara.

Alcé la vista y vi que Kingsley estaba a unos cinco metros de distancia en una de las máquinas para trabajar abdominales.

«Ni siquiera lo necesita porque ya los tiene tan definidos que es imposible que se logren marcar aún más» pensé sin siquiera detenerme a bloquear ese pensamiento.

La imagen de su cuerpo semidesnudo en ropa interior no dejaba de torturarme y mi cuerpo reaccionaba en contra de mi voluntad.

¿Por qué?, ¿Por qué demonios mi propio impulso carnal cedía si hasta ahora no lo había hecho?

Era como si cada día que pasara a su lado sintiera menos control de lo que provocaban sus dedos en mi piel.

Quizá lo podía haber negado los días anteriores por la terquedad a la me aferré para que se marchara, pero ahora que era consciente de que no iba a suceder era como si mi cuerpo ya no quisiera escuchar a mi mente.

Y eso hacía que me sintiera aún peor

—Puede que entre nosotros jamás haya química o fluidez, pero técnicamente somos compatibles —admití muy a mi pesar—. Es más bueno de lo que imaginaba.

—Es bueno y está bueno. Solo falta saber como la tiene de grande para comprobar si es el hombre perfecto.

Le di un manotazo y ella se echó a reír. No pude evitar reírme también.

Quizá lo único que necesitaba era una buena dosis de sexo que yo misma me había privado por no marcharme con Mason a ese hotel. Pasar el fin de semana en casa de mis padres no había sido una buena idea y ahora comenzaba a arrepentirme de ello viendo las consecuencias.

—Aún no te perdono que tenga que sacrificar tremendo orgasmo por ti, así que me debes una enorme.

Continuamos riéndonos hasta que terminé la tabla de ejercicios y salimos juntas del gimnasio. Me sorprendió no ver a Kingsley por lo que me subí a la parte de atrás de la camioneta para esperarle tras despedirme de mi mejor amiga.

Oí la voz de Susanne poco después.

—¿Entonces nos vemos a las nueve? —exclamó cerca de donde me encontraba.

—Envíame la dirección y allí estaré —contestó la voz de Kingsley con claridad y la reacción que sentí ante la certeza de que esos dos tuvieran una cita no fue precisamente agradable.

Como si no quisiera que descubrieran mi posición, me agaché lentamente para esconderme aprovechando la altura de los laterales que tenía la camioneta.

—Puedo pasar a recogerte yo, si quieres… —le dijo ella de forma sugerente.

—No sería un caballero si permito tal cosa —contestó y pude oír la risa estridente de Susanne que era incapaz de soportar.

—Está bien. Te veo en unas horas, Max.

No escuché su voz por respuesta, así que imaginé que debió gesticular algo para que ella se marchara porque escuché sus pasos alejándose.

—¿Sabías que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación, Océano?

Vi su cara asomándose a la camioneta con aquella sonrisa socarrona como si hubiera sido consciente todo el tiempo de que me hallaba allí escondida.

—Lo sería si yo no hubiera estado aquí antes, lo que me lleva a cuestionar porqué querías que escuchara vuestra conversación. ¿Crees que me importa en algo que tengas una cita con Susanne?

—En absoluto, por eso me daba exactamente igual que pudieras escucharnos, pero que te escondieras para que no te viéramos me ha sorprendido.

—La última vez que hablé con Susanne me amenazó con contarle a mi novio que me había acostado contigo, así que discúlpame si trato de evitarla.

—Igual deberíamos acostarnos para que pueda decirle algo con fundamento, ¿no? —exclamó con naturalidad mientras se dejaba caer en el coche y yo me incorporaba para saltar.

—Ni en tus mejores sueños —afirmé pasando por delante de el para subir al asiento del copiloto.

—Eres una aguafiestas…

—Ni lo dudes. Sobre todo porque esta noche no vas a tener tu maravillosa cita.

—¿Tienes planes para nosotros? —exclamó como si no estuviera nada contrariado al respecto o le causara molestia la idea de cancelar su cita.

—Si yo no tengo sexo. Tú no tienes sexo. Fueron tus reglas, Kingsley.