Capítulo 15 #5
Un placer ardiente latía por el cuerpo de Chiara; apretó los dientes para reprimir los sonidos que le subían por la garganta.
Cadrim alzó la vista hacia ella desde entre sus pechos.
—Me encantan los sonidos que emites. —Sus dientes rasparon su pezón y Chiara se llevó la mano a la boca para ahogar su placentero grito.
—No dirás eso cuando tus guardias irrumpan en la habitación para ver qué pasa.
Él sonrió.
—Ven aquí —le pidió ella de nuevo y lo atrajo hacia sí para besarlo. Sus manos le recorrieron la piel, tan cálida y suave. Disfrutó del juego de sus músculos y de la deliciosa presión en cada punto donde sus torsos desnudos se rozaban.
La boca de Cadrim se deslizó por su cuello hasta su oreja. Esta vez ella no lo dejó hacer. Le empujó los hombros con suavidad hasta que él quedó tumbado de espaldas y ella se alzaba a medias sobre él.
—¿Qué pretendes? —preguntó Cadrim con voz gutural.
Sorprendida de su propio valor, Chiara sonrió con picardía.
—Déjate sorprender. —Inclinó la cabeza, rozó apenas sus labios, mientras su mano acariciaba sin cesar su pecho hasta llegar a su abdomen.
La respiración de Cadrim se aceleró. Chiara le deslizó la pierna entre las rodillas, de modo que su muslo presionó contra el enorme bulto en su entrepierna, mientras el muslo de Cadrim le rozaba el lugar que reclamaba cada vez con más urgencia su atención.
Los músculos del interior de Chiara se contrajeron de deseo, su cadera se movió por instinto y tuvo que contenerse para no cabalgar sobre el muslo de Cadrim.
Cadrim soltó un gemido ronco mientras los labios de Chiara se deslizaban hasta el lóbulo de su oreja y empezaban a jugar con él: lo chupaba y lo mordisqueaba.
—¡Oh, Dios! —jadeó él ahogado y se mordió los nudillos. Su abdomen se arqueó. Siguiendo un impulso repentino, Chiara pasó la rodilla al otro lado para sentarse a horcajadas.
Su dureza se apretó justo donde ella se había vuelto tan blanda y húmeda. Ambos inspiraron con un silbido. Cadrim la miró con los ojos muy abiertos. Sus manos se posaron en su cintura cuando ella empezó a moverse adelante y atrás de forma automática.
—No —jadeó él y sacudió la cabeza con vehemencia—. Por favor, no.
Sobresaltada, Chiara se detuvo. Había pensado que para él era tan abrumador y delicioso como lo era para ella.
—¿No te gusta? —Todo en ella ansiaba continuar con lo que había empezado. Le ardía el bajo vientre—. Lo siento.
Cadrim rodó sobre ella y presionó sus labios con vehemencia contra los suyos.
—No es eso —explicó sin aliento—. Me gusta demasiado —confesó entre besos—. Y son los únicos pantalones que llevo aquí.
—¿Te refieres a…? Oh. —Chiara enrojeció, tomada por sorpresa, al comprenderlo.
—Adoro cómo se te ve cuando te alcanzan tus pensamientos indecentes.
—Desplazó su peso y trazó con los labios un sendero ardiente hasta su ombligo.
Las rodillas de Chiara se abrieron para darle paso.
Esta vez no se entretuvo mucho con su ropa interior, sino que simplemente se la quitó.
Se detuvo un instante para contemplar a Chiara en su desnudez total.
Esta vez ella no sintió pudor, porque sabía cuánto le gustaba a él lo que veía allí.
Sin embargo, cuando él inclinó el rostro hacia su zona más íntima, una punzada de decepción la atravesó. Aunque su cuerpo temblaba de placer, ansiaba más. Chiara le puso una mano en el hombro para que la mirara.
—Te quiero entero, por completo.
Cadrim se detuvo. Ella notó cómo se le tensaban los músculos, como si luchara con todas sus fuerzas por mantener el control.
—Eso sería muy imprudente —advirtió tembloroso—. Por muchas razones.
—Me da igual. —Quizás aquella fuese la única noche que le estuviera concedida con él.
—A mí no. —Presionó la boca contra su centro palpitante—.
Te juro que también encontraremos una solución para eso.
—Su lengua la acarició con ternura—. Hay hierbas y pociones que pueden evitar un embarazo.
Y hasta entonces —la miró con ardor—, te mimaré de todas las formas imaginables.
—Su rostro se hundió de nuevo entre sus muslos y Chiara se rindió a la tormenta de sensaciones y emociones que él desataba en ella.
Él chupaba y acariciaba, besaba y mimaba su centro con los dedos, la lengua, la boca, hasta que Chiara se olvidó de todo lo demás. Era fuego líquido, pura delicia y magia pura, que la elevaba cada vez más alto, hasta que ya no pudo soportar la tensión y estalló en fuegos artificiales de amor y luz.
Le zumbaban los oídos mientras volvía poco a poco al aquí y ahora. Cadrim estaba arrodillado entre sus piernas, asombrado, mientras pequeñas chispas luminosas descendían a su alrededor hasta el suelo. Sonrió embelesado antes de plantarle un último beso.
—Nunca había vivido algo así.
Una oleada de bochorno embargó a Chiara.
—He perdido el control por completo.
—Me alegra oírlo. —Satisfecho de sí mismo, Cadrim se estiró a su lado, se secó el rostro con el dorso de la mano y atrajo a Chiara con fuerza contra su pecho—. La vez anterior no hubo unos fuegos artificiales así.
