La tejedora de palabras: Secretos y brasas (La tejedora de palabras 2) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

—No puede pretender que me pase todo el tiempo sentada sin hacer nada o que me lleven de acá para allá sin sentido.

—Sacudió la cabeza—. Quiero una ocupación.

Algo fuera del palacio; de lo contrario, me volveré loca aquí.

—Quería entrar en contacto con la gente.

Necesitaba una vía para conseguir información que no estuviera controlada y dosificada por Cadrim.

—Transmitiré vuestro deseo —prometió Willem, pausado—. ¿Puedo hacer algo más por vos?

—No. —Chiara se rodeó los hombros con los brazos y se recostó en el sofá. Nadie podía ayudarla.

Willem se puso en pie.

—Lamento si mis palabras francas os han herido. Sois completamente distinta de lo que esperábamos, y el comportamiento de Cadrim no tiene nada que ver con vos personalmente.

—Lo sé. —Chiara curvó los labios en una sonrisa apenas esbozada—. Para vosotros ya soy un riesgo por definición.

—Lo siento —repitió Willem.

—No hace falta. Gracias por vuestra sinceridad.

Willem la miró indeciso, como si quisiera añadir algo. Después se limitó a asentir.

—Nos vemos mañana.

—Sí. —Lo siguió con la mirada hasta que salió de la estancia.

Antes de que la puerta acabara de cerrarse, Yorrie se coló dentro. Recorrió con la mirada el rostro de Chiara y frunció el ceño.

—¿Qué le ha pasado a vuestro cabello?

—Yo… El peinado me apretaba demasiado.

Yorrie tomó aire, asustada.

—No lo sabía. —Se apresuró hacia Chiara—. Os ruego que me perdonéis. ¿Por qué no me lo dijisteis directamente?

Chiara se arrepintió de inmediato de su excusa precipitada.

—No es para tanto. —Sonrió en tono apaciguador—. Hazme una trenza sencilla, por favor.

—Por supuesto. —Yorrie cogió a toda prisa el cepillo y lo pasó con cautela por el cabello de Chiara—. ¿Os parece bien así?

—Por supuesto. Lo haces muy bien. Y el peinado era precioso. —Con satisfacción, Chiara comprobó que los gestos de Yorrie volvían a ganar seguridad.

Mientras Yorrie la peinaba, Chiara se dio un buen festín con el tentempié que Willem había traído. Después se puso un vestido cómodo y dio a Yorrie el resto del día libre.

La idea que le había venido a la cabeza antes de la aparición de Willem no la dejaba en paz.

Si era capaz de cambiar su aspecto mediante una ilusión, ¿podría también volverse del todo invisible?

Chiara se colocó frente al espejo e invocó su magia.

La imagen de una habitación vacía cobró forma ante su ojo interior.

Dejó fluir su don, dejó que la llenara y la envolviera.

Su reflejo se volvió más pálido, los contornos de los muebles empezaron a traslucirse a través de su cuerpo, como le sucedía antaño con sus ilusiones.

Chiara alzó la voz para dotar a su magia de más poder.

Tejió el hechizo de la invisibilidad con palabras siempre nuevas hasta que su reflejo desapareció por completo.

Atónita, se quedó mirando el espejo, en el que ya no se veía sombra alguna ni el menor destello de su figura. Despacio, alzó la mano ante sus ojos, curiosa por comprobar si ella misma podía verla.

La ilusión se vino abajo en cuanto Chiara se movió. Decidida, lo intentó de nuevo.

El resto del día lo pasó de pie ante el espejo, envolviéndose en invisibilidad.

La desaparición inicial ya le salía bastante bien, pero con los movimientos aún tenía dificultades.

La ilusión ya no se derrumbaba del todo, pero de pronto algunas partes de su cuerpo asomaban en el aire, o su figura empezaba a transparentarse, como si Chiara fuese un fantasma.

Practicó con tenacidad hasta que la cabeza le palpitaba y las rodillas le flaqueaban de agotamiento. Demasiado exhausta para comer nada, Chiara se arrastró hasta la cama y se acurrucó bajo la manta.

