Capítulo catorce
Blake
—¿Hola?
Solo con esa palabra sé que la voz femenina no es de una neoyorquina. Del Medio Oeste, probablemente.
—Eh, soy Blake Mitchell, de la casa de al lado.
—Sí.
Su tono es seco.
—Mi hija me dijo que la invitaron a su casa...
—Así es.
Me lo está poniendo difícil. No puedo culparla. Pero Vivi está sola afuera y yo estoy atrapado en un atasco de camino a casa desde el hospital. Respiro hondo.
—¿Podría llevarla a su casa hasta que llegue?
—Claro, no hay problema.
Espero algo más. Algo como un comentario vengativo, pero no llega. Debo de sonar tan patético.
—Gracias, te debo una bien grande.
—Estoy haciendo albóndigas con espaguetis. ¿Le doy un poco?
—Eso sería genial.
Estoy a punto de darle las gracias cuando me doy cuenta de que ya ha colgado.