Capítulo 12 #4
En cuanto la criada se hubo marchado, Chiara invocó su magia y cubrió el último tramo sin ser vista.
Los guardias frente a la puerta de Cadrim hablaban entre ellos en voz baja.
Chiara se acercó cuanto se atrevió y se inclinó para quedar a la altura de la cerradura.
Tuvo suerte. La estancia tras la puerta estaba sumida en la oscuridad. Cadrim, por tanto, no estaba allí.
Con cautela, Chiara retrocedió hasta quedar fuera del campo de visión de los guardias y se apretó contra la sombra de una estatua.
Concentrada, evocó cada detalle del rostro de Cadrim.
Los ojos verde bosque, el cabello tupido y oscuro, la sombra de la barba en el mentón, los pómulos altos, el trazo decidido de los labios.
Su figura alta, que la superaba por una cabeza, la anchura de sus hombros, los músculos que se le marcaban bajo la ropa.
El corazón se le encogió. Con la mano apretada contra el pecho, se obligó a continuar.
La imagen en su mente debía ser perfecta antes de darle vida con su magia.
Por un instante se lo imaginó sonriéndole con cariño, con esa mirada tan particular suya que le procuraba una sensación de calidez y amparo.
Respiró hondo y dejó que la ilusión se deslizara sobre ella como un manto.
La figura de Cadrim se le pegó como una segunda piel, captó sus movimientos y los transformó en los suyos.
Chiara carraspeó a modo de prueba y oyó con satisfacción el timbre grave de su voz.
Salió de su escondite y echó a andar con determinación. Unos pasos que se aproximaban resonaban en un pasillo a pocos metros por delante de ella. Chiara enderezó los hombros e intensificó el flujo de su magia. Fuera quien fuese, se limitaría a un breve gesto de cabeza y seguiría su camino.
—Eso ya lo hemos hablado, Jenna… —Era la voz de Cadrim.
Chiara se quedó tiesa como una estaca. Apenas le quedaban unos segundos antes de que Cadrim y Jenna doblaran por ese pasillo. Apresuradamente disipó la ilusión de Cadrim, se pegó a la pared y se envolvió en invisibilidad.
Justo a tiempo.
Jenna y Cadrim doblaron por el corredor y enfilaron el camino a su estudio.
Jenna llevaba un vestido de brillo sedoso, ceñido en el torso, que resaltaba su figura curvilínea.
Se había enganchado del brazo de Cadrim y se acurrucaba contra él como si fuera incapaz de caminar sola.
Esa víbora no dejaba en verdad nada por intentar.
Chiara resopló con desdén.
Aunque el ruido fue de todo menos fuerte, Jenna se giró de golpe. Su mirada recorrió escrutadora el pasillo, en apariencia vacío. Durante una fracción de segundo, su mirada se detuvo justo en el punto en que Chiara se ocultaba.
Maldiciéndose por dentro por su descuido, Chiara no se atrevió ni a respirar.
—¿Qué pasa? —Cadrim echó un vistazo rápido a su alrededor y tiró extrañado del brazo de Jenna.
—Nada. —Ella volvió a mirar al frente—. Me ha parecido oír algo. —Negó con la cabeza—. Sigo sin entender qué quieres de ella. —La voz de Jenna se fue apagando a medida que se alejaban.
—Creía que era obvio.
Lo más sensato sería dejarlos en paz y regresar a la seguridad de sus aposentos. Si Cadrim entraba en su estudio, de todos modos no tendría ya ninguna posibilidad de colarse allí.
Pero no podía evitarlo. Tenía que enterarse de qué hablaban.
Sigilosa, Chiara los siguió.
—No me vengas con la corona de Arnawal —replicó Jenna alterada—. Para eso no necesitas a Isida. —Le tomó la mano y entrelazó sus dedos—. No la necesitamos.
Cadrim se detuvo.
—Jenna… —Su tono era suplicante. El torso se le movió con una inspiración honda. Una sonrisa de pesar asomó a sus labios mientras la miraba. Su mano libre se le posó en el hombro semidesnudo. El afecto y la compasión se leían en cada línea de su rostro.
Chiara lo miró atónita, mientras trataba de comprender qué significaba aquello.
Jenna se acercó más a él.
—Mi familia siempre te ha apoyado. Conmigo a tu lado, puedes plantarle cara a Lexor. Yo nunca te exigiría que te achicaras, que te conformaras con una fracción de lo que te corresponde.
—Un matrimonio con Isida duplica mis posibilidades de éxito —explicó Cadrim con aplomo.
Jenna le acarició la mejilla de forma provocadora con la mano libre.
—Tal vez. O tal vez no. Conmigo, en todo caso, podrías tener todo lo que anhelas .
La mirada de Cadrim descendió hasta el colgante reluciente que reposaba justo entre los pechos de Jenna. Un estremecimiento le recorrió el cuerpo.
Chiara se tambaleó. Incluso a varios pasos de distancia le pareció percibir el calor que él irradiaba. Deseaba a Jenna de verdad.
—Reflexiona sobre mis palabras —susurró ella con tono prometedor, alejándose un poco de él—. Mi hermano y yo te apoyamos. No necesitas a Isida.
—Te equivocas —replicó Cadrim en voz baja—. No tienes ni idea de lo poderoso y vasto que es Arnawal. Si llega la guerra, tendremos que aprovechar todo lo que tengamos para socavar la autoridad de Lexor ante el pueblo. Isida es mi llave más importante para ello.