Hacía mucho tiempo que no se desgastaba tanto. Aun así, la embargaba la euforia. De pronto estaba más cerca de su libertad de lo que nunca hubiera creído posible. Dominaría la ilusión de la invisibilidad y conseguiría todas las respuestas que ansiaba.

—¿Alteza? ¿Os encontráis bien?

La voz preocupada de Yorrie arrancó a Chiara del sueño. De mala gana abrió los párpados y miró a su doncella, que se había inclinado sobre ella.

—¿Os pasa algo? ¿Voy a buscar a un sanador?

—¿Por qué? —Chiara se estiró bostezando y se incorporó un poco.

Yorrie sonrió aliviada.

—Habéis dormido tan profundamente que me he preocupado. A estas horas, normalmente ya estáis en pie.

—Me he dormido tarde —mintió Chiara.

—Lord Seron os espera en el salón.

En un primer momento no supo de quién hablaba Yorrie.

—Ah, te refieres a Willem. —Soltó una risa—. Por favor, dile que hoy me quedaré en mis aposentos. Y mañana también. —Ahora que por fin tenía al menos el esbozo de un plan, quería volcar todo su tiempo y atención en llevarlo a cabo.

—¿Estáis segura?

—Sí. —Chiara sacó las piernas de la cama.

—Ni siquiera os habéis cambiado para dormir. —La voz de Yorrie sonó horrorizada.

Chiara puso los ojos en blanco.

—¿Y qué? —Una princesa no tenía por qué dar cuentas a su doncella.

—¿Queréis que os ayude a vestiros?

—Más tarde. Estoy muerta de hambre. —La cena que se había saltado le estaba pasando factura. Chiara entró en el salón y se topó con la mirada sorprendida de Willem.

—Lo siento, tendremos que suspender las salidas de los próximos días —le dijo—. No me encuentro bien.

—¿Es algo grave? ¿Necesitáis un sanador?

—Solo molestias femeninas. En unos días habrá pasado todo.

—Como deseéis. —Inclinó la cabeza en señal de asentimiento—. Si cambiáis de opinión, no tenéis más que mandarme llamar.

—No tenéis por qué hacerlo.

—¿El qué?

—Hacer de niñera y de bufón conmigo. Me imagino que tendréis tareas más importantes.

Willem sonrió con discreción.

—Lo hago con gusto, se lo pedí yo mismo a Cad.

—¿Por qué?

—Porque somos amigos. Y porque creo que algún día seréis una maravillosa princesa para Laran. No quiero que nada os predisponga en contra del país y de nuestro pueblo.

Chiara lo miró sorprendida.

—Que os mejoréis. —Hizo una reverencia con una sonrisa y abandonó la estancia.

Después del desayuno, que Yorrie le había subido, Chiara mandó retirarse a su doncella y le encargó que no la molestara antes del almuerzo.

Practicó con empeño para que la ilusión llegara a ser tan estable que prácticamente se fundiera con su cuerpo.

Chiara no se dio cuenta de cómo pasaba el tiempo hasta que llamaron a su puerta.

Echó un vistazo rápido al espejo: no se la veía. Sonriendo, decidió arriesgarse.

Se envolvió con más firmeza en su magia y se quedó de pie en mitad de la habitación antes de pedirle a Yorrie que entrara.

La doncella entró en la estancia y se detuvo, insegura.

—¿Alteza? ¿Dónde estáis? —Miró justo a través de Chiara.

Sin hacer ruido, Chiara se desplazó hasta el umbral del dormitorio mientras Yorrie se acercaba, buscándola con la vista. Chiara disipó la ilusión, como si acabara de salir de la otra habitación.

—Estoy aquí.

Yorrie se quedó de una pieza.

—No os había visto. —Parpadeó, miró más allá de Chiara y luego de nuevo a ella—. Habéis aparecido de la nada.

—No seas tonta. —Chiara hizo un gesto despreocupado, satisfecha—. Estaba ahí al lado.

Yorrie no parecía convencida.

—¿Qué hay para comer? —Chiara se acercó deprisa a la bandeja y se metió un trozo de pan en la boca antes de sentarse a la mesa.

Yorrie la observó mientras comía con avidez.

—¿Estáis… encinta?

Chiara se atragantó con el bocado.