La Teoría de las Olas Cruzadas 1 #3
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—¿Qué ocurre? —pregunté ante el silencio de ambos y la evidente irritación que mostraba mi padre en la cara.

Escuché como él emitía un chasquido y mi madre lo observaba con aquella mirada que indicaba que guardase la calma, algo que parecía haber olvidado desde que ya no estaba Reef.

—Recibiste una llamada mientras estabas fuera —comenzó a decir mi madre con suavidad—.

Tu padre creyó oportuno responder cuando vio que era un número no registrado, pensó que tal vez era de nuevo algún periodista creyendo que al acercarse el aniversario estarías dispuesta a hacer un artículo, pero se trataba de una empresa de Brisbane que había recibido tu currículum y están interesados en concertar una entrevista.

—¿Cuándo pensabas decirnos que tus intenciones son las de marcharte a Brisbane? —intervino mi padre sin dejar que respondiera.

—No era una decisión firme, solo estaba contemplando mis posibilidades…

—Eres bióloga marina, ¡Por el amor de Dios!, ¡Brisbane ni siquiera está cerca del mar!

Si. Eso era cierto. Mis únicas posibilidades eran las de trabajar en un laboratorio y no en campo como habría estado siempre en mis preferencias, pero mis prioridades ahora habían cambiado.

—Lo que a tu padre y a mi nos gustaría saber es si esta decisión viene de ti, Océane. Es lógico que Mason y tú queráis estar cerca, pero tú siempre has querido vivir cerca del mar, ese ha sido siempre tu deseo.

—Es una decisión mía —mentí con descaro.

Mason llevaba meses presionándome para tomar esa decisión, tal vez no de un modo directo, pero sí que no dejaba de insistir en la idea de todos los planes y proyectos que podrían llevar a cabo si me transfería a Brisbane con él.

No solo por un futuro mucho más estable, ya que su puesto de trabajo era importante y sus perspectivas de ascenso notorias, sino porque la ciudad nos permitía forjar un futuro prometedor a ambos, aunque muy lejos de todos esos sueños que había proyectado en mi infancia.

—¡Esto es absurdo!, ¿Crees que marcharte lejos de aquí es la solución?, ¡Tu vida está ahí fuera! —indicó señalando el gran ventanal que tenía vistas al mar.

—¡Basta! —exclamé logrando que me mirase con expectación—. El surf se ha acabado para mí, papá. ¡Y Voy a irme te guste o no!

Vi como emitía un sonido de exasperación y mi madre susurraba su nombre como si fuera una advertencia para que no dijese ninguna imprudencia.

—Puedes huir cuando quieras, pero no puedes escapar de algo que llevas en tu sangre —refunfuñó mientras recorría el salón para salir por la misma puerta por la que yo había entrado y que daba al jardín exterior.

Sabía que no se lo iba a tomar bien, pero pensé que podría tener la oportunidad de allanar el territorio mientras planeaba una estrategia.

Ahora la situación iba a ser mucho más tensa y desagradable, sobre todo porque no deseaba marcharme en esas circunstancias, teniendo presente que ya había perdido un hijo y que ahora tendría la sensación de haber perdido también a la que le quedaba.

—Dale tiempo… sabes como es —susurró mi madre y me acerqué hasta el sofá dejándome caer sobre los cojines que se adaptaban a la forma de mi cuerpo.

—No me estoy marchando a la otra punta del mundo… —advertí cogiendo uno de los cojines que tenía debajo y abrazándolo contra mi pecho.

Sentí como mi madre se sentaba a mi lado y su pierna rozaba la mía. Siempre había sido hermosa y ahora, a pesar de los años y las arrugas marcadas alrededor de los ojos o las canas que se avistaban entre su cabello castaño claro, seguía irradiando esa belleza etérea.

—Las dos sabemos que el problema no es que te marches, Océane.

Tu padre y yo siempre hemos sabido que un día Reef y tú buscaríais vuestro propio camino.

—Hizo una pausa como si la simple mención de mi hermano la dejara sin aliento—, siempre y cuando fuera lo que realmente deseabais.

Perseguir un sueño es mucho más alentador que conformarse.

No os educamos para que os limitaseis, sino para que volarais muy alto.

Si realmente quieres irte a Brisbane porque amas a Mason y deseas una vida a su lado, yo estaré de tu parte, pero tienes que convencer a tu padre de que es tu decisión y no su influencia la que te ha llevado a esa determinación.

Inspiré y me eché hacia atrás mientras exhalaba todo el aire contenido.

—No va a cambiar de idea. Nunca ha soportado a Mason —afirmé cerrando los ojos.

—Que no coincidan en su forma de ver la vida no significa que no lo soporte.

Lo tolera, y es consciente de que ha estado a tu lado en los momentos más difíciles, cuando ni siquiera él o yo hemos sabido reconfortarte como merecías porque teníamos que combatir con nuestro propio dolor, pero anteponer los deseos de Mason sobre los tuyos, no te dará la felicidad que esperas.

No puedes construir tu mundo entorno a alguien, cariño.

—No lo estoy haciendo, solo quiero explorar mis posibilidades.

—Entonces plantéale eso a tu padre.

Volví a suspirar.

—Como si fuera tan fácil hablar con el…

—Él solo quiere lo mejor para ti, Océane. Y si tu felicidad está en Brisbane, lo aceptará.