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Lo que se esconde bajo la superficie
Océane
La suerte de tener una mejor amiga cuyos padres eran propietarios de uno de los mejores restaurantes de Noosa, es que siempre podía comer gratis en la cocina.
Durante el almuerzo no solía estar demasiado lleno, por eso Alana solo me pedía ayudarla en las cenas, aunque era algo que no me disgustaba, era la excusa perfecta para salir a tomar algo cuando cerrábamos las comandas.
—¿Es americano?, ¿Y se ha desplazado hasta aquí? —preguntó mi amiga conforme me entregaba un plato de tagliatelle con trufa negra australiana, era uno de los platos estrella del restaurante.
—No tiene ningún sentido. Diría que está más cerca de los treinta que de los veinte y el tipo es un cretino soberbio, pero le he visto surfear. Es bueno. ¿Para qué iba a querer alguien como él aprender a hacer surf tándem?
—¿Te has molestado en preguntárselo? —contestó Alana mientras cogía la comanda preparada y yo enrollaba el tenedor en la pasta impregnada con la salsa sin lamentar haber salido pitando de casa.
—Lo único que le he dicho a Max-ibon es que espero que le pique una araña de embudo esta noche.
Mi amiga soltó una carcajada antes de perderse tras las puertas batientes que abrían hacia ambos lados del comedor y la cocina.
—¡No tiene gracia! —grité con la boca medio llena cuando regresó—. Es un petulante engreído. ¡Deberías ver como me mira!, ¡Como si se creyera un Dios que debería ser alabado!
—¿Está bueno? —exclamó Alana dejándose caer a mi lado.
—En absoluto —refunfuñé hasta el punto de que mi entrecejo se arrugó y fui consciente de ello—. Bueno, lo está si te gustan los tíos musculosos, altos y morenos. No es mi tipo en absoluto —mentí porque me frustraba la idea de que me pareciera atractivo.
«Ni de coña iba a admitir que me parecía mínimamente guapo»
—¿Tu molestia es porque no esperabas que tu padre encontrase a alguien tan rápido o porque el tipo realmente es un capullo?
—Estuve a punto de responder a pesar de tener la boca llena cuando Alana me alzó la mano—.
No. Mejor no respondas. Si es lo primero, no deberías haber aceptado la propuesta de tu padre, sabías que existía esta posibilidad.
Y si se trata de lo segundo, tal vez ha sido solo una primera mala impresión y Max-ibon no es tan malo, ¿no? , ¿Por qué lo llamas así?
—Porque es como el helado, por fuera un aspecto jugoso, pero por dentro es exactamente igual que todos, un cerdo frívolo.
Alana volvió a estallar en carcajadas.
—No tengo idea de quien es, pero empieza a caerme bien. —Miré a Alana como si escupiera fuego por los ojos—. Tienes que reconocer que al menos ha conseguido en unas pocas horas que regrese una parte de la Océane que no se dejaba ver desde hace dos años.
Aquel comentario hizo que se me hiciera un nudo en la garganta y aparté el plato dejándolo a un lado como si sus palabras rozaran ligeramente una herida abierta.
—Deberías mostrar ese carácter un poco más cuando estás con Mason —añadió mi mejor amiga en aquel silencio prolongado.
—¿A qué te refieres? —inquirí como si no lo comprendiera.
—No tengo nada en contra de él. Ha estado a tu lado todo este tiempo y ha procurado darte lo que necesitabas en cada momento, pero…
tengo la sensación de que a veces priman más sus deseos que los tuyos —confesó con cautela—.
No me refiero a la idea de marcharte a Brisbane, al final todos crecemos y podemos cambiar de parecer, pero cuando se trata de él, tengo la sensación de que siempre dejas de lado lo que te apetece hacer en ese momento solo para complacerle.
Es cierto que siempre era Mason quien proponía los planes, ya fuese una escapada, ir a cenar o pasar el fin de semana en alguna parte, pero simplemente porque yo no había estado en la situación de pensar ese tipo de cosas y él lo aceptaba.
Estaba convencida de que si fuera al revés, a él le agradaría.
Puede que fuera rígido en algunos aspectos, quizá porque su educación le había hecho ser demasiado correcto, pero en líneas generales su complacencia hacia mí lo compensaba.
—Diría que más bien que es al contrario y él es quien se esfuerza en complacerme —dije confusa.
—¿Y por eso no fuiste al cumpleaños de Rebecca?
, ¿O a la fiesta de despedida de Natalia?
Por no hablar de las ocasiones en las que nos has dejado colgadas para irte con él porque ya tenía una reserva que no podía cancelar y no podía cambiar sus planes —dijo Alana en tono neutral—.
Entiendo que te pueda parecer mucho más increíble ir a un restaurante de lujo a degustar un menú de cocina fusión que estar con tus amigas…
pero cuando la acción es repetitiva comienzo a pensar si no es una estrategia por su parte para alejarte de nosotras.
—¿Qué? Mason y yo nos vemos poco, es normal que quiera pasar todo el tiempo conmigo a solas, ¿no?
