CAPÍTULO 39
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Me despierto a la mañana siguiente sintiéndome como si pesara treinta kilos menos.
Es una sensación extraña y maravillosa al mismo tiempo.
No siento ese miedo constante que solía vivir en mi pecho, ese nudo de ansiedad que siempre estaba presente incluso cuando intentaba ignorarlo.
Y lo más increíble: he dormido toda la noche del tirón.
Ocho horas completas sin despertarme una sola vez, sin pesadillas, sin sobresaltarme con cada ruido.
Me levanto radiante, con una energía que no recuerdo haber tenido en años.
Me doy una ducha rápida, el agua caliente cae sobre mi piel, y no puedo evitar sonreír mientras me enjabono.
Es como si una parte oscura de mí se hubiera ido con Marco, como si al enfrentarlo finalmente hubiera soltado algo que llevaba cargando demasiado tiempo.
Salgo del baño envuelta en una toalla, con el pelo todavía goteando y con la intención de ir a buscar a Connor al salón para contárselo. Pero él ya está ahí, apoyado contra el marco de la puerta del dormitorio, observando.
Las palabras salen de mí en una verborrea de felicidad antes de que pueda detenerme.
—He dormido toda la noche, Connor. Del tirón, sin pesadillas. Y me siento... ligera. Como si pudiera respirar de verdad por primera vez en mucho tiempo. ¿No es increíble?
Él sonríe ligeramente, pero es una sonrisa que no llega a sus ojos. Noto inmediatamente que algo no está bien.
—¿Qué te pasa? —pregunto, con mi propio entusiasmo desvaneciéndose—. ¿Por qué estás tan serio?
Connor vuelve a su estado serio, esa expresión impasible.
—Vístete —dice—. Tenemos visita y tenemos que hablar contigo.
—Vale, pero ¿qué pasa? —insisto, sintiendo cómo la ansiedad empieza a regresar, ese viejo conocido que hace tan solo un momento pensé que había dejado atrás.
—Ahora fuera te contamos —responde—. Te espero en el salón.
Me visto con ropa cómoda, unos leggins y una sudadera con capucha de Connor que me queda tres tallas grande. Me envuelve completamente, y normalmente me encanta llevar su ropa, sentir su olor alrededor de mí.
Al salir al salón, me encuentro con Lucca, Alina y Connor. ¿Por qué será que intuía que estaría la pesada de Alina?
Los tres están sentados, y la atmósfera en la habitación es tan tensa que casi puedo tocarla.
Connor me hace un gesto para que me siente, y me acerco para sentarme a su lado en el sofá, pero él me coge y me sienta directamente encima de él.
Su brazo se cierra alrededor de mi cintura, manteniéndome cerca.
Todos están serios, mirándome como si estuvieran esperando a que haga o diga algo. El silencio se alarga demasiado y empieza a incomodarme.
—¿Se puede saber qué demonios pasa? —digo finalmente, incapaz de aguantarlo más—. ¿Qué hace ella aquí? —especifico porque realmente Lucca no me molesta.
Mi mirada va directamente a Alina, que está sentada en el sillón frente a nosotros. Lucca salta inmediatamente.
—Eh, Brook, relájate —dice, levantando las manos en un gesto de calma—. Alina es parte de la Spina y solo quiere ayudarte.
—Sí, ya bueno, perdona que discrepe —respondo, y mi voz suena más cortante de lo que pretendía—. Lo único que quiere ella es meterse cada noche en una cama diferente.
Alina se levanta de un salto. Su cara muestra una mezcla de enfado y arrogancia.
—Connor, creo que esto es muy mala idea —dice, mirándolo a él y no a mí—. Ella no está preparada para esto. Y mucho menos si debe hacerlo conmigo.
Alucino. Miro de Connor a Alina y de vuelta a Connor.
—¿Perdona? —digo, y mi voz sube de volumen—. ¿Qué coño es lo que debo hacer para lo que no estoy preparada?
—Alina, siéntate —dice Connor con voz firme, señalando la silla sin apartar la mirada de ella.
—Connor, yo…
—He dicho que te sientes.
No le hace falta alzar la voz. Su tono seco, autoritario, no deja espacio para protestas ni excusas.
Alina aprieta los labios un segundo antes de obedecer lentamente y entonces Connor se gira hacia mí. La dureza de su expresión me golpea de lleno.
—Por favor, basta ya de comportarte como una niña celosa —dice, y sus palabras me duelen más de lo que quiero admitir—. Voy a contarte qué fue lo que pasó en la reunión con Di Santos.
