Capítulo Diez
Blake
Vivi desayuna sus Cocoa Bits mientras ojea el móvil, con la mochila rosa a sus pies.
—¿Viste la aplicación del vecindario, papá?
No tengo ni idea de cómo mi hija sabe de eso.
—No, ¿por qué?
Titubea. —Puede que quieras echarle un vistazo.
Me pasa el móvil. Sé que Bonnie no aprobaría que nuestra hija de nueve años tenga su propio teléfono, pero hoy en día es una necesidad. Sobre todo con un padre tan despistado como yo. Necesito poder localizarla y que ella pueda localizarme.
Solo entonces reparo en que Vivi tiene la cara roja de vergüenza.
Ay, no. Samantha Bennett habrá publicado unas dieciocho veces sobre el incidente de la manguera, en plena cruzada contra el trabajo infantil sin supervisión. Se refiere a Vivi.
Llámame cobarde, pero llevo dos días escondido, asegurándome de que su coche no esté en la entrada antes de salir de casa. De momento, bien.
Debería haber ido con Vivi a disculparme, pero... no lo hice.
Vivi heredó el gen revoltoso de Bonnie. Al menos así lo llamamos en casa de los Mitchell. Siempre tiene buenas intenciones. Estaba practicando para ser bombera.
Desde que Bonnie murió, vivo intentando ponerme al día sin conseguirlo jamás. Con un trabajo a jornada completa y fechas de entrega que se me echan encima, algunas cosas quedan desatendidas, y por algunas cosas me refiero a todas.
Ojalá no fuera así. Ojalá Bonnie me hubiera enseñado todo lo que sabía sobre ser padre antes de tener que dejarnos.
Me mudé a la zona para estar cerca del hospital, el mejor centro de traumatología del noreste. Con Vivi en la guardería, decidí quedarme incluso después de que Bonnie muriera. Cuando la agente inmobiliaria nos enseñó la casa en Cedar Ridge, la idea de echar raíces de nuevo tenía sentido.
Una de las primeras cosas que hice fue apuntar a Vivi con la psicóloga del colegio. ¿Cuánto dura el daño en la psique de una niña que se queda huérfana siendo tan pequeña?
Lo bueno es que trabajo desde casa. Normalmente escribo tres mil palabras mientras Vivi está en el colegio.
Mi primer libro fue un éxito. Inesperado.
Sé que eso es tan raro como un eclipse solar.
Pero salió en el momento perfecto, justo cuando una serie popular de mi género arrasaba en todo el mundo.
Una mezcla de suerte y buena escritura, pero sobre todo suerte.
Hay montones de escritores increíbles cuyo trabajo nunca llega a publicarse.
Vivi termina el cereal, coge la mochila y me da un beso en la mejilla justo cuando el conductor del autobús escolar toca el claxon. Segundos después de que el autobús arranca, encuentro su almuerzo en la encimera. Tendré que llamar a la profesora para buscar una solución.
Dejo los platos en el fregadero y vuelvo a mi despacho, enfadado conmigo mismo. Intento hacer de padre y madre para mi hija, pero apenas consigo hacer de uno.
Y no es que esté siendo duro conmigo mismo. Llevamos dos meses aquí y mi vecina ya me acusa de explotación infantil.