La Teoría de las Olas Cruzadas 15 #3
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—¿Bailamos? —exclamé amenizando la clara tensión que había entre nosotros.

—Te dije expresamente que rechazaras la bebida Océane. ¿Y tú eres la que me dice que confíe en ti?, ¿Cuándo no dejas de seguirle la corriente a ese tipo?

No sé que expresión facial debí poner, pero noté como cambiaba su semblante.

—Lo hacia por ti, para que le des señales claras a ese Kingsley de que ya tienes dueño.

¿Ya tengo dueño?, ¿Soy una mascota o una propiedad?

—No pienso tener esta conversación en este momento y en este lugar.

—Eres tú quien ha querido venir aquí cuando podríamos estar pasando una velada perfecta en un lugar que no sea este antro de mierda.

—Resulta que me gusta este antro de mierda —repliqué con la intención de levantarme, pero él me lo impidió.

—Y también te gusta rodearte de gente que no te aporta nada por lo que veo.

Dime, ¿A esas chicas las llamas amigas? ¿A las mismas que solo prestan atención a ese pervertido?

¿Cuál de entre todas tiene un futuro prometedor como el tuyo?

, ¿Expectativas? Ninguna tiene aspiraciones a nada, ni siquiera se pueden mantener por sí mismas y menos aún tener una conversación inteligente con alguna de ellas.

Cuando te mudes a Brisbane todo esto cambiará.

Tus amistades cambiarán y aprenderás a relacionarte con personas que estén a nuestro nivel.

«No es Mason. No esta siendo racional. Habla así porque se siente inseguro frente a un tipo como Kingsley» me repetí una y otra vez pensando en esos dos años en los que él había estado a mi lado.

—¿Como puedes decir algo así si ni siquiera te has molestado en conocerlas? —exclamé perturbada con aquella actitud.

Podía justificar sus infundados celos hacia Kingsley porque era un desconocido que mi padre había metido en mi casa y con el que me obligaba a pasar todo el día, pero no hacia mis amigas de toda la vida.

—¿Quieres que conozca a una panda de chicas con las hormonas revolucionadas por un tío cualquiera? No te culpo de pensar lo mejor de tus amigas porque no conoces algo mejor —insistió dando otro trago a su bebida—, pero me darás la razón cuando te alejes de este maldito pueblo.

—Quizá no quiera salir de este pueblo —contesté con una altivez que jamás había empleado hacia él y, de hecho, parecía sorprendido.

Vi como dejaba la copa en la mesa en la que permanecían todos los chupitos vacíos y se incorporaba.

—Creo que el alcohol está hablando más por ti que tú misma, será mejor que vayamos a casa y mañana hablaremos con calma.

—Lo que creo es que deberías irte.

Me miró con una actitud seria.

—¿Estás hablando en serio?

—Dormiré en la habitación de Reef esta noche. Quizá seas tú quien necesite reflexionar si realmente piensas todo lo que acabas de soltar.

No lo detuve cuando se marchó a pesar de seguir con la vista su silueta hasta perderse.

Me quedé observando la puerta pensando que cambiaría de opinión y regresaría.

Que quizá me ofrecería una disculpa y reconocería que solo había hablado sin pensar realmente en lo que decía porque se sentía claramente vulnerable ante la idea de perderme a pesar de que fuera una posibilidad inexistente.

Noté que me faltaba el aire, que aquella situación me revolvía el estómago y decidí salir minutos después a la calle, como si una parte de mi pensara que estaría justamente allí esperando a que le siguiera.

No es que hubiera cambiado de opinión, pero me planteé la posibilidad de que yo misma hubiera malinterpretado sus palabras, de que por algún motivo le hubiera dado una interpretación demasiado equivocada e infundada.

¿Tal vez le había hecho hablar de ese modo su frustración ante aquella situación?

—¿Ocurre algo? —Me giré sorpresivamente como si todo mi cuerpo estuviera en alerta y, al hacerlo, sentí un leve mareo que me provocó cierta inestabilidad.

Noté como Kingsley me sujetaba del brazo al darse cuenta y su semblante estaba más serio de lo normal.

—Estoy bien —afirmé apartando su mano como si no deseara que me tocara.

Cada vez que lo hacía sentía demasiado calor en esa zona del cuerpo en la que colocaba sus manos y me incitaba a decirme que era una reacción normal sin ningún tipo de implicación emocional.

—Solo quería comprobar que estabas bien. Vi a tu chico marcharse y dejarte sola, ¿Ha pasado algo?

—Tanto si ha pasado como si no, creo que no es asunto tuyo, Kingsley —refuté claramente ofuscada.

—Ya veo que si ha pasado algo, pero tienes razón. No es asunto mío y perdona por querer ayudar… —recalcó mientras hizo ademán de marcharse de nuevo hacia el interior del club.

—¿Ayudar?, ¿Tú? Está claro que te importa muy poco y, ya que estamos, gran parte de la culpa de esto es tuya. ¡Si no hubieras aparecido yo no tendría todos estos problemas! —exclamé cruzándome de brazos.

—Puedes culparme de todo lo que quieras, Océano, pero la realidad de lo que tienes a tu alrededor no va a cambiar aunque yo desaparezca —contestó con decisión.

—¿Qué quieres decir con eso? —exclamé enfadada.

—Que es fácil buscar culpables cuando no quieres reconocer el problema y las posibles consecuencias. Mucho más que afrontar tus miedos o los celos de tu novio.

—Mason no está celoso —refuté sin mucha convicción.

Hizo una mueca como si mi respuesta le causara gracia.

—Por supuesto —afirmó segundos después—. Tu vida privada es cosa tuya, pero te diré algo tanto si quieres escuchar como si no. Quien vive dominado por los celos termina siendo prisionero de sus propias inseguridades y arrastrara a todo el que esté a su alrededor con él.

Lo decía como si aquellas palabras le dolieran, como si él mismo lo hubiera sentido demasiado cerca.