La subasta del amor (Club de los cincuenta fabulosos nº 3) Capítulo cincuenta y ocho
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Capítulo cincuenta y ocho

Sam

No tengo tiempo de pensar en todas las maravillas de anoche. Mi día es tan caótico como siempre, pero con una gran excepción: esta noche tengo una cita de verdad con el soltero más codiciado de la ciudad.

Además, mis hijos están de camino a casa. Estoy deseando verlos.

Después del trabajo, me salto la clase de yoga y voy directa a casa, pillando el tráfico de siempre. He estado dudando todo el día, pero al final cedo. Le pido al Bluetooth que llame a Barbie.

Con voz cantarina, digo: —Necesito ayuda —y le cuento lo de mi cita de esta noche.

—Voy para allá enseguida.

Cuando suena el timbre, cualquiera pensaría que estoy en el instituto esperando a que el quarterback venga a recogerme para una cita improbable. Tengo mariposas en el estómago y me repito que esta es una cita de verdad, no solo dos vecinos cenando juntos.

—¡Ya está aquí! —grita Barbie.

¡¿Qué?! Llega veinte minutos antes.

Salto de la silla y corro al espejo del baño para revisar el maquillaje que me ha hecho Barbie. Ella tampoco es muy de maquillarse, pero sabe más que yo. Todo el mundo sabe más que yo.

Giro la cabeza rápidamente de un lado a otro. No está mal. Y es más yo que anoche.

Me meto un chicle en la boca, lo mastico cinco veces y lo escupo.

Más rápido que lavarse los dientes. Corro a mi habitación, busco mi sujetador push-up y arranco las etiquetas de la ropa que me trajo Barbie.

Son colores apagados, pero de mucha mejor calidad de lo que suelo llevar.

Mi figura está más estilizada. La única ventaja del estrés.

Me cambio a toda prisa. Blusa de seda color crema, falda de cuero negra. Le cojo prestadas a Chloe las bailarinas de ante.

Cuando llego a lo alto de las escaleras, oigo la voz de Blake en el vestíbulo. Respiro hondo y bajo los escalones despacio, como si estuviera la mar de tranquila.

—Hola, Blake —mi voz suena suave, como si no acabara de vestirme a toda prisa.

Barbie tiene una expresión rara en la cara, me mira hacia la cintura y al instante me doy cuenta de que no me he subido la cremallera de la falda. Me giro como si fuera hacia la cocina y, con toda la discreción posible, me subo la cremallera.

Me vuelvo y digo: —Ya casi estoy lista.

Blake me mira como si viera algo nuevo. La ropa, el maquillaje, el yoga. Estoy en la mejor forma de los últimos años.

Meto en el bolso el pintalabios que me dio Caroline cuando veo una llamada perdida de Alan. En serio, ¿no puede ocuparse de los niños unos días?

Me cuelgo el bolso del hombro, beso a Barbie en la mejilla y le susurro al oído: —Gracias por todo.

Me da unas palmaditas en la espalda. —Estás fabulosa.

Increíblemente, me siento fabulosa.

—Lista —anuncio mientras tomo el codo que Blake me ofrece. La cercanía hace que el corazón me vaya a mil. Estoy deseando ver qué nos depara la noche.