La tejedora de palabras: Secretos y brasas (La tejedora de palabras 2) Capítulo 6
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Capítulo 6

Mientras esperaba a que se le calmaran los latidos del corazón, en la mente de Chiara cristalizaron dos certezas.

Cadrim la deseaba. Y guardaba un secreto.

Uno que iba más allá de las estrategias de guerra y los planes de conquista. Uno tan importante que lo obligaba a mantenerse alejado de ella, a pesar de que tenía todo el derecho y todas las posibilidades de ceder a su deseo.

No era tan ingenua como para creer que fuera el amor lo que lo impulsaba, pero ninguno de los dos podía negar la atracción que existía entre ellos.

No habían logrado sustraerse a ella durante el viaje.

Y ni una separación de varias semanas ni las heridas que se habían hecho cambiaban nada de aquello.

Tenía que averiguar cuál era su secreto. Cuanto más lo pensaba, más segura estaba de que en él residía la clave de todo lo que hacía. De que todas las contradicciones cobrarían sentido en cuanto lo descubriera.

Por desgracia, no tenía el menor indicio de por dónde empezar. Cadrim jamás se lo contaría, ya se lo había confirmado hacía un rato. No tenía sentido preguntárselo a Willem; nunca traicionaría a Cadrim.

Por suerte, Willem no era el único que estaba al tanto. Malik también estaba en el secreto. Más de una vez había manifestado su disgusto por la conducta de Cadrim. Además, había hablado de unas reglas y de que era culpa del propio Cadrim si las cumplía.

En su momento, ella había pensado que aquello se refería a la posición de Cadrim como general del príncipe, cargo que no le permitía tener una relación con la novia extranjera. Por lo visto, había sido un enorme error.

Entonces, ¿qué reglas podían existir que prohibieran a Cadrim estar cerca de su propia prometida?

Willem decía que simplemente no quería imponerse a ella. No se lo creía. Cadrim sabía de sobra que no hacía falta coacción alguna.

Aunque le había mentido, aunque era responsable de la devastación de una región y de innumerables muertos, ella lo habría pasado por alto si él se lo hubiera explicado, si la hubiera acogido con cariño. Lo habría perdonado. No se sentía orgullosa de admitirlo, pero esa era la verdad.

Eso no significaba que le pareciera bien lo que había hecho, ni que lo aprobara. Solo que estaba dispuesta a escucharlo y a buscar con él una manera de reparar el daño.

Por desgracia, darle vueltas era inútil. Porque él no tenía intención de explicarle nada. Le traían sin cuidado su opinión y su ayuda.

Con un suspiro, Chiara se dejó caer en el sofá y se hundió los dedos en el cabello. Recordó demasiado tarde que con eso se estropeaba el peinado.

En el fondo, daba lo mismo cómo se viera.

La destreza de Yorrie no cambiaba en nada cómo se sentía Chiara por dentro, ni quién era en realidad.

Ni siquiera había sido capaz de comer algo antes de salir huyendo.

Y eso que tantas ganas había tenido de causar una impresión digna ante Cadrim y sus cortesanos.

Isida, en su lugar, le habría montado una escena enorme a Cadrim, habría hecho que echaran a Jenna sin contemplaciones y todos la habrían aclamado por ello. Esa era la diferencia entre una princesa de verdad… y ella.

Chiara se levantó con decisión y abrió la puerta. Samir se cuadró al instante y la miró con aire interrogante.

—Quiero ver a Malik. Y que me traigan algo de comer. —Estaba harta de suplicar y esperar.

—¿A Malik, Alteza?

—Me ha venido a buscar aquí varias veces estos últimos días. Sin duda sabéis a quién me refiero.

—Por supuesto. —Vaciló—. Solo que no estoy seguro de si se encuentra en el palacio.

—Entonces, por favor, averiguadlo y mientras tanto haced que me traigan algo de comer. —Tenía verdadera hambre.

—Desde luego. —No se movió del sitio.

—¿A qué esperáis?

—No puedo dejaros sola.

—¿Acaso debo acompañaros?

—No, claro que no. —Se alejó unos pasos y llamó a una puerta.

Yorrie asomó la cabeza.

—¿Qué ocurre?

Chiara se dio cuenta, avergonzada, de que hasta entonces no se había preocupado por saber dónde se había alojado su doncella.

—Su Alteza desea un tentempié y que manden a buscar al coronel Nandor.

—Entendido. Vuelvo enseguida. —Yorrie hizo una reverencia en dirección a Chiara.

—Y si ves al príncipe, hazle saber cuánto me honra su confianza —masculló Chiara. ¿Seguiría haciéndola vigilar también después de la boda?

Probablemente. Al fin y al cabo, no tenía intención de tratarla como a su esposa.

Chiara cerró la puerta de la habitación con algo más de fuerza de la necesaria. ¿Cómo iba a averiguar nada si no dejaban su puerta sin vigilancia ni un solo instante?

Se arrancó las horquillas del cabello y las arrojó sobre la mesa, justo al lado del libro que se había llevado de la biblioteca. ¿Por qué precisamente las leyendas de las montañas iban a servirle de algo en su situación? Lo más seguro era que Meritep no fuese más que un viejo chalado.

Los únicos libros que de verdad contenían algo de provecho para ella estaban sobre la mesa de Cadrim. Por algo se refugiaba en el rincón más apartado de la biblioteca. Si en aquel castillo había respuestas, sin duda se ocultaban allí. Tenía que conseguir acceder a esa zona como fuera.

