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Romper antes de rendirse
Max
¿Permanente?, ¿Había oído permanente? No un año, ni tres o cinco, sino para siempre.
—¿Está diciéndome que en seis meses decidirán si soy readmitido o se me prohibirá participar en un certamen para siempre?
—Así es —confirmó como si se tratara de una trivialidad sin importancia.
El surf era toda mi vida, ¿Qué demonios iba a hacer si no me dejaban volver a competir?, ¿Y como demonios iba a continuar sufragando los gastos si dejaba de ser ser surfista profesional?
—Deberá elegir que es más importante para usted, señor Kingsley, si el surf o su imagen pública. Y debe hacerlo ahora. Si sale de esta sala sin firmar el documento de confidencialidad, nos veremos obligados a prohibir su participación de forma indefinida.
No hacía falta ser un genio para saber que me estaban presionando y que, el hecho de no dejarme entrar acompañado solo era para que me sintiera acorralado y dispuesto a firmar ante las repercusiones de no hacerlo.
Una parte de mí se negaba por completo a ello.
No solo rehusaba, sino que no estaba dispuesto a ser sometido a dicho juego a pesar de haberlo iniciado yo mismo.
Les habría enviado a tomar por culo y roto aquel acuerdo de no ser porque la imagen de mi hermana Harmony se aparecía una y otra vez en mis pensamientos.
No podía jugármela sin más. Aunque fuera me esperasen acuerdos muy jugosos que podrían sostener mi economía durante un tiempo.
Después, ¿qué?, ¿Dedicarme a dar clases el resto de mi vida?
, ¿Renunciar a las competiciones para siempre?
Llevaba deseando demostrar de lo que era capaz los suficientes años para renunciar sin más.
Cogí el bolígrafo que habían dispuesto en la parte superior del documento y lo firmé sin siquiera leerlo. No tendría la paciencia para hacerlo sin soltar lo que me parecía todo aquello, simplemente plasmé mi nombre y me levanté.
—Lo veremos dentro de seis meses, señor Kingsley. Siempre y cuando cumpla con su parte del acuerdo, por supuesto.
—Nos veremos en seis meses —afirmé a pesar de lo que ello significaba.
No volví la vista, salí por la misma puerta por la que había entrado sin mirar atrás y comprobé que Patric aguardaba en el mismo asiento. Se levantó en cuanto aparecí y por mi rostro mostró evidente preocupación.
—¿Ha sido peor de lo que imaginaba? —clamó en cuanto acorté la distancia suficiente.
—Ha sido una encerrona —afirmé de mal humor sin detenerme, sino que continué sabiendo que me seguiría el paso, necesitaba salir de allí y, sobre todo, asimilar lo que acababa de ocurrir.
—Eso me ha quedado bastante claro desde el instante en que no me han dejado entrar contigo. ¿De cuánto ha sido la sanción?
No contesté, sino que me coloqué las gafas de sol justo antes de salir el edificio y notar como la prensa volvía a percatarse de mi presencia, al igual que cuando llegué, me mantuve en silencio, pero no por una estrategia premeditada, sino porque ahora era muy consciente de lo que estaba en juego.
—Escúpelo de una vez —mencionó Patric.
—Querían que firmase un acuerdo de confidencialidad en el que acepto no hablar de lo sucedido con la prensa y me mantendré alejado de los medios de comunicación y las redes sociales hasta que acabe todo este revuelo. De lo contrario, me expulsarán de la federación de por vida.
—Dime que no has mandado tu carrera a la mierda —inquirió Patric en una pregunta que más bien sonaba a afirmación.
—Para tu sorpresa he firmado el puto documento de los cojones.
Patric movió el volante hacia un lado de la carretera ocupando el arcén.
—¿Que has hecho qué?
—Si salía de allí sin firmarlo, era expulsión directa. No tenía opciones.
—Y has firmado por Harmony, ¿no?
—No importa porqué he firmado, lo he hecho y punto.
—¿Podrás competir el año que viene? —exclamó Patric volviendo a arrancar el motor.
—Tendré una revisión en seis meses para comprobar que he cumplido mi parte del acuerdo y decidir si puedo o no competir.
Escuché como mascullaba y mantenía el semblante serio.
—No voy a decir que no me esperase algo así, de hecho había dado por descontado que te tendrían suspendido tres años, pero dentro de lo malo, esta puede ser una mejor opción para ti.
—Si… —refunfuñé—. Una opción de mierda teniendo en cuenta que me pueden joder la vida igualmente en seis meses si les apetece.
—Dentro de tus posibilidades, esta es la mejor baza y está claro que no pensaban dejártelo pasar. El campeonato no es un circo de feria muchacho, y van a dar ejemplo con tu caso.
En ese momento mi teléfono comenzó a sonar y lo saqué del bolsillo del pantalón y leí el nombre de mi agente en la pantalla.
Imaginaba que tenía cierta presión sobre cerrar los acuerdos de entrevistas en televisión y no iba a hacerle ninguna gracia saber que había firmado un cuerdo confidencial sin su presencia.
