La Teoría de las Olas Cruzadas 10
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Corrientes que no se ven

Max

Sabía reconocer sin atisbo de duda un ataque de ansiedad. Palpitación extrema. Sudoración repentina. Respiración corta, como si el aire hubiera dejado de ser suficiente de un momento a otro y, sobre todo, la necesidad irracional de escapar, aunque no existiera ningún peligro visible.

Si. Lo conocía demasiado bien como para haberlo reconocido en ella aun cuando trataba de disimularlo.

—No tengo miedo —dijo y casi intuí por su tono de voz que trataba de creérselo ella misma.

—Aceptarlo es el primer paso para superarlo.

—Te he dicho que no tengo miedo. —Volvió a insistir y esta vez se giró hacia mí entrelazando sus piernas dobladas una encima de la otra como en una postura de meditación—. Mi único problema aquí eres tú.

—¿Por qué ocupo un lugar que es irremplazable para ti? Mira Océano, tengo mis razones para estar aquí y…

—Sé que te echaron del campeonato.

—¿Ahora te intereso lo suficiente para hacer un stalkeo por internet?

—¿De verdad esperas que crea que tú no lo has hecho conmigo? —exclamó y lo cierto es que en principio no lo había hecho, aunque eso cambió cuando la conocí.

Me encogí de hombros. No iba a confesar que en un inicio no lo había hecho, probablemente no me creería, pero que tras verla por primera vez fue inevitable buscar información sobre ella.

Era buena. Bastante de hecho. Y sin duda Patric tenía razón, la prensa se volvería loca con su regreso tras la desaparición de su hermano.

Y eso iba a poner el foco de atención en mí. Justo lo que ahora más necesitaba. Así que no pensaba marcharme sin más, al menos no hasta obtener lo que necesitaba.

—Muy bien. Si quieres que me vaya, díselo a Jax, pero también vas a decirle lo que acaba de pasar aquí. —Puede que estuviera haciendo una jugada arriesgada, pero tenía la sensación de que Jax no sabía exactamente lo que le ocurría a su hija.

Vi como cambiaba su semblante y me observaba como si deseara estrangularme con sus propias manos.

—Puedes verlo como un acuerdo favorable. Yo mantengo a salvo tu pequeño secreto, pero tú aceptas que soy oficialmente tu pareja de surf tándem. —Añadí antes de que pudiera decir una palabra.

No sabía porqué había realmente aceptado volver a competir y buscar pareja si realmente parecía no estar preparada para ello.

Hasta ahora había creído que simplemente no encajaba en lo que buscaba, pero empezaba a pensar que ese trato hostil inicial solo camuflaba su ansia por hacer lograr que me marchara y de ese modo solucionar su problema a la hora de subirse a una tabla.

¿Acaso no se daba cuenta de que si no era yo sería cualquier otro?

Su mirada fue de profundo odio, pero podía soportar su hostilidad, incluso sus insultos o desplantes. Eso no me importaba si obtenía lo que había venido a buscar. Y estaba dispuesto a llegar hasta el final antes de ver mi carrera exterminada o dejar a Harmony en la estacada.

—¿Y qué saco yo de esto? —respondió ofuscada.

Había rabia en su tono de voz, pero también se delataba a sí misma en el hecho de que su propio padre no conocía sus actuales limitaciones. Y eso, era algo que me daba cierta ventaja.

¿Por qué ocultarlo?, ¿Por qué aceptar regresar a la competición si claramente no se sentía capaz de hacerlo?

No parecía alguien que pudiera ser fácilmente coaccionada, es más, dudaba que alguien como Jax obligara a su hija volver a los campeonatos sin estar preparada.

No. Había algo más, y aunque me generaba curiosidad saber qué la había llevado a estar en aquella tesitura y porqué deseaba ocultarle a su propio padre aquello, en realidad no era asunto mío siempre y cuando me beneficiara con ello.

—Si no soy yo, será otro el que ocupe mi lugar y es posible que no esté dispuesto a ser tan comprensivo con tu situación cuando lo descubra. Puedo ayudarte a ganar tiempo.

La vi arrugar la frente como si no comprendiera porqué estaba dispuesto a hacer aquello, puede que fuera increíblemente guapa, que tuviera los ojos más preciosos que había visto en mi vida, pero no confiaba ni por un instante en ella y desde luego, no pensaba mostrarle mis cartas y hacerla consciente de cuáles eran mis puntos débiles.

Nadie. Absolutamente nadie salvo Patric y el padre de Océane, conocían mi situación real y lo que estaba en juego.

—Si te acepto formalmente como mi pareja oficial, nos convertiremos en el foco mediático. Miles de ojos estarán sobre nosotros en cada entrenamiento para seguir nuestros pasos, así que no es una opción —afirmó cruzándose de brazos y apartando la vista hacia la puesta de sol.

Estaba claro que era terca. Obstinada y cabezota al mismo tiempo.

—Entrenaremos fuera del agua —afirmé convencido—.

Eso creará aún más expectación en nosotros como equipo y si realmente podríamos convertirnos en los próximos campeones.

Tú ganarás el tiempo que necesitas y yo consigo los que he venido a buscar aquí.

—Observé que guardaba silencio como si estuviera meditando mi propuesta—.