—También podría intentar conocer a tus amigos, ¿no? Si pretende que viváis juntos es porque la relación va en serio y le importas —inquirió Alana y tuve que recapacitar mentalmente en las veces que Mason había estado con mis amigos.
¿Habían sido dos?, ¿Tal vez una? Ni siquiera lo recordaba con claridad.
—Tú mejor que nadie sabes lo mal que he estado durante estos dos años.
Y Mason solo ha tratado de alejarme de aquí para poder respirar serenidad mental lejos de todos los recuerdos que hay en Noosa de mi hermano.
¿Crees que no siento su ausencia cuando vamos al pub de siempre y a pesar de que mire en todas direcciones se que él no estará entre la gente?
, ¿O cuando desayunamos pizza a las cinco de la mañana en la playa solo para ver la salida del sol?
, ¿O cuando sé que él no formará parte de todos los momentos decisivos de mi vida?
, ¿O cuando soy consciente de que en el momento que me suba a una tabla con alguien y me gire par verle, descubriré que no será él?
—En ese punto mis ojos se volvieron cristalinos y sentí como Alana me abrazaba y yo seguía con los brazos inertes sin desear que toda esa rabia acumulada explotara.
—Si no lo dejas salir, el dolor continuará martirizándote, Océane.
—¡Es que no quiero que salga! —grité sintiendo que una parte de mí se rompía.
—Estaré aquí para lo que necesites —escuché mientras era incapaz de abrir los ojos porque si lo hacía estaba segura de que las lágrimas comenzarían a salir sin cesar.
Nos quedamos en silencio hasta que la madre de Alana nos trajo el postre, una tarta de mousse de limón y que siempre había sido nuestra favorita desde pequeñas.
—Tú si que sabes como consentirnos —dije con la voz entrecortada.
—Podéis ir fuera a comerla, puedo atender perfectamente a los comensales que quedan —contestó con esa amabilidad que la caracterizaba.
Alana recogió la tarta y ambas salimos al porche exterior de madera con vistas al mar, sin duda era el gran atractivo del lugar, aunque su comida también valiera la pena.
En el momento que metí la cuchara en la tarta intacta y me la llevé a la boca, la explosión de sabor dulce con el amargor del limón era tan exquisito que cerré los ojos de auténtico placer.
El olor del agua salada, el viento que nos refrescaba y el sonido de las olas impactando contra las rocas lo convertían en algo especial, pero también en mi hogar.
¿De verdad iba a lograr sentir aquello en Brisbane?
Las palabras de Alana poco antes de salir no habían caído en un pozo sin fondo.
Marcharme era de por sí la solución lógica teniendo en cuenta que Mason tenía su vida en la ciudad, pero también era la forma de escapar de una vida que ya no me pertenecía, de encontrar mi propio lugar en el mundo, ese en el que parecía que en mi ciudad natal había dejado de encajar.
—Esta será una de las cosas que más echaré de menos cuando me vaya —admití volviendo a coger otra cucharada.
—Esperemos que también sea la excusa por la que regreses —sonrió Alana cómplice de que a pesar de lo que sucediera entre nosotras, siempre seríamos mejores amigas.
—¿Regresar de donde? —La voz atrajo la atención de ambas y en ese momento contemplé como el sol se reflejaba en el rostro inmaculado del Max-ibon haciendo que se le marcaran los pectorales y los músculos de los brazos a través de la camiseta.
—¿Tú que demonios haces aquí? —exclamé sin cortarme.
Sin cortarse una pizca, cogió una de las sillas y le dio la vuelta para sentarse a horcajadas en nuestra mesa y con la vista frente al mar.
Alana no dejaba de observarle absorta, hasta podía atisbar la babilla cayéndose por una de las comisuras de la boca y desde luego no era por lo exquisita que estaba la tarta de limón.
—Perdona por la intrusión, preciosa. Soy Max, su nuevo compañero, encantado de conocerte. —Vi como le ofrecía la mano y Alana parecía no reaccionar.
—En-can-ta-da —consiguió decir con la boca medio llena y con la mano contraria porque hasta era incapaz de coordinar soltar la cuchara sin dejar de contemplarle.
Bufé mientras rodaba los ojos suponiendo que iba a causar el mismo efecto hipnotizador en todas mis amigas, algo a lo que evidentemente parecía estar acostumbrado aquel tipejo.
—Puedo llamarte preciosa, si quieres, pero me encantaría conocer tu nombre —dijo con una voz suave, rasposa y evidentemente entrenada para ese tipo de situaciones.
En ese momento sentí las mejillas de mi amiga rojas y supe que estaba perdida.
—Creo que he olvidado hasta mi nombre —soltó Alana provocando que él sonriera.
Bufé mientras rodaba los ojos y vi como Alana se giraba hacia mí y colocaba una mano delante de su boca para que él no pudiera leerle los labios mientras me decía:
«He desbloqueado una nueva necesidad»
—Por si no te has dado cuenta, estoy ocupada e interferir en una conversación privada es de mala educación —intervine sin importarme que mi mejor amiga pudiera beber los vientos por ese tipo al que ya había declarado que odiaba.