La Teoría de las Olas Cruzadas 4 #2
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—Date una ducha y vístete, o al menos ponte una camiseta. Te espero fuera. —Alcé una ceja como si no entendiera nada. ¿Donde quería que fuésemos? —Cinco minutos o perderás la única posibilidad que te queda de recomponer tu carrera.

No tenía ni idea de qué tenía en mente, pero si tenía claro que necesitaba esa ducha para despejar el dolor de cabeza.

Cuando volví a entrar en la habitación no había rastro de las dos chicas con las que había compartido mi cama esa noche y casi agradecí no tener que lidiar con un segundo encuentro o dar un número de teléfono falso para no volver a verlas.

Ya había experimentado demasiadas veces lo que significaba una mujer insistente y prefería no volver a correr el riesgo.

El motor de mi camioneta estaba encendido, así que imaginé que Patric había cogido las llaves de la entrada. Me subí al asiento del copiloto sin decir nada.

—¿Y bien?, ¿Donde se supone que vamos?

—Ponte el cinturón, el camino es un poco largo.

Condujo durante una hora y media por la carretera que bordeaba la costa hasta que llegamos a una playa menos concurrida que no había frecuentado desde que me alojaba allí.

Las olas no eran intensas, sino más bien largas y menos altas, no tenía ni idea de qué motivo tenía Patric para llevarme hasta allí.

Observé que había algunos surfistas principiantes, así que aguardé esperando una de esas charlas profundas que bien podrían pertenecer al propio Charlie.

Probablemente si aun siguiera con vida me diría que ese sería mi futuro a menos que enderezase mi vida y que sería un completo desperdicio de potencial si lo hacía.

¿Y acaso no era eso lo que me esperaba los próximos meses?

Podía entrenar, pero no competir y si quería mantenerme en forma para el próximo campeonato, aunque no supiera si podría participar, no existían demasiados trabajos con los que poderlo compaginar, eso sin contar con los gastos que suponía el equipo que había detrás.

Yo no podía permitirme gastar mis ahorros en una posibilidad y dejar a Harmony en la estacada si todo salía mal.

—Hay un modo de que obtengas todo lo que necesitas.

Restaurar tu imagen, recuperar patrocinadores y continuar entrenándote —dijo mirando hacia el horizonte donde se encontraban esos principiantes que apenas sabían sostener una tabla y menos aún mantenerse en equilibrio antes siquiera de que llegase la ola.

—¿Te refieres a competir en pequeños torneos?, ¿Como un principiante? —pregunté sabiendo que eso no iba a beneficiarme en absoluto.

—No. Mira más allá —contestó indicando una zona de la extensa playa donde no había tanto movimiento de personas.

Me detuve a observar a la pareja que surfeaba sobre la misma tabla y como el chico alzaba a su compañera realizando una acrobacia.

—¿Surf tándem? Ni siquiera tienen competiciones regulares.

—Es la solución a todos tus problemas. Son muy aclamados en multitud de eventos y es una oportunidad única de limpiar tu nombre.

Ni siquiera consideré que estuviera hablando en serio, ¿Que cojones sabía yo sobre el surf tándem?

—Antes de decir que es una idea pésima, que lo es. ¿Tu brillante propuesta es que busque a una chica para hacer surf tándem, entrenemos juntos y nos mostremos en eventos? Habrán pasado seis meses antes de que encuentre a una surfista decente que sea capaz de…

—En primer lugar, se ha convocado nuevo campeonato de surf tándem y la cuestión no es buscar una surfista adecuada, sino lograr que te escoja la última campeona. Buscan a un compañero que pueda sincronizarse con ella.

—¿Buscan?, ¿No lo hace ella? —exclamé extrañado.

—El padre de la chica es su entrenador, así que es a él a quien tienes que convencer primero.

—¿Y que te hace pensar que yo podría encajar? —pregunté sin considerar aun la idea como una posibilidad.

—Eres competitivo. Y desde luego eres bueno sobre la tabla.

Dudo que encuentren a alguien mejor que tú, pero tu actitud es tu talón de Aquiles, quizá entrenar con una compañera haga que la federación te vea con otros ojos.

Además, su vuelta sería muy mediática y desde luego te lloverán los contratos y patrocinadores ligados a su imagen.

No estaba muy puesto en surf tándem, así que no tenía idea de quien se trataba, pero la idea no me resultaba desagradable.

—¿Qué le pasó a su último compañero?, ¿Por que no compiten juntos si ganaron el último campeonato?

—Es más complejo de lo que parece. Su compañero era su hermano gemelo y, al parecer el mar se lo tragó el mar hace dos años cuando salió a surfear un día de temporal.

Durante todo este tiempo ella ha estado retirada del surf por completo, de ahí que su regreso sea muy aclamado.

En tu situación, esta puede ser tu mejor baza, podría decirse que la única que te devuelva la credibilidad que necesitas.

—¿Has averiguado todo esto en un par de horas? —exclamé observándole fijamente.

—Jax y yo competimos juntos durante años. La búsqueda para el compañero de su hija es muy selectiva y privada, no quieren hacer público que volverá a competir hasta encontrar un compañero.

—Ni siquiera sabría por donde empezar… —murmuré volviendo la vista hacia la pareja que acababa de caer al agua.

Durante toda mi vida había entrenado solo, dependiendo únicamente de mi propia exigencia, no tenía idea de lo que podía significar entrenar con otra persona y más aún de empezar desde cero en algo completamente desconocido.

—No es que tengas muchas opciones. Y podría ser la solución a todos tus problemas.

Me crucé de brazos fijándome con más detenimiento en la pareja que volvía a subirse a la tabla y comenzaban a surfear juntos hasta que ella se alzó sobre él colocándose sobre sus hombros.

No podría ser tan difícil, ¿no? Podría seguir entrenando, conseguir nuevos patrocinadores y dinero de exhibiciones. ¿Que opciones tenía?

—¿Donde está? —pregunté sin volver la vista hacia Patric.

Noté como colocaba una mano sobre mi hombro y lo apretaba.

—Australia. Hay un vuelo a primera hora de la tarde, deberías ir cuanto antes si te interesa, o cerrarán la selección.