Y me lo cuenta. Todas las palabras salen de su boca, cada una cayendo sobre mí como una jarra de agua fría. El trato. Las exigencias de Di Santos, su obsesiva insistencia en que fuera yo quien entregara el dinero… y en llevarme después con él al hotel. Se me revuelve el estómago.
Ahora las piezas empiezan a encajar en mi cabeza—la tensión de Connor después de la fiesta, la reunión urgente con Lucca y luego Alina…
—Entonces... —digo lentamente, procesando la información—. ¿Necesitáis que pase una noche con ese tipo para cerrar el trato?
—No —dice Connor inmediatamente, y su brazo se tensa alrededor de mi cintura—. Ni de coña te voy a dejar con ese animal. Solo necesito que vengas para que cerremos el trato, y entonces Lucca te sacará de allí cagando hostias. Alina se ofrecerá a ir con él en tu lugar.
Miro a Alina, que ahora está sentada de nuevo, mirándome con una expresión que no logro descifrar.
—Sí, claro —digo—. ¿Y por qué Alina va a hacer eso? Todas en el casino hemos oído hablar de este degenerado. Las mujeres no acaban bien cuando se van con él.
Alina responde sin mirarme siquiera. Mantiene los ojos clavados en Connor, y la mandíbula tensa.
—Eso es asunto mío, bonita —escupe con frialdad—. No hace falta que te preocupes por mí. Sé cuidarme solita.
Connor me gira suavemente para que lo mire a los ojos.
—Brook, si no te ves capaz, no pasa nada —dice, y su voz es más suave ahora—. Lo último que quiero es ponerte en riesgo. Voy a estar ahí todo el tiempo a tu lado, y luego estará Lucca.
—¿Y si el tipo no se conforma? —pregunto, y ahora el miedo está de vuelta, instalándose en mi estómago—. ¿Y si te mata, Connor? ¿O os mata a todos por tenderle una trampa?
—No sufras por mí —responde, y su mano sube para acariciar mi mejilla—. Estaré bien. Todos estaremos bien. Sabe que no le conviene tenerme muerto. Le hago ganar más dinero que cualquier otra mafia de la zona.
Termino aceptando el trato, aunque tengo mil dudas en la cabeza.
No creo que un hombre como Di Santos, que ha pedido algo específico, se conforme con un cambio de última hora.
Pero Connor parece tenerlo todo bajo control, y Lucca está aquí, y hasta Alina parece estar de acuerdo con esto.
No entiendo qué gana ella con esto. No somos amigas para querer ayudarme, y mucho menos para tener que pasar una noche con esa bestia. Hay piezas que no encajan.
Los días siguientes pasan muy rápido. Connor se pasa el día trabajando con Lucca para la entrega. Los escucho hablar por teléfono, haciendo planes, organizando cada detalle.
Han sobornado a la policía, gente del puerto, y sobre todo trazan planes de vías de escape para Lucca y para mí cuando salgamos de allí.
Llega el día del intercambio. Connor ya tiene el dinero preparado en maletas, y yo salgo de la habitación vestida para la ocasión.
Si hay que fingir que voy a pasar una noche salvaje con ese hombre, tendré que ir elegante.
Llevo un vestido negro de seda que Alina me trajo para esto.
Es ajustado a mi cuerpo, con un gran escote y un corte en el muslo que es más que sugerente.
Los tirantes son finos, dejando mi espalda completamente al descubierto.
Me siento expuesta, vulnerable, pero también poderosa de una manera extraña.
Connor queda embobado cuando me ve. Sus ojos recorren mi cuerpo lentamente, y por un momento veo algo en ellos que no es preocupación —es deseo puro.
—No sé si debería ponerme celoso de que te pongas así de guapa para otro hombre —dice, y su voz es más ronca de lo normal.
Me acerco a él, poniéndome de puntillas para llegar a su oreja.
—Voy a estar pensando toda la noche en ti —susurro en su oído—. Y cuando Lucca me saque de allí, te estaré esperando en la cama solo con el vestido, porque por si no lo has notado, no llevo ropa interior.
Connor hace un gruñido que le sale de dentro, un sonido animal que hace que el calor se extienda por mi propio cuerpo.
—Brook, no me provoques que no nos vamos —dice, pero sus manos se cierran alrededor de mis caderas con una fuerza que me hace perder el aire por un momento. Me tira contra él, y puedo sentir cada músculo de su cuerpo tenso bajo mi contacto.