Decidí declinar la llamada y hablar más tarde cuando hubiera procesado lo ocurrido, o al menos, hasta que no sintiera la necesidad de romper algo. Así que apagué el teléfono y me encerré en la habitación en cuanto llegué al lugar en el que me hospedaba.
Esa misma noche salí de fiesta. Que tuviera que mantener un perfil bajo no implicaba que no pudiera divertirme, así que si no podía pagar mi frustración con los puños, lo haría con el alcohol y el sexo.
En cuanto abrí los ojos a la mañana siguiente sentí el zumbido que martilleaba en mi cabeza hasta el punto de que noté mucho después unos golpes sin comprender de donde provenían.
Tanteé la mesita de noche buscando el teléfono para ver la hora, pero no había ni rastro del mismo y, cuando hice ademán de salir de la cama, me di cuenta de que tenía un cuerpo a mi lado, el calor y la suavidad me hizo recordar escenas vagas de la noche anterior y cuando entrecerré los ojos comprobé que no era solo una, sino dos chicas las que habían decidido venir conmigo a divertirse.
Irónicamente no recordaba casi nada.
Volví a escuchar los golpes y sentí el quejido de una de ellas acomodándose en la cama ahora que tenía más espacio al alzarme.
Estaba completamente desnudo así que tanteé hasta encontrar un bañador tirado de mala manera y me lo puse de camino a la entrada.
Ni siquiera miré de quien se trataba, simplemente abrí y tuve que cerrar los ojos al instante cuando la luz diurna me dio en toda la cara.
—Está vivo, aunque en pésimas condiciones —dijo la voz de Patric e inmediatamente después me estampó algo en el pecho y comencé a escuchar a Héctor, mi representante.
¡Mierda!, ¡No le había devuelto las llamadas!
—¡Se puede saber donde mierdas te has metido, Max! —oí al otro lado del teléfono mientras Patric se cruzaba de brazos y mantenía ese gesto neutro que no me hacía adivinar absolutamente nada de lo que pensaba.
Sin duda era un jugador de póker altamente experimentado.
—Mira Héctor, tengo un dolor de cabeza de la hostia, así que…
—¡Te aseguro que tu dolor de cabeza será el menor de tus problemas!
Se ha filtrado que estás expulsado de la competición, Max.
Y la propia federación lo ha confirmado, pero lo peor es que se rumorea de una posible sanción de tres años.
Ya he recibido ocho correos electrónicos en lo que va de mañana de tus patrocinadores cancelando tus contratos hasta que seas readmitido. ¿Entiendes lo que eso significa?
No. Eso era imposible. Mis contratos estaban en vigor.
—¿Qué? —exclamó. Mi lucidez regresó como si le hubieran lanzado agua helada en la cara—. Son contratos en regla que no han caducado, no pueden cancelarlos sin una sanción económica, ¿no? —grité comenzando a sentir una presión en el pecho completamente nueva.
—Te recuerdo que tus contratos de publicidad están vinculados no solo a tu imagen sino a la visibilidad que garantizan tu participación en las competiciones.
Tal vez si haces algunas apariciones televisivas y te mantienes activo en redes, puede que te consiga algunos contratos de spot publicitarios aleatorios, pero…
—No —negué alzando la vista para mirar a Patric que continuaba con la misma expresión—. No puedo hacer ningún tipo de declaración, ni aparecer en medios o compadecer ante ellos. No si quiero ser readmitido en la federación.
El silencio al otro lado de la línea fue tenso, ni siquiera tuve presente que no estábamos solos y que había dos chicas durmiendo en mi cama, eso me hizo salir a la parte de atrás que daba a un jardín común donde se encontraba la piscina.
Por algún motivo mi entrenador no me siguió, sino que se quedó esperando.
—Será mejor que te busques otra fuente de ingresos, Max.
Sin exposición y sin poder competir, no puedo hacer nada por ti.
Llámame cuando tu situación cambie. —Ni siquiera me dio tiempo a contestar, directamente colgó la llamada y me quedé durante varios segundos observando la pantalla negra de la que no salía ninguna voz.
Había perdido la posibilidad de ganar esa competición y clasificarme. No podría competir en los nacionales y mucho menos en el mundial. No obtendría ingresos durante los próximos meses y tendría que alejarme de las redes y de los medios todo lo posible para ser readmitido.
¡Joder! Tenía ahorros suficientes para los próximos meses, pero… ¿Y si la federación decidía no readmitirme?
—Salir de fiesta, emborracharte y llevarte a dos chicas a la cama no es la mejor forma de redimirte, Max.
—No necesito ahora uno de tus sermones. Puedes ahorrártelo, Patric.
—Muy bien… pues sigue así y en seis meses te convertirás en el ex-surfista fracasado que se limita a dar clases a niños durante el verano porque no fue capaz de tragarse su orgullo por una maldita vez.
—¿Y qué demonios quieres que haga?, ¡Estoy en la mierda!, ¿O es que no has oído a Héctor? No tengo patrocinadores, no tengo ingresos y no puedo competir. ¿Qué cojones quieres que haga?, ¡Ah, sí! Tampoco beber, ni follar…