Y si eso no funciona, siempre puedes volver nadando a la orilla…

Aunque no pesaba ser tan cabrón como para hacer algo así, esperaba que la presión la hiciera hablar.

—¿Qué has venido a buscar exactamente, Kingsley?

—A ti, belleza. ¿Que otra cosa sino? —inquirí en tono seductor mientras le guiñaba un ojo y noté como alzaba una ceja de incredulidad.

Aún así algo en su semblante había cambiado, como si estuviera realmente valorando mi propuesta y en el fondo fuera consciente de que no tenía demasiadas alternativas a su alcance.

—No esperes un trato favorable por mi parte.

—No pensaba hacerlo. ¿Eso significa que tenemos un trato? —indiqué como si fuera lo único que me importaba.

—Aún no me fio de ti. Y desde luego, sigues teniendo prohibido acostarte con mi mejor amiga. No. En realidad, tienes prohibido acostarte con todo mi grupo de amigas.

—¿La pelirroja también? —inquirí como si supiera que eso le molestaba especialmente.

—Puedes hacer lo que te de la gana con Susanne, pero ella y su pareja se postularán en el próximo campeonato de surf tándem, así que son rivales.

—Joder… —dije al saber lo que eso significaba a pesar de no tener la más mínima idea.

—Ella es la que más interés tendrá en que esto no funcione para que yo no regrese a la competición profesional.

Aunque sería incapaz de reconocerlo, mi vuelta puede suponer su derrota y eso también influiría en muchos acuerdos con marcas comerciales.

Atacará con todo lo que pueda para echar por tierra el interés que podamos causar, incluso estaría dispuesta a entrometerse si fuera necesario, ya lo intentó con mi hermano Reef hace años.

—¿Ahora admites que tengo potencial? —sonreí dejándome caer hacia atrás sobre la tabla mientras dejaba que la corriente nos arrastrara.

—Nunca he dicho que no fueras un buen surfista, es más, no entiendo porqué a alguien como tú le interesaría esta disciplina, pero eso es todo lo que vas a obtener de mí, Max-ibon.

Reí ante la forma curiosa en la que había decidido bautizarme.

—Lo tomaré como un cumplido viniendo de tu parte, pero aún no me has respondido.

¿Tenemos o no un acuerdo? —exclamé alzando ligeramente la cabeza la cabeza para verla, pero intentando hacerle creer que aquello no tenía tanta importancia cuando en realidad estaba en juego mi carrera y la salud de mi hermana.

¿Que opciones tenía si aquello no salía bien?

, ¿Instructor de surf?, ¿Clases privadas?

, ¿Camarero en algún garito donde dieran buenas propinas?

Ni siquiera había terminado la carrera universitaria porque no encontré razones útiles para quitar horas de estudio a los entrenamientos.

¿De qué me iba a servir un título académico si tendría la vida resuelta con el surf?

El arrepentimiento no era una de mis cualidades. Lanzar todas mis cartas a una única apuesta había tenido como resultado estar la cima y tenía muy claro que volvería a hacerlo, aunque ahora tuviera que atenerme a las consecuencias de la caída.

—Tenemos un acuerdo, Kingsley —afirmó tras un breve silencio que logró esbozar una sonrisa en mi cara.

—Puedes llamarme Max —dije colocándome boca abajo sobre la tabla con la intención de nadar para regresar a la orilla.

—Ni lo sueñes —arremetió enseguida y metí la mano en el agua para lanzársela sin que ella lo esperara y reaccionó rápidamente colocando una pierna en mi hombro y empujándome de la tabla para caer al agua.

Puede que apenas la conociera, ni siquiera habían pasado dos días desde que la había visto por primera vez, pero ya me había hecho una idea del carácter fuerte y vivaz con el que me había vapuleado desde el primer instante.

No estaba demasiado acostumbrado a tratar con chicas más allá de algunos encuentros y, la idea de tener que trabajar codo con codo junto a ella resultaba refrescante, sobre todo cuando había dejado muy claro que le resultaba insoportable.

Me gustaba molestarla. Provocarla. Incitarla y retarla. Y aún no sabía si era por la innegable atracción física que me provocaba solo verla o el hecho de que cada una de sus respuestas se convirtiera en un reto que los dos queríamos vencer.

Y hasta ahora no había sido perdedor.

—En algún momento lo acabaras haciendo, Océano —inquirí al salir del agua.

Se había quedado sola sobre la tabla y pude notar como su semblante volvía a cambiar al darse cuenta ella misma de aquello.

Di un par de brazadas hasta alcanzar la tabla y me alcé con rapidez para estar de nuevo junto a ella—, incluso lo dirás en tus sueños más intensos.

—La provoqué para acaparar de nuevo su atención y sacarla del momento en el que parecía estar atrapada.

—Dirás pesadillas —rugió conforme avanzábamos de regreso a la orilla.

Sonreí al saber que jamás rehusaría a una de mis provocaciones y probablemente es lo que más me intrigaba de ella.

—Llámalo como quieras, pero acabas de reconocer que estaré en tus sueños.

Volvió a lanzarme otra patada al hombro, pero esta vez no con la fuerza suficiente para tirarme al agua, lo que provocó que riera a carcajadas.

Aquello iba a ser mucho más fácil de lo que esperaba.