Capítulo 9 #4
No directamente. Cree que fue un espía vuestro. Quería saber si estoy en contacto con él.
¿Y?
Creo que he conseguido convencerlo de lo contrario.
Bien. No me hace falta decirte qué te espera si descubre la verdad sobre ti.
Apretó los dientes. No.
¿Qué ha pasado después?
Salimos juntos a caballo.
Primero sospecha que espías y luego se va de paseo contigo. ¿Por qué?
Chiara se retorció por dentro. Creo que siente cierta debilidad por mí.
Lexor calló y ella se preguntó sin querer si él estaría escudriñando sus sentimientos.
En el puerto hubo un tumulto , prosiguió ella precipitadamente. La situación en Laran es grave, la población crece, los alimentos escasean. Ayer llegó un barco con grano y unos ciudadanos enfurecidos intentaron apoderarse de él por la fuerza.
¿De dónde procedía el envío?
De ultramar. Laran comercia con un país que se halla muy al oeste. Se llama Perses.
Así que los rumores son ciertos. Había excitación en la voz del rey. Han encontrado el continente olvidado. ¿Por qué no me lo has contado hasta ahora?
Yo misma no me enteré hasta ayer , explicó con prisa, aunque eso no era cierto. Con todo lo que la tenía ocupada en aquel momento, esa información no le había parecido relevante.
¿Cómo siguió la cosa?
La turba asaltó el puerto, el príncipe intentó en vano detener a la gente, el barco amenazaba con zarpar de nuevo. Así que hice lo único que se me ocurrió. Conjuré una ilusión. Un dragón, para meterles miedo.
Pero tu magia no bastaba para eso. No era una pregunta.
Sí. Chiara tragó saliva. La situación era crítica, no sabía qué hacer, reaccioné por instinto.
Te serviste del éter. Niña estúpida, más que estúpida. Puedes darte por dichosa de seguir con vida.
¿Qué queréis decir?
Has sentido lo que la magia te hacía, cómo te ardía el cuerpo por dentro.
El agotamiento que sientes ahora no es casualidad.
No estás hecha para esa clase de poder. Solo alguien de sangre real, de la estirpe de Welzelin, puede usarlo sin sufrir consecuencias.
A ti, la próxima vez, te consumiría por dentro hasta que no quedara más que un caparazón sin vida.
Estremecida, Chiara escuchó aquellas palabras.
El torrente de la magia la había desbordado, le había causado dolor, había sido apenas controlable.
No sabía qué habría sucedido si no se hubiera quitado el anillo del dedo, pero lo había hecho .
Y no le había pasado nada. Inquieta, se preguntó si Lexor decía la verdad o si solo quería atemorizarla para que no volviera a recurrir al éter.
¿Tengo que recordarte a quién sirves? Su voz le atravesó los pensamientos como un latigazo. ¿Qué está en juego para ti si fracasas? ¿Qué será de tu familia si mueres? ¿Quién protegerá a tu hermano del ataque de Laran?
Haré todo lo que pueda… Vaciló. Quizá no haga falta ninguna guerra.
El príncipe solo quiere alimentar a su pueblo.
Lexor no lo conocía. Cadrim no era tan despiadado ni tan ávido de poder como el rey lo pintaba.
Sus reparos respecto a los cuencos sonoros lo demostraban una vez más.
No trataba a las personas y sus destinos a la ligera.
Quizá haya otra solución —le dijo a Lexor con insistencia—.
Si vos les suministrarais alimentos, no habría necesidad de luchar.
No , replicó Lexor con dureza. ¿Crees que la gente de Arnawal no sufre penurias después de que las hordas de Laran hayan devastado las fértiles tierras de la frontera?
Y aunque fuera de otro modo, aunque tuviéramos suficiente para repartir, no lo haría.
Si sus hombres hubieran labrado sus campos en lugar de quemar los nuestros, en Laran no habría hambre.
Hay que poner al príncipe en su sitio para que algo así no se repita jamás.
Mis tropas ya están en camino para recibirlo como se merece en el sur.
Pero…
¡Basta! , tronó. Pareces no saber ya dónde reside tu lealtad. Te prometí que te llevaría de vuelta a casa cuando hubieras cumplido tu misión. Y eso es lo que haré, si sigues mis órdenes al pie de la letra. De lo contrario, no asumiré ninguna responsabilidad por tu destino futuro.
El mensaje era claro.
Aunque Chiara no estaba segura de si quería regresar a Arnawal, no podía quedarse para siempre en Laran. Tarde o temprano, Cadrim descubriría que ella no era la verdadera princesa, y entonces su vida estaría perdida. Además, estaba su familia.
Veo que nos entendemos.
Sí, Majestad.
Bien. Quiero que te comportes con discreción durante los próximos días. Deja que el asunto del allanamiento caiga en el olvido. Y después, consígueme por fin sus planes de ataque.
¿Y si no hay ninguno?
Quiero tener una prueba inequívoca de ello. Hablaremos mañana.
Su presencia se desvaneció. Estremecida, Chiara cerró los ojos. Al parecer, Lexor se había cansado de darle rienda suelta.
Encogió las piernas y se acurrucó hecha un pequeño ovillo, mientras la desesperación y el miedo se apoderaban de ella cada vez con más fuerza. Sentía que, hiciera lo que hiciera, solo podía salir perdiendo.