Capítulo nueve
Sam
Estoy en el vestíbulo, tras una carrera loca hasta la puerta, formando un charco en el suelo de madera con el pelo chorreando. Sujeto una caja de pastel empapado. Ni idea de dónde ha ido a parar la revista.
Oigo que alguien grita una disculpa desde fuera, cierro los ojos y cuento hasta diez.
Estoy empapada, con el flequillo goteándome en los ojos. Aún aturdida, me atrevo a mirar afuera. A mi coche le han dado un lavado completo. Ahora que ha parado el diluvio, los culpables han desaparecido, pero sé dónde encontrarlos.
Esto es la guerra.