Capítulo ocho
Blake
Observo fascinado desde la ventana cómo mi hija pierde el control de la manguera, que se retuerce como una serpiente en pleno ataque epiléptico.
—¡Ahhh!
Mi vecina chilla y pega un salto hacia atrás. Estoy bastante seguro de que está escupiendo un buen trago de agua.
La manguera serpentea sin control y derriba el buzón de mi vecina como un tornado en miniatura.
Vivi se ríe como una hiena, pasándoselo en grande. Bajo las escaleras a toda prisa, voy al lateral de la casa y cierro el grifo. Entro corriendo a buscar toallas.
Cuando vuelvo, oigo un portazo en casa de la vecina. Se ha ido.
Agarro la manguera, la enrollo y la guardo en el carrete. Vivi está empapada, pero no tanto como mi vecina.
Debería ir a disculparme. Me dirijo hacia su casa cuando Vivi dice:
—Papá, por la cara que tenía, llamar a su puerta ahora mismo no sería buena idea.
Mi hija tiene mucho más ojo que yo. Buscaré el número de teléfono y reuniré el valor para suplicarle perdón a mi vecina.