Capítulo sesenta y tres
Blake
Ethan está despierto y se ríe débilmente mientras hace girar el globo al que llamamos Rover. Cuando empieza a parpadear somnoliento, chocamos los cinco con cuidado y me despido.
—¡Adiós, señor McGiggles!
Después de que Sam se alejara, fui a mi coche, sin saber qué hacer. En lugar de irme a casa, cogí mi bolsa del maletero y volví a entrar para cambiarme. Para cuando regresé a urgencias, Sam se había ido.
Alan me observa con curiosidad. Apenas me ha dirigido la palabra.
Calvin se acerca para decirles a Alan y Chloe que Ethan puede irse a casa mañana.
Sobro aquí. No pinto nada. Ni siquiera como payaso.
La montaña rusa de esta noche empieza a pasarme factura. Los recuerdos de Bonnie me inundan. El dolor solo refuerza lo que siento por Sam y por sus hijos. Sentimientos más profundos de lo que imaginaba.
Tengo que quitarme el disfraz. Vivi está con una canguro y necesito ir a casa para relevarla.
Pero antes tengo que hacer una parada. En casa de mi vecina.
Espero que lo que Sam dijo fuera por miedo y estrés, que no lo dijera en serio. No puede decirlo en serio. Necesito decirle que quiero estar ahí para ella, que ella y sus hijos lo son todo para mí.
Pero como una úlcera, lo siento en las entrañas, a punto de estallar. Sam me está alejando.
Cuando lo único que quiero es tenerla cerca.
Me despido de Alan y Chloe y me alejo arrastrando los pies.