La subasta del amor (Club de los cincuenta fabulosos nº 3) Capítulo veintinueve
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Capítulo veintinueve

Sam

Domingo por la mañana y un silencio bendito.

Con los niños en París, me di un lujo que rara vez me permito: no poner el despertador.

Miro el reloj. Las ocho y cuarenta. Me alegra ver esa hora.

No recuerdo la última vez que dormí hasta tan tarde.

Ni sopladores de hojas, ni cortacésped, ni música alta.

Me quedo bajo el edredón unos minutos más, pero en apenas diez minutos paso de sentirme una princesa ociosa a una vaga redomada. La fiesta del vecindario es hoy.

Pero primero lo primero. Voy a mi despacho y abro el archivo de la recaudación de fondos Estrellas Brillantes para comprobar que no haya surgido ningún contratiempo de última hora.

Las chicas me dirían que descanse. Al fin y al cabo, es fin de semana.

Piensan que me excedo. Caroline, especialmente.

Después de su susto de salud, procura tomarse las cosas con calma y ha hecho grandes cambios en su vida.

Pero el banquete está a la vuelta de la esquina y, francamente, fue Caroline quien me metió en este lío.

Tomo algunas notas, cosas que comentar con Ramona.

Reviso la web del evento y me alegra ver mucha actividad.

Luego consulto la lista de donaciones, encantada de que haya entrado más dinero a solo unos días de la gala.

Tras un repaso exhaustivo, confío en que todo saldrá bien.

Estoy orgullosa del trabajo y de haber organizado todo con cabeza para que los últimos días no fueran un agobio. Todo está bajo control.

Tengo el tiempo justo para salir a por un café antes de quedar con Flo fuera.

Media hora después, aparco en la entrada de casa, bien cargada de cafeína y con tres docenas de dónuts del autoservicio. Me siento generosa. Esto, junto con mi chili picante de los que hacen sudar, será mi contribución a la fiesta del vecindario.

Echo un vistazo por si aparece Vivi con su manguera. Ni rastro de ella. Flo está al otro lado de la calle, arrastrando una mesa plegable desde su garaje. Sé que es mejor no insistir en echarle una mano. Jamás lo permitiría. La verdad, esa mujer es más fuerte que yo.

Pienso en lo que dijo el otro día. Flo le ha echado el ojo a Blake Mitchell.

Que Dios lo ampare.