Capítulo 7 #3
Ansioso por saber más al respecto, me hice un corte en el dedo y le pregunté a Valessa si podía mostrarme el proceso. Ella se negó. Según sus palabras, para ello se necesita un metal especial, muy raro, que se encuentra de manera aislada en este valle y en el estrecho río que lo atraviesa.
Conmocionada, Chiara siguió hojeando. No le gustaba el rumbo que estaba tomando aquel relato, pero no podía detenerse. No hasta que conociera toda la verdad.
Hoy trajeron al valle a una joven. Su marido y sus hermanos la cargaban en una camilla. Gemía de dolor y no reaccionaba cuando le hablaban. Decían que tenía un tumor y que los sanadores de su pueblo no podían hacer nada por ella.
Las sacerdotisas la condujeron de inmediato a la casa circular en la que celebran sus reuniones secretas.
A Valessa se le encomendó vigilarme. No me costó convencerla de que desobedeciera la orden.
En su enamoramiento, ya apenas puede negarme nada.
Juntos nos acercamos sigilosos a la casa circular.
Las ventanas estaban oscurecidas y cerradas, pero aun así pude oír lo que sucedía dentro.
Los familiares oraban a la Madre Primigenia y las sacerdotisas se unían a sus rezos.
Una especie de gong sonaba una y otra vez, hasta que los tonos se fundieron en un único estruendo.
Valessa me explicó en voz baja que cada uno de los presentes golpeaba un gran cuenco sonoro mientras rezaba.
La vibración que de ello surgía contribuía a desprender de los participantes su energía vital.
De ese modo, las ancianas reforzaban con regularidad su propio poder.
Al cabo de un rato, el cuenco sonoro enmudeció y Valessa me tiró de la mano, preocupada. Dijo que no tardaría mucho más y temía que nos sorprendieran escuchando. Le hice el favor con la condición de que por fin me contara el resto.
Vi en su rostro lo difícil que le resultaba acceder a mi petición y le recordé a todas las personas a las que podría ayudar con ese conocimiento.
Lo egoístas que eran las sacerdotisas al guardarse el secreto para sí.
Cuántos enfermos más podrían sanar si ese conocimiento no permaneciera oculto en aquel valle inaccesible.
Me preguntó si la llevaría conmigo cuando abandonara aquel lugar. Si recorreríamos juntos el mundo y haríamos todo el bien que le había descrito. Se lo juré. Le habría prometido cualquier cosa con tal de que por fin me revelara aquel secreto.
Una repugnancia incrédula invadió a Chiara.
Se sentía vacía. Todo cuanto había oído y creído sobre Welzelin era una mentira.
Él había mentido a una muchacha joven y crédula y la había utilizado para obtener información que aumentara su poder.
A eso se refería Cadrim cuando dijo que ni siquiera el propio Welzelin había sido tan fuerte como Welzelin.
Las sacerdotisas habían empleado sus conocimientos para curar y las personas que acudían a ellas habían entregado por voluntad propia su fuerza vital para ayudar a alguien a quien amaban.
Dudaba que Welzelin hubiera dejado esa elección a sus súbditos.
El rey Lexor y sus antepasados, en cualquier caso, no se la habían dejado a los suyos.
De repente, todas las aventuras y hazañas de Welzelin se le aparecieron a Chiara bajo una luz nueva.
¿De verdad había llevado prosperidad, paz y la bendición divina en forma de la Verdadera Fe a las tierras que rodeaban la vieja Arnawal, o se había limitado a conquistarlas?
¿Acaso nunca le había importado el bienestar de las personas, sino solo el poder?
¿Tenía razón Cadrim en todo lo que había afirmado?
¿Y qué significaba aquello para ella? ¿Podía servir a un rey que continuaba con esa tradición? ¿Que esclavizaba a su propio pueblo y le succionaba la energía vital?
¿Qué ha pasado? La voz del rey Lexor resonó sin previo aviso en su cabeza.
Asustada, Chiara se sobresaltó y miró instintivamente a su alrededor. Estaba tan absorta en sus pensamientos que no había advertido a tiempo su presencia. Nada , se apresuró a asegurar, apartándose el pelo de la cara con nerviosismo. ¿Qué hora es? Me he quedado dormida.
¡No me mientas! Sus palabras le retumbaron en la mente. Estás tan conmocionada que oigo tus pensamientos hasta en Welzedon.
No es nada. La mirada de Chiara se posó en el libro delator y el corazón se le aceleró, martilleante.
¿Qué es eso? Casi podía sentir cómo su mente se aferraba a la imagen. Desesperada, intentó borrarla de su conciencia. Conozco este libro… , comenzó él pensativo, antes de interrumpirse en seco. Así que de eso se trata. ¿Lo has leído?
La última esperanza de Chiara de que fuera una falsificación se desvaneció. S-Sí. Negarlo sería inútil.
¿De dónde lo has sacado?
¿Qué importancia tenía eso? Arnawal se había construido sobre una sola gran mentira. Pero el impulso de obedecer estaba demasiado arraigado en ella. Pertenece… al príncipe de Laran.
El rey suspiró. Así que la situación es todavía más grave de lo que pensaba. Este libro desapareció de mi biblioteca hace décadas.
