La Spina Negra CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

CONNOR

Los días son extraños y perfectos. Brook y yo vivimos como si el mundo exterior no existiera. Como si las reglas que normalmente gobiernan mi vida se hubieran suspendido temporalmente.

El primer día vamos a comprar. No es una tarea que normalmente haga; en la mansión dispongo de gente que se suele encargarse de eso.

Pero Brook quiere ir, dice que necesita hacer cosas normales, ver gente normal.

Así que vamos a un mercado pequeño cerca del pueblo.

Ella lleva mi camisa negra, la misma que le di días antes, y unos jeans simples.

Yo llevo ropa casual también —unos pantalones y una camiseta— pero no puedo evitar sentir que todos me miran.

Brook no parece notarlo. Está concentrada en preguntarme qué prefiero para la cena, elegir frutas y comparar precios.

Le he dicho que deje de hacerlo, el dinero no es un problema para mí, pero es testaruda como ella sola y dice que si derrocho algún día se puede acabar.

Me resulta hasta graciosa la forma en que arruga la nariz cuando me riñe por gastar.

Cocinamos juntos esa noche. Ella hace una pasta simple mientras yo corto verduras.

No hablamos mucho, pero el silencio para nosotros es paz.

Es el silencio de dos personas que están aprendiendo cómo existir en el mismo espacio.

Ella me pasa un tomate cuando lo necesita cortado; yo le alcanzo la sal cuando la busca.

Son gestos pequeños, domésticos, que nunca había compartido con nadie.

El segundo día paseamos por el lago. Es tarde, casi al anochecer, y el aire está fresco.

Brook lleva una chaqueta ligera, y nuestras manos se encuentran naturalmente mientras caminamos.

No hablamos de nada del mundo real. Hablamos del lago, de los pájaros que vemos, de cómo el agua refleja las luces del pueblo.

Ella pregunta por mi pasado, mi familia.

Intenta conocerme e indagar un poco más. La entiendo, pero yo odio esta parte.

Cuando volvemos a la casa, estamos en la sala, ella sentada en el sofá con un libro que sacó de la estantería, yo revisando algunos mensajes en mi teléfono, pero sin verdadera atención. El ambiente es tranquilo, casi pacífico. Y entonces ella dice algo que rompe esa paz.

—No quiero que esto se acabe —dice, y su voz es tan baja que casi no la oigo.

Dejo el móvil en la mesa y me giro hacia ella.

—¿El qué? —pregunto.

Brook mira su libro, pero no está leyendo. Sus ojos están fijos en una página, pero su mente está en otra parte.

—Por un momento —dice —me olvidé completamente de que tú eres… quién eres. De que yo estoy sola en el mundo. De todo lo demás.

No sé cómo responder a eso. Porque ella tiene razón: esto es una suspensión temporal, no una realidad permanente.

—Muy pronto todo se acabará —digo finalmente, porque es la única promesa que puedo hacerle que sea verdadera—. Y podrás sentirte segura de nuevo.

Ella levanta la vista hacia mí. Sus ojos están serios.

—¿Ah, sí? Pero tú seguirás perteneciendo a una organización criminal. Seguirás en peligro constante.

Es una observación tan simple y verdadera que me quedo sin palabras. Ella no está preguntando si puedo cambiar, ni sugiriendo que debería. Solo está señalando la realidad: mi vida es esto, y no va a cambiar.

Estoy a punto de responder cuando mi teléfono vibra en la mesa. Lucca.

Lo cojo y veo el mensaje: Todo listo para la fiesta de Di Santos mañana. La reunión está confirmada a las 10 p. m.

Dejo el móvil sin responder inmediatamente. Brook está mirándome.

—¿Es trabajo?

—Sí, ya está todo organizado para mañana.

—¿Y Marco?

—Lucca ya me confirmó esta mañana que Marco estará en la fiesta.

Brook se queda quieta un momento, procesando la información. Entonces se acerca más a mí.

—Yo voy —dice, y su voz es más firme ahora—. No voy a quedarme aquí jugando a las casitas.

—No —me niego al instante—. Esta fiesta es diferente. No hay máscaras, Brook. En cuanto Marco te vea, te reconocerá de inmediato.

—Pero podemos aprovechar la fiesta para ejecutar nuestro plan —insiste—. Estarás allí. Podemos hacerlo juntos, como dijiste, como habíamos preparado con Lucca hace semanas.

La miro y veo la determinación en sus ojos.

Es la misma determinación que tenía cuando insistió en enfrentarse a Marco la primera vez.

Pero esta situación es más peligrosa. Di Santos no es un hombre al que le gusten las sorpresas, y una fiesta con él no es un lugar donde puedo controlar todos los elementos.

—No —repito—. No es seguro.

Su expresión se endurece.

—