Capítulo 11 #3
Mientras lo decía, Chiara cayó en la cuenta de la contradicción con los propios escritos de Welzelin. La corona y su poder no eran un regalo que Dios le hubiera concedido en persona a Welzelin. Las sacerdotisas de Ewea conocían el secreto mucho antes que él.
—Un bonito cuento —comentó Soana.
Chiara cruzó los brazos.
—¿Cuál es vuestra versión?
—Welzelin oyó hablar de un grupo de sacerdotisas que poseían una gran magia mental.
Como siempre buscaba modos de acrecentar sus propias facultades, emprendió el viaje.
Se enteró de que las sacerdotisas habían desarrollado un método que les permitía concentrar la energía mental y transmitirla a otras personas.
Empleaban ciertos sonidos para estimular el flujo de la energía y, con ayuda de un metal muy raro, la canalizaban hacia las personas que necesitaban curación.
En una noche oscura, Welzelin robó a las sacerdotisas y huyó con su botín.
Aquello confirmó la sospecha de Chiara. Se estremeció inquieta.
—¿Qué tiene eso que ver con la Fe Verdadera?
—Welzelin nunca llegó a aceptar la veneración a la Madre Tierra.
A sus ojos, eso confería a las mujeres una importancia que no les correspondía.
Además, tenía que conseguir que la gente le entregara su fuerza de manera voluntaria.
A fin de cuentas, no podía obligarlos a todos.
Así que inventó una historia que servía a sus propósitos.
Una que le otorgaba el poder que tanto ansiaba.
De paso, situó al hombre por encima de la mujer y nos arrebató así el papel central como guardianas de la vida, el amor y la comunidad, que hasta entonces habíamos ocupado en cada familia, en cada asentamiento.
Incluso se apropió de nuestro signo sagrado —el círculo de la vida—, el recuerdo constante de que todo discurre en ciclos, de que cada final es un nuevo comienzo, de que todo está conectado y fluye de uno a otro.
Desnaturalizó el círculo para convertirlo en un símbolo del poder de un dios que se sitúa muy por encima de los humanos.
Chiara no quería creer lo que la sacerdotisa le contaba.
—¿Tenéis alguna prueba de vuestras palabras?
Soana sonrió con dulzura.
—No más de las que vos tenéis para la versión de Welzelin. Solo puedo transmitir lo que me ha sido transmitido.
—¿Así que no creéis que eso sea la verdad?
La sacerdotisa suspiró.
—¿Qué es, al fin y al cabo, la verdad? Desde cierto punto de vista, incluso la versión de Welzelin puede considerarse cierta. Que lograra encontrar a las sacerdotisas y robarles, algunos lo interpretarían como un designio divino.
Confundida, Chiara se mordió el labio inferior.
—¿Cómo se puede entonces creer en algo?
La sacerdotisa le apretó la mano a Chiara para darle ánimos.
—Buscando nuestra propia verdad. Cada persona posee un profundo instinto interior para ello. Por desgracia, muchos de nosotros hemos olvidado escuchar a nuestro corazón. Y, sin embargo, aquello en lo que uno cree determina en gran medida quién decide ser.
—Ahí estáis. —Antes de que Chiara pudiera seguir preguntando, Willem se acercó a ella con alegría—. ¿Ha ido todo a vuestra satisfacción?
Chiara le lanzó una rápida mirada a Soana.
—Sí.
—Estupendo. —Willem le ofreció el brazo—. ¿Nos vamos?
—Sí. Gracias por haberme dedicado vuestro tiempo —añadió Chiara dirigiéndose a la sacerdotisa.
Soana inclinó la cabeza con respeto.
—Ha sido un placer, Alteza. ¿Os veremos mañana?
Chiara sonrió.
—Si puedo organizarlo, con mucho gusto.
El príncipe no quiere la guerra. Chiara había reflexionado largo y tendido sobre lo que debía contarle a Lexor. Y ese era el mensaje al que todo se reducía. Si le cedéis la parte prometida de la provincia del sur, se conformará con eso.
¿Por cuánto tiempo?
No lo sé. ¿Para siempre?
Lexor rio con sorna. ¿Eso ha afirmado él?
Sí. Chiara se esforzó por dar a su voz un tono seguro. Me ha asegurado que no tiene ningún interés en un ataque… y le creo.
Entonces todo va de maravilla. Ya veo que he apostado nuestras tropas en Vlecha de manera totalmente innecesaria para proteger a Arnawal de nuevos ataques.
Los hombres se alegrarán de poder volver a casa con sus familias, puesto que el príncipe te ha asegurado que no emprenderá más ataques.
Y supongo que también podré hacer regresar a las tropas del sur.
Chiara soportó su burla con estoicismo. El príncipe tiene de momento otras preocupaciones de sobra , intentó explicar la situación.
Un animal nunca es tan peligroso como cuando está herido , explicó Lexor con dureza.
Porque ya no tiene nada que perder. No te tenía por tan ingenua, ni por tan necia.
Puede que te lance miraditas o te prometa la luna, pero cuando llegue el momento, actuará.
Es un hombre que ha demostrado que sabe lo que quiere.
Él no quiere la guerra…
Ya basta , la interrumpió Lexor con brusquedad. Me temo que hasta ahora no me he expresado con suficiente claridad. No me interesa lo que pienses o creas. Estás en Laran para cumplir mis órdenes. Hizo una breve pausa. Si no lo logras, ya no me serás de ninguna utilidad.
Cortó la comunicación de manera abrupta y dejó a Chiara conmocionada.