Capítulo Cinco
Sam
El tráfico es una pesadilla.
Después de otro viaje en metro por el mismísimo infierno, tenía la esperanza de pasar por casa a darme una ducha rápida antes de mi clase de español, pero no hay tiempo.
Decido ir directamente a la biblioteca de Cedar Ridge, donde tenemos la clase semanal.
Hoy toca aprender adjetivos útiles y no me lo quiero perder.
Le mando un mensaje a Flo avisándole de que quizá llegue tarde, y añado que mejor me evite porque no me he duchado. Me responde con un emoji de nariz. Tiene gracia, con lo de Flozy la Cotilla.
Cuando llego, todos están ya sentados y las palabras escritas en la pizarra. Intento disimular los cercos de sudor y me siento en una esquina.
Flo me saluda con la mano. Pregunta en voz alta, para que la oiga:
—¿Qué pasa?
—Stinkito —respondo.
Se ríe de mi palabra inventada. Flo me lleva veinte años, pero aparte de las chicas del Fabulosas Cincuenta, es lo más parecido a una confidente que tengo. Y a diferencia de mis otras amigas, vive justo enfrente.
La sala está más llena de lo habitual y veo a varias caras nuevas al fondo. Uno de los chicos se gira al oír la risa de Flo y nuestras miradas se cruzan. Se me corta la respiración. El tipo está muy guapo.
Una buena mata de pelo rebelde con vetas plateadas y barba corta; físico más de mecánico que de teleadicto.
Enseguida me arrepiento de haberme saltado la ducha. Las chicas del club me dirían que corriera al baño de señoras a ponerme un poco de pintalabios, pero a estas alturas sería demasiado poco y demasiado tarde. Además, ni siquiera llevo pintalabios.
Tampoco es que un poco de color en los labios fuera a cambiar mucho las cosas. Desde que Alan se fue, cuando no voy vestida para el trabajo, vivo en pantalones de yoga.
Cuando termina la clase, he aprendido que alborotado significa desordenado y lampiño significa sin vello. Espero no tener que usar ninguno de los dos adjetivos en breve.
Evito al tipo guapo y salgo pitando antes de que nadie se acerque a menos de un metro de mi espacio personal. Todavía tengo que hacer una parada antes de volver a casa.