Su erección es evidente incluso a través de las capas de tela, presionando contra mi estómago. Siento cómo su respiración se acelera, cómo sus dedos se hunden en mi piel como si quisiera marcar su territorio.
—Tengo... tengo algo que contarte —dice, con la respiración entrecortada mientras sus labios rozan mi cuello— Algo importante que necesitas saber antes de…
—Shh, calla —lo interrumpo, presionando mis dedos contra sus labios— tenemos una hora antes de irnos.
Sus ojos se oscurecen al entender mi intención. Veo la lucha en su cara—la necesidad de decirme lo que sea que guarda, contra el deseo que acabo de encender.
—Quiero que me folles aquí mismo —digo, y las palabras salen más directas de lo que pretendía—.
Quiero que me marques. Que me dejes tan llena de ti que cuando Di Santos me mire, aunque sea por un segundo, sepa que solo soy tuya.
Que en cada paso que dé esta noche, sienta tu semen corriéndome por las piernas.
Que cada vez que respire, huela tu piel en la mía.
Connor me mira como si nunca me hubiera visto antes. Como si acabara de descubrir algo nuevo en mí.
—Estás loca —susurra, pero sus manos ya están subiendo por mi espalda buscando el cierre del vestido.
—Sí, por ti —digo, desabrochándole los botones de la camisa mientras hablo.
Sus dedos se detienen sobre mi espalda y durante un segundo entero solo me mira, como si acabara de arrancarle el aire de los pulmones. Hay algo casi peligroso en su expresión. Hambre, devoción, incredulidad.
Como si no pudiera creer lo que acaba de escuchar salir de mi boca. Sus ojos recorren mi cara lentamente, absorbiéndome.
—Joder, Brook… —dice al final, con la voz grave y rota.
Traga saliva y apoya la frente contra la mía, cerrando los ojos un instante como si estuviera intentando recomponerse.
—Estoy loco por ti desde el puto segundo en que te conocí. Te vi y supe que estaba acabado. Que ya no iba a poder mirar a otra mujer sin compararla contigo. Que no iba a volver a dormir tranquilo si no eras tú quien estaba en mi cama.
Me arranca el vestido con urgencia, de forma salvaje. La seda negra cae a mis pies.
—Eres mía —dice mientras sus labios descienden por mi cuello, mis hombros y finalmente mi pecho—. Eres mía desde aquella primera noche, gatita.
Me tumba sobre la cama y siento su peso sobre mi como una promesa eterna.
—Te amo, Brook —susurra contra mi piel mientras sus manos recorren cada centímetro como si estuviera memorizando mi cuerpo—. Te amo por encima de todo: de mi trabajo, de mi vida, de mi propia seguridad. Estoy loco por ti. Obsesionado hasta un punto que ni yo mismo puedo explicar.
—Entonces demuéstramelo —digo abriéndome para él, sintiendo cómo su cuerpo tiembla al ver que ya estoy lista, mojada y deseándolo con esa misma desesperación—. Demuéstrame que soy tuya.
—No tienes ni idea de lo que acabas de hacerme.
Y luego ya no hablamos, porque las palabras sobran cuando nuestros cuerpos se encuentran. No es tierno, es desesperado y necesario.
Cada empuje suyo es una marca, mis gemidos son una afirmación y cada vez que nuestros cuerpos chocan es un recordatorio de lo que somos juntos.
Cuando acabamos, en la cama sudorosos e intentando recobrar el aliento, él me mira con esos ojos grises llenos de algo que casi me hace llorar...
—Esta noche, cuando todo termine, te lo cuento todo —susurra con su mano acariciando mi mejilla con una ternura que contrasta brutalmente con lo salvaje del sexo—. Los secretos que llevo cargando desde antes de conocerte. Porque no puedo seguir ocultando cosas a la mujer que amo.
Me encanta oírle decir que me ama. Sonrío, un sonido genuino y divertido que sale fácilmente.
Y veo cómo a Connor le gusta ese sonido, cómo sus ojos se suavizan al escucharme reír.
Desde que acabamos con Marco hace unos días, sonrío mucho más.
Duermo mejor. Incluso empiezo a comer más.
Me siento radiante, y sé que a Connor le encanta verlo, aunque todavía noto la sombra de preocupación en sus ojos, el miedo de lo que va a pasar con nosotros.
Le planto un beso, y eso lo saca de sus pensamientos. Sus labios responden, y por un momento nos perdemos en el contacto, en la familiaridad del uno con el otro.