La subasta del amor (Club de los cincuenta fabulosos nº 3) Capítulo cincuenta y dos
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Capítulo cincuenta y dos

Blake

El aire fresco del exterior me golpea la piel como un chorro de agua fría, pero no consigue calmar la tormenta que llevo dentro. Después del beso más apasionado de mi vida, necesitaba despejarme.

Es como si acabara de bajarme de una montaña rusa sin haberme dado cuenta de que estaba montado en ella. Aún siento el calor de Sam en mis brazos.

Me tomo unos momentos para recuperar la compostura. Me ajusto la corbata y paseo nervioso frente al hotel. Coches de lujo se alinean en la acera mientras varios porteros uniformados atienden a sus relucientes pasajeros.

Esta noche es muy importante para Sam. Espero que mi falta de autocontrol no le haya arruinado la noche.

Aparto de mi mente nuestro beso y lo que significa para mí, para nosotros. Mi plan de mantener las cosas en un plano platónico fracasó en cuanto ella entró en el ascensor. Esta noche tengo que apoyarla, no distraerla.

Respiro hondo y giro sobre mis talones. Hora de dar el espectáculo.

Ya me siento como un animal exótico expuesto en el zoológico, y eso que solo han pasado diez minutos desde que entré.

El salón de baile se está llenando de joyas suficientes para hacer sombra a la mayoría de los cuerpos celestes.

Me siento incómodo con este esmoquin, consciente de que la mayoría de las mujeres de la sala me observan.

Aun así, estoy orgulloso de Sam y de lo que ha conseguido.

La crème de la crème de la alta sociedad de Nueva York está presente, dispuesta a soltar fajos de dinero desgravable en la gala benéfica de esta noche. Si Sam alguna vez decide cambiar de profesión, organizadora de eventos sería lo suyo.

Veo a los otros dos solteros charlando al pie de la amplia escalera alfombrada y me acerco a presentarme. Parecen mucho más cómodos que yo. Charlamos un rato hasta que uno de ellos alza la vista y pregunta:

—¿Quién es esa?