Capítulo sesenta y dos
Sam
Corro por el pasillo hacia urgencias, con Blake pisándome los talones. Veo a mi ex junto a un box con las cortinas corridas y el corazón me va a explotar.
Chloe se asoma entre las cortinas. Tiene el rímel corrido por la cara.
—Está bien, mamá. Encontró algo de comer del avión y no pensó.
Alan señala a Blake.
—¿Quién es este tipo?
Paso de largo y voy a ver a mi hijo. Está dormido, con una vía en el brazo y una mascarilla en la cara. Se me escapa un sollozo y le cojo la mano.
—¿Sam?
Me giro y veo a un hombre atractivo de mediana edad con bata blanca.
—¿Calvin?
Nunca pensé que me alegraría tanto de ver al novio de Caroline, el hombre que me quitó a mi amiga. Pero así es. Con todo este caos, había olvidado que trabaja aquí a tiempo parcial. Viene a Nueva York dos veces al mes mientras se adapta a su nuevo trabajo en Vermont.
Habla con voz profesional y tranquilizadora.
—Ethan ha tenido un shock anafiláctico. Menos mal que tenían su EpiPen. Pasará la noche en observación, pero debería estar bien.
—Gracias.
Se me quiebra la voz y me siento mareada.
Chloe está a mi lado, agarrada a mi brazo.
—¿Estás bien, mamá?
—Sí, cariño. Solo preocupada.
Le presento a mi hija a Calvin, que se despide y se va.
Blake merodea por allí. Alan lo evita. La escena es extraña e incómoda.
Todo esto pasó mientras yo estaba en un parque, haciéndole ojitos a mi vecino. La culpa me atraviesa el pecho.
Tenía la cabeza en las nubes, deslumbrada por una cara bonita. No vi las llamadas de Chloe.
Lo que podría haber pasado. Dios mío...
Soy madre, y nada volverá a interponerse. Con cuidado de no despertar a mi hijo, le explico el plan a Chloe y luego me acerco a Blake. Tiene el ceño fruncido de preocupación.
—¿Se pondrá bien?
Asiento.
Con Alan observándonos de cerca, Blake me lleva a un rincón.
—Sam —dice en voz baja, con ese tono grave que me recuerda a hace un rato.
Suelto:
—No puedo hacer esto.
Antes de que pueda decir nada más, añado:
—Vete a casa, Blake.
Me doy la vuelta y, sin mirar atrás, vuelvo junto a mi hijo.