Capítulo 2 #3
Debes lograr que el príncipe confíe en ti, que te hable de sus planes, exigió el rey con severidad. Por el camino parecía que no le caías mal. Tienes que aprovecharlo.
Chiara tragó saliva con inquietud. ¿Cómo se os ocurre semejante cosa, Majestad? No le había contado nada de lo que había ocurrido entre Cadrim y ella.
El baile ofrece la ocasión perfecta para ello. Lexor pasó por alto su pregunta.
De eso no estaba segura. Él evita mi presencia.
Pues busca tú la suya. En un salón de baile lleno no podrá huir de ti.
Todo en ella se resistía. Yo… lo intentaré , prometió Chiara débilmente, aunque dudaba que sirviera de algo. El príncipe Cadrim no tenía nada que ver con el hombre al que había conocido durante el viaje.
Chiara . La voz de Lexor se suavizó un punto. Sabes lo que está en juego. Me imagino lo difícil que esto te resulta, que va en contra de todo lo que se te ha enseñado. Pero no hay otro camino.
Lo sé. Bajó la cabeza con tristeza.
Bien. Cuento contigo. Avísame en cuanto sepas algo nuevo.
El rey se retiró de su mente, y Chiara se pasó la mano por la cara, agitada.
No sabía nada sobre cómo seducir a un hombre; en todos sus intentos hasta entonces siempre había quedado en ridículo.
Quizá no fuera, en el fondo, la persona adecuada para esa tarea.
Lexor debería haber enviado a una cortesana.
Por desgracia, ya era demasiado tarde para esa clase de consideraciones. Allí no había nadie más que ella; estaba sola.
La puerta se abrió y Yorrie entró apresurada en la habitación, cargada hasta los topes. Llevaba muestras de tela bajo los brazos y una gran bolsa al hombro. Tenía las mejillas encendidas, como si hubiera venido corriendo. Quizá solo fuera la emoción que se reflejaba en sus ojos.
—Bien —comenzó sin aliento—, ya tengo algunas ideas.
—Dejó caer todo al suelo y agarró un cuaderno encuadernado en cuero y un lápiz de dibujo—.
Como no tenemos mucho tiempo, he pensado que podríamos modificar uno de vuestros vestidos.
Mirad, algo así. —Abrió el cuaderno de bocetos y señaló una imagen.
Asombrada, Chiara se inclinó para verla.
—¿Cuándo lo diseñaste? —El vestido era precioso.
—La idea es antigua —admitió Yorrie—, pero nunca se llevó a cabo.
—Se incorporó de un salto—. En vuestro armario debe de haber un vestido de corte parecido…
—Desapareció en el dormitorio y volvió poco después con un vestido verde esmeralda—.
Con vuestra tez podéis llevar cualquier cosa —explicó—.
La mayoría de las damas no se atreven con un verde tan vivo porque las hace parecer pálidas, vos en cambio…
—Sonrió, embelesada—. Con él eclipsaríais a todas.
—No estoy muy segura. —Chiara cruzó los brazos—. El color es muy intenso.
—No, si le ponemos por encima una capa de gasa dorada tornasolada. —Yorrie tomó la muestra de tela correspondiente y la sostuvo sobre el vestido.
Chiara no lo habría creído posible, pero la combinación resultaba en efecto muy elegante.
Yorrie extendió el vestido y lo examinó con ojo crítico.
—Yo ampliaría el escote en forma de gota, para que se abra sobre el surco entre vuestros pechos.
—¿No es demasiado atrevido? —preguntó Chiara, incómoda, dejando de lado la orden de Lexor. No se ganaría la confianza de Cadrim arrojándose de pronto a su cuello. Eso no iba con ella. Además, no quería parecer desesperada.
—Mmm. —Yorrie torció pensativa los labios—.
A la mayoría de las damas no les molestaría, pero si vos lo creéis así…
—Observó a Chiara con atención—. Podemos hacer dos escotes en forma de gota más pequeños.
—Su rostro se iluminó—. ¡Sí, eso es! Dos gotas asimétricas que insinúen mucho y revelen poco.
Es aún más refinado de lo que tenía en mente.
Y tenemos que abrir las mangas. —Señaló el vestido que Chiara llevaba puesto y que acariciaba sus hombros desnudos—.
Vuestros brazos son preciosos, hay que realzarlos sin falta.
A Chiara se le subieron los colores a las mejillas mientras se miraba, azorada.
—Pero si mis brazos no son bonitos…
—¡Y tanto que sí! —proclamó Yorrie en un tono que no admitía réplica, antes de comenzar a hojear su cuaderno buscando algo—. ¿Qué os parece este bordado? —Señaló un motivo—. Podríamos ponerlo en el corpiño, el dobladillo y los puños.
—¿Tenemos siquiera todo lo necesario para eso?
—Seguro que puedo conseguirlo de la señora Sarima. —Yorrie se detuvo de repente—. Aunque no es precisamente barato.
Chiara se mordió el labio cuando la verdad, implacable, la alcanzó de lleno.
Podía estar allí como princesa de Arnawal y prometida del príncipe, pero poseía menos que su propia doncella, a quien al menos le pagaban por sus servicios.
Había tenido que dejar atrás todos sus vestidos caros y sus joyas. No tenía ni una sola moneda propia.
Claro que podía pedirle el dinero a Willem, quien o bien se lo adelantaría él mismo o bien le transmitiría la petición a Cadrim. Pero le repugnaba mendigar. Tragó saliva con esfuerzo.
—Cárgalo a la cuenta del príncipe. —A la postre, él era el responsable de su situación. Y si en efecto se negara a cargar con los gastos, al menos tendría que hablar con ella.
Yorrie sonrió.
—Lo haré con mucho gusto. Ahora que lo pienso, he visto una tiara preciosa que combina a la perfección con este vestido y que os sentaría de maravilla.
Chiara sonrió con malicia.
—Añádela también a su cuenta.