—Es que mi magia se ha vuelto más fuerte.
—Ay. —Le buscó la boca—. Y yo que pensaba que era por mí.
Ella sostuvo su mirada con seriedad.
—También lo es —le aseguró—. Por siempre jamás.
Él sonrió antes de besarla de nuevo. Su bajo vientre se apretó contra ella y le recordó a Chiara que, a diferencia de ella, Cadrim distaba mucho de estar satisfecho.
Su curiosidad despertó. Además del deseo de regalarle un placer igual de inolvidable, quería explorarlo como él había hecho con ella. Quería percibirlo con todos sus sentidos.
Sus dedos descendieron por su columna vertebral hasta alcanzar sus nalgas.
Tímida, Chiara deslizó la mano por ellas y se deleitó al ver cómo se le tensaban los músculos.
Cadrim se quedó rígido un instante, mientras disfrutaba del contacto a ojos vistas.
Animada así, ella llevó la mano hacia su vientre plano y siguió bajando hasta la cinturilla de sus pantalones.
Cadrim inspiró con brusquedad cuando ella, con una sonrisa atrevida, deslizó los dedos un poco hacia dentro.
—Vas a acabar conmigo —susurró con voz velada.
—Tranquilo. Sé lo que hago —le prometió ella con descaro, antes de ponerse a cuatro patas y bajar a su vez la boca por su cuerpo.
Cadrim se mordió de nuevo los nudillos para ahogar un gemido grave. Se le dilataron tanto los ojos que parecían querer salirse de las órbitas mientras se quedaban fijos en su desnudez.
—Te amo —balbuceó indefenso—. Te amo tanto.
Chiara le desabrochó los pantalones y se los bajó junto con la ropa interior.
Liberado de la tela que lo apretaba, su miembro endurecido se irguió de inmediato hacia ella.
Una sola gota transparente brillaba en su punta, tan turgente e hinchada que parecía que cualquier roce pudiera hacerla estallar.
Antes de poder pensar en lo que hacía, Chiara se inclinó y lamió la gota. Tenía un sabor salado inesperado, pero no desagradable.
Las caderas de Cadrim se dispararon hacia arriba como si las hubiera alcanzado un rayo, una maldición ronca escapó de sus labios mientras miraba a Chiara atónito.
—No tienes por qué hacer eso —jadeó, dominándose con dificultad.
—¿Por qué no? —Se inclinó más, y solo ese movimiento, el atisbo de lo posible, hizo que Cadrim tensara todos los músculos.
—Oh, Dios. —Clavó los dedos en la sábana—. Porque eso… —Jadeó—. Porque eso… quizás no sea agradable para ti.
Chiara acarició suavemente con el pulgar su glande, en el que ya se formaba la siguiente gota.
—¿Te resultó desagradable a ti cuando estuviste conmigo…? —No sabía cómo nombrarlo, pero él la entendió de todos modos.
—No. —Una sonrisa embelesada le asomó a los labios—. Adoro cómo sabes en mi lengua.
—Y yo te amo. —Se inclinó y envolvió con los labios su turgente glande.
Cadrim soltó un gemido, casi un ladrido, y sus dedos se cerraron sobre el camisón, que por azar reposaba a su lado. Se lo apretó contra la boca para ahogar los sonidos de su placer.
Saber que era ella quien provocaba aquello resultaba excitante y embriagador, como si fuera a la vez sierva y reina.
Los labios de Chiara se deslizaron más abajo, acogiendo más en su boca, y la uve de músculo sobre las caderas de Cadrim se tensó como el cabo de un barco. Animada así, se ayudó con la mano, deslizándola arriba y abajo por su erección, mientras acariciaba, lamía y chupaba su sensible glande.
El profundo gemido que, pese a la tela que mordía, vibraba a través de su cuerpo volvió a encender el de Chiara, que se perdió en la danza voluptuosa de sus manos, labios y lengua.
De pronto, Cadrim le puso la mano en la mejilla y le levantó el rostro con decisión. Antes de que ella pudiera protestar o preguntar qué pasaba, su cuerpo se tensó una última vez y su semilla se le derramó caliente sobre la mano.
Chiara se mordió el labio inferior mientras contemplaba el eco de las pulsaciones. Le habría encantado saber cómo se habría sentido en su boca. La próxima vez no dejaría que él la detuviera.
Cadrim retiró el camisón de su rostro y le secó la mano con él.
—¿Quiero saber qué significa esa expresión tan encantadora y de una picardía deliciosa en tu cara?
—Su voz sonaba ronca y áspera. Un rubor le subió a Chiara por las mejillas.
Él carraspeó mientras extendía los brazos hacia ella—.
Eso fue… —Se detuvo y sacudió la cabeza—. No tengo palabras para describirlo.
—No hacen falta. —Chiara se acurrucó contra él, apoyó la sien en su hombro desnudo y, abrumada, alzó la vista hacia su rostro. Aquel era el momento más perfecto y hermoso de toda su vida.
Cadrim la atrajo hacia sí y le besó la frente.
—De verdad podría acostumbrarme a esto. No me refiero a lo que acabamos de hacer… —se apresuró a corregirse—. Aunque, por supuesto, eso tampoco es de despreciar. Pero —su mano la recorrió cálida sobre la piel—, el simple hecho de poder tenerte en mis brazos vale para mí muchísimo más.
Chiara le acarició el pecho con los dedos.
—Sé a qué te refieres.