¿Sabéis lo que dice? Por supuesto que lo sabía. Aun así, ella quería oírlo de su propia boca, quería que admitiera la injusticia que cometía día tras día.
Por supuesto que lo sé. Pero la forma en que Welzelin llegó a la corona no cambia en nada el bien que sus descendientes han hecho desde entonces por nuestro pueblo. Ni el que yo hago día tras día por Arnawal.
Aquella respuesta dejó a Chiara sin palabras por un instante.
Tomo de las personas una parte minúscula de su fuerza , prosiguió Lexor en tono conciliador, y la uno a algo más grande, que sirve a todo el pueblo. El individuo apenas sabría qué hacer con ella y ni siquiera nota su falta.
A ella le pareció que se lo estaba poniendo demasiado fácil. Mentís al pueblo.
¿De veras? Desde pequeños, todos saben que con sus cuencos sonoros y sus oraciones hacen una importante contribución al bienestar de Arnawal. ¿Qué hay de falso en ello, según tú?
Vos no sois Dios. La indignación de Chiara le dio valor.
En eso tienes razón. Pero actúo conforme a Su voluntad. ¿O crees que podría hacer algo con lo que Él no estuviera de acuerdo?
No , admitió Chiara, desconcertada. Ningún humano podía actuar contra la voluntad de Dios. Pero ¿no debería aplicarse ese mismo razonamiento a cualquier criminal de la peor calaña?
No es esa la cuestión en absoluto. De nuevo había severidad en la voz de Lexor. La única pregunta es: ¿qué es lo mejor para el pueblo de Arnawal? ¿Por qué crees que se robó este diario? ¿Por qué ansía el príncipe la corona de Arnawal?
¿Os referís a…? Ante Chiara se abrió un nuevo abismo. ¿Seguiría Cadrim adelante con la mentira? ¿Quería la corona por el poder que prometía?
Ha demostrado que está dispuesto a pasar por encima de montañas de cadáveres para conseguirla.
No creerás que la dejará sin usar en cuanto la tenga.
Esclavizará a nuestro pueblo, lo exprimirá como una fruta madura, hasta reducirlo a siervos sin voluntad de Laran.
Ese es el único objetivo que justifica su empeño.
No lo creo. Chiara se llevó la mano a la boca, conmocionada.
Sin el poder de la corona, como forastero no se mantendría ni tres días en el trono de Arnawal. Nadie lo seguiría, nadie lo apoyaría. Ha de tenerlo claro.
Chiara se mordió el labio tembloroso. No quería admitirlo, pero todo cuanto había descubierto hasta entonces apuntaba a ello.
Para Cadrim, su tierra estaba por encima de todo.
La meta de engrandecer Laran justificaba para él cualquier medio.
Estaba dispuesto a todo sacrificio; las consideraciones sentimentales le eran ajenas.
Además, recordaba bien la amargura con que él había hablado del gran poder del rey y de su propio y escaso don.
Probablemente, si no había cuencos sonoros en Laran era porque él aún no podía aprovechar la energía por sí mismo sin la corona.
Aunque hablaba con desprecio de la fe que su padre había introducido, no hacía nada por suprimirla.
Porque sabía que un día acrecentaría su poder.
En cuanto poseyera la corona, también él distribuiría cuencos sonoros por Laran.
Chiara vaciló. Cadrim era incluso peor que el rey. Lexor, al menos, no masacraba a personas inocentes ni llevaba la guerra a pueblos pacíficos.
Has de averiguar a toda costa qué está planeando. Con qué fuerza y dónde exactamente se producirá su ataque.
Así lo haré. Chiara asintió, conmocionada.
Bien. La voz de Lexor se suavizó. En realidad quería esperar hasta mañana para darte la noticia, pero tengo la sensación de que ya te vendrá bien algo grato. Le oyó sonreír. Tu madre y tu hermana han llegado por fin al palacio. Están deseando volver a verte pronto.
Aunque debería estar fuera de sí de alegría, en Chiara no quedó más que angustia.
Le pareció que Lexor quería recordarle lo que estaba en juego para ella.
Que no podía negarle de pronto su servicio solo porque descubriera cosas sobre él que no le gustaban.
¿Qué hay de mi hermano? No figuraba en la lista de Lexor.
Además, no sabía cómo reaccionar ante aquella revelación.
Ha decidido quedarse en tu tierra natal.
¿En Darva? Los pensamientos de Chiara se atropellaban. La ciudad se encontraba en el territorio asignado a Cadrim. Sería uno de los lugares que él conquistaría.
Sí, por desgracia , asintió Lexor con tristeza.
Esta vez, por más que lo intentara, no podía creer en su compasión. Con eso la tenía atrapada por partida doble. Si no detenía a Cadrim, su hermano moriría. Si Lexor no estaba satisfecho con ella, su madre y su hermana lo pagarían.
Estoy seguro de que nada le sucederá , aclaró el rey con firmeza. En cuanto conozca los planes de ataque del príncipe, haré todo lo que esté en mi mano para proteger la provincia del sur.
Os los conseguiré, Majestad. Chiara se sentía del todo abatida.
De eso no tengo ninguna duda. Espero tu informe.