¿Pero cómo?

En busca de inspiración, Chiara paseó la mirada por la estancia. Vio su propio reflejo y arrugó el gesto con desagrado. Tenía el cabello desgreñado y enredado, disparado en todas direcciones, como si llevara un nido de pájaros sobre la cabeza. Soltó una risita histérica por la comparación.

Estaba encerrada, del todo impotente y, encima, tenía un aspecto espantoso.

Por capricho, dejó fluir su magia y observó cómo su reflejo se transformaba hasta que, en efecto, llevaba un nido sobre la cabeza. Chiara se llevó la mano a la boca para reprimir un ataque de risa incontenible. Ahora solo faltaba un pajarillo trinando en su coronilla.

Se quedó quieta al reparar en lo real que parecía la ilusión.

Se levantó de un salto y corrió hacia el espejo.

Examinó su aspecto con atención. Era de un realismo asombroso.

No era solo un velo tenue, un destello que apenas le daba algo de brillo.

Llevaba un nido sobre la cabeza y podía distinguir cada detalle en la trama de las ramitas.

Sus poderes estaban creciendo de verdad.

Chiara contuvo la respiración. ¿Se debería sin más a que ya no vaciaba su magia con regularidad? ¿O tendría razón Cadrim? ¿Acaso los cuencos sonoros despojaban a las personas de su energía mental?

Sobre eso necesitaba por fin salir de dudas.

Por desgracia, eso la devolvía al punto de partida. No podía conseguir información mientras la vigilaran a cada paso.

A menos que… Su mirada volvió a posarse en el nido de pájaros. El corazón empezó a golpearle en el pecho. Si lo lograba… Tragó saliva.

Unos golpes en la puerta la sobresaltaron y la hicieron volverse.

—Adelante. —Hizo desaparecer al instante la maleza de su cabeza. Le pediría a Yorrie que le hiciera una trenza sencilla.

Pero quien entró en la estancia, en lugar de su doncella, fue Willem.

Chiara se lo quedó mirando, desconcertada.

—¿Todo en orden? —Dejó una bandeja con comida.

—Sí. —Se pasó los dedos por el cabello para alisarlo al menos un poco—. No os esperaba de vuelta tan pronto.

—Lo sé. —La observó con atención—. Habéis preguntado por Malik. ¿Por qué?

—¿Está prohibido?

—Por supuesto que no. —Se sentó con calma en una silla—. Solo que me ha sorprendido.

—¿Y habéis venido a toda prisa a sonsacarme por eso? —No logró quitar la amargura de su voz.

—No. —Cruzó las piernas—. Como Malik está fuera ahora mismo, quería ver si podía ayudaros yo. Aunque ahora me ha entrado la curiosidad. ¿ Hay algo que sonsacaros?

—No. —Chiara se dejó caer en el sofá—. Al contrario. Hay algo que me gustaría saber. Pero tenéis razón. —Sonrió con desasosiego—. Bien podéis contármelo vos.

—¿De qué se trata? —Willem se inclinó hacia delante con interés.

—Cadrim ha dicho hace un rato que existe un secreto. Algo que lo obliga a mantenerse alejado de mí.

—¿Eso ha dicho? —Willem torció el gesto, sorprendido.

—Sí. —Chiara no le quitaba la vista de encima—. Además, recuerdo una conversación entre vos y Malik. Fue aquella noche en la cabaña junto al río, después de que Cadrim se hubiera marchado. Los dos hablabais de unas reglas que Cadrim debía respetar. A Malik no parecían convencerle.

—¿Eso oísteis? —Willem no parecía nada complacido.

Pensativo, se pasó la mano por los labios y suspiró—.

Me temo que lo habéis malinterpretado, Alteza.

No se trata de ningún secreto ni de una regla impuesta desde fuera.

—Su voz fue ganando firmeza mientras hablaba—.

Cuando partimos para ir a buscaros, Cadrim nos insistió a todos en que nunca olvidásemos quién sois.

Arnawal y Laran son enemigos. Y pase lo que pase, para él siempre seréis la princesa de Arnawal. Lo siento.

—¿Eso es todo? —Chiara lo miró con incredulidad.

Willem agachó la cabeza.

—Sí. No importa cuánto le gustéis. No puede confiar en vos. Está en juego el futuro de todo su pueblo, no solo su propia felicidad.

Chiara se mordió el labio mientras trataba de asimilar los pensamientos y las emociones que las palabras de Willem desataban en ella.

—¿Quiere eso decir que la situación entre nosotros no cambiará nunca? —Le tembló la voz—. ¿Me evitará por los siglos de los siglos?

Willem rehuyó su mirada, incómodo.

—No lo sé. Pero su responsabilidad es para con el pueblo de Laran.

Chiara asintió. Los sentimentalismos no van conmigo. Tengo deberes que cumplir. Eso se lo había dicho Cadrim desde el principio. Más le habría valido escucharlo.

Aunque sabía cuánta razón tenía en su desconfianza, aquello le causó una punzada aguda.

—Quiero una tarea —cambió de tema de golpe. No servía de nada lamentarse por la situación sin salida que había entre Cadrim y ella. También ella tenía un deber importante.

—¿A qué os referís? —preguntó Willem, sorprendido.