La Teoría de las Olas Cruzadas 15 #2
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No era la primera vez que hablaba de Noosa con cierto desprecio, pero sí fue la primera ocasión que no me gustó que lo hiciera.

Tal vez estaba pensando en marcharme de allí, pero aquel era y siempre sería mi hogar, donde residía mi familia, mis amigos y todos los recuerdos de mi infancia y adolescencia junto a Reef.

Ni siquiera estando a miles de kilómetros de distancia podría sentirme lejos de allí porque una parte de mí siempre estaría en este lugar.

—He quedado con Alana y las chicas. Hace tiempo que no salimos con mis amigas y si voy a marcharme a Brisbane a final del verano, me gustaría que las conocieras un poco más.

Noté que mostraba una expresión de incomodidad.

—No es que no quiera, pero paso demasiado tiempo sin verte para tener que compartirte con otras personas.

Así que quiero tu atención solo para mí.

—Lo cierto es que a mí también me gustaba pasar tiempo a solas con Mason, pero también me gustaba la idea de que él se interesara por mi círculo de amistades.

En otras circunstancias no habría insistido, pero la última conversación con Alana me hacía tener muy presente el poco interés de Mason en aquello que me rodeaba.

—Y pasaremos mucho tiempo a solas cuando me mude a tu apartamento, pero ellas son mis amigas y son importantes para mí. No quiero volver a cancelar planes, ya tendré que perder mucho tiempo con el entrenamiento este verano y me gustaría poder disfrutar de mis amigas y de mi novio al mismo tiempo.

—Está bien. Si es lo que quieres, iremos.

Después del almuerzo teníamos gimnasio, entrenamiento y carrera, pero había pasado media vida saliendo de fiesta tras arduos entrenamientos, por lo que no suponía un problema.

Mason decidió acompañarme él mismo al gimnasio y esperarme fuera.

También se mantuvo cerca de nosotros viéndonos entrenar en el jardín de casa repasando los movimientos de esa mañana e incluso intervino varias veces para evitar que cayera, aunque cada vez que lo hacía, provocaba que perdiera el tiempo porque me apartaba y me hacía algún comentario mordaz respecto a Kingsley dando a entender lo poco que le gustaba que él me tocara.

No volví a tener una conversación directa con Max-ibón hasta que nos calzamos las deportivas e iniciamos la carrera.

Estaba plenamente convencida de que haría alguna alusión hacia Mason y su actitud posesiva.

Incluso yo misma no había podido evitar verlo a pesar de todas las cosas buenas que Mason hacía por mí, pero…

¿Podía culparlo? Al fin y al cabo, por mucho que me negara a admitirlo solo había que ver el físico de Kingsley para que él pudiera sentirse inseguro, pero a pesar de estar significativamente bueno, había demasiadas cosas en él que me generaban rechazo.

Me había preparado mentalmente para plantar cara a alguna de sus alusiones, pero sorprendentemente permaneció en silencio y eso me parecía raro en alguien como él que aprovechaba la mínima oportunidad para presionarme.

—¿Vas a pasar todo el trayecto en silencio? —mencioné cuando habíamos alcanzado el punto de retorno y dimos media vuelta hacia casa.

—¿Ahora quieres que hablemos? —inquirió sin parecer sorprendido.

—Si lo prefieres puedo decidir sola si aceptar o no las propuestas comerciales que nos lleguen.

Escuché se le escapaba una risotada y gesticulaba en negación con la cabeza.

—¿Y acaso no lo harías de igual modo? Le dijiste a Jax que lo rechazara sin siquiera preguntarme —contestó—. No eres la única a la que han llamado, también he recibido noticias por parte de mi agente.

Me detuve en seco a pesar de que no debería hacerlo, si nos enfriábamos sería más difícil retomar la marcha. Observé como él se detenía pocos pasos por delante y luego inspiraba hondo recuperando el aliento.

—Sé que necesitas la pasta y sinceramente, me da igual en qué líos estés metido siempre y cuando no me afecten a mí o a mi familia. Lo he estado pensando y a mi también me vendría bien ganar algo de dinero.

—¿Pero? —inquirió como si ya supiera que había algún inconveniente.

—Aún estas muy lejos de un nivel mínimo de exhibición, así que solo podremos firmar con marcas a las que solo les interesen nuestra imagen.

—Por mi no hay problema, pero no necesitas fingir conmigo, Océano.

—Parecía tranquilo. Calmado. Incluso acortó la distancia que nos separaba y se acercó lo suficiente para que su brazo rozara el mío a pesar de que su vista estaba clavada en el horizonte donde el sonido de las olas rompía el silencio—.

Sé que tu único miedo es que en pocas semanas no vas a poder evitar subirte a una tabla conmigo.

Puedo interferir por ti hasta entonces como lo hice esta mañana, pero vas a tener que confiar en mí tarde o temprano si quieres que tu secreto siga estando oculto.

Confiar en Kingsley era como pedir que una víbora me clavara sus dientes, tenía la certeza de que sería un error colosal y, aún así, ¿Tenía opciones?

Sí. La de mostrar a mi padre y a todo el mundo mis propios miedos, pero lo que más temía era el terror de volver a disfrutar de algo que de algún modo sentía que ya no me pertenecía.

No era mío. No si Reef no estaba a mi lado para hacerlo.

Solo que retroceder ante una decisión o fracasar no era sinónimo de un Sinclair, aunque eso implicara un salto al precipicio.

—No confío y nunca confiaré en ti, Kingsley —afirmé contundentemente y observé como él mantenía la mirada fija en el oleaje mientras estábamos varados a un lado de aquella carretera secundaria—, pero fingiré que existe sintonía entre nosotros y formamos un equipo sólido de cara al público.

—Por mi no hay problema, siempre y cuando seas capaz de actuar. —Se irguió como si hubiera decidido que prosiguiéramos con la carrera hasta llegar a casa—. Y te subirás a la tabla conmigo.

—Ni hablar —respondí antes siquiera de pensarlo.

—¿Tienes un plan mejor? Porque a menos que decidas partirte un hueso echándome la culpa de ello, no veo cuál es tu solución.

No iba a negar que una lesión no se me hubiera pasado por la mente, pero eso tampoco iba a solucionar el problema, solo lo pospondría.

—Puedes ir sentada. Ni siquiera te obligaré a ponerte en pie o practicar alguna acrobacia —insistió como si con ello pudiera convencerme.

—Está bien. Pero será en un lugar apartado donde no nos vea nadie.

—Eso ha sonado demasiado sexy, Océano —mencionó con sorna y no pude evitar reírme—. Si no supiera que estás sumamente enamorada del pintamonas, diría que te estás ablandando.

No le respondí, simplemente comencé a correr y le adelanté para que pudiera seguir mi ritmo.

Estuvo pisándome los talones a pesar de que mantuve el sprint durante el resto del recorrido y sentía que mi corazón iba a salirse de mi pecho.

Aún así, en los últimos dos metros me adelantó y llegó primero.

Me sentía agotada, con falta de aliento y completamente sudada, pero solo podía percibir la adrenalina de una revancha.

Y ahí fue cuando noté que por primera vez después de la desaparición de Reef, mi parte competitiva regresaba.

Aquella sensación se mantuvo en mi interior martilleándome durante horas, incluso cuando Mason trajo las copas a la zona donde nos encontrábamos mis amigas y yo en el club.

Cuando me rodeó con su brazo por los hombros acercándome a él y en el momento que giré la vista para verle, pero mi novio solo mantenía la mirada fija en Kingsley, como si quisiera remarcarle que yo era su propiedad o, al menos, esa fue la impresión que me dio ya que en el momento que Kingsley miró hacia nosotros sentí como Mason me obligaba prácticamente a besarle.

¿Actuaría en su lugar del mismo modo? La verdad es que no conocía a los compañeros de trabajo de Mason, ni si había alguna mujer en la compañía que fuese cercana a él, pero yo jamás habría puesto en duda su fidelidad y, aún así, justificaba su proceder porque Kingsley era un mujeriego.

Desde que había aparecido en el club se había dedicado a revolotear entre mis amigas que no dejaban de acosarlo.

Alana, Rachel y Valeria parecían buscar el momento preciso para intervenir y captar su atención.

La única que se mantenía cerca de mí era Alana y probablemente en contra de su voluntad porque era incapaz de apartar la vista de él.

En un momento dado vi como se alejaba hacia la barra y nos quedábamos a solas. Alana intentó conversar en un par de ocasiones con Mason, interesándose por su trabajo y perspectivas dentro de la empresa. Me sorprendió que su respuesta fuera bastante cortante y mi amiga se limitó a sonreír.

¿Por qué actuaba de ese modo con ella?

—¡Chupito para todos! —exclamó Kingsley depositando una bandeja llena de mini vasos con líquido de diferentes colores.

—Tú no beberás ninguno que provenga de ese tipo —murmuró Mason y después sentí que fingía recolocarme el pelo—, porque solo yo puedo pagar tus bebidas —añadió mientras fingía normalidad y yo actuaba como si mi mente fuera incapaz de procesar el momento.

Lo justifiqué. ¿Como no hacerlo? Mason siempre era un encanto y seguramente todo se debía a unos celos infundados hacia Kingsley por la situación.

Observé como Kingsley fue pasando la bandeja una a una de mis amigas para que eligieran un vaso y cuando llegó a mi pensé en rechazarlo instintivamente, solo que me resistí, así que cogí uno de los vasos y noté como los nudillos de Mason se hundían en mi muslo haciendo que el liquido del vaso temblara.

Mason fue el único que rechazó el ofrecimiento alegando que debía conducir a pesar de tener una copa en la mano. Nadie dijo nada, pero sabía perfectamente el motivo por el que no iba a beberse ese puñetero chupito.

Tras varios brindis y acabarnos todas las copas, se fueron a bailar dejándonos solos a Mason y a mí.

Notaba como el alcohol iba haciendo efecto y sentía esa sensación de ligereza donde los zapatos de tacón que me había obligado a poner porque sabía que a él le gustaba verme así no ejercían ninguna presión en el empeine.