Capítulo Cincuenta y Tres
Sam
El sexteto de cuerdas está tocando El Danubio Azul.
Varias parejas salen a la pista de baile.
Un calor agradable me recorre el cuerpo y, como un misil teledirigido, localizo a Blake.
Está guapísimo con su esmoquin, junto a los demás solteros, con la mirada clavada en mí.
El corazón se me acelera con solo mirarlo.
Si no fuera por este evento, me lo llevaría a dar otra vuelta en el ascensor.
Pero tengo trabajo que hacer, y él también. La subasta está a punto de empezar.
Doy otro paso y enseguida sé que algo va mal. El tacón se me engancha en el dobladillo del vestido.
El tiempo parece detenerse mientras pierdo el equilibrio. Toda mi vida pasa ante mis ojos. Veo mi lápida.
Aquí yace Sam. Madre amada, organizadora entregada, derribada por la alta costura y los tacones de diseño.
Levanto las manos preparándome para la caída. Siento las miradas de todos clavadas en mí. El momento más vergonzoso de mi vida circulará por las redes sociales durante semanas.
He perdido todo control sobre lo que está a punto de pasar. Me preparo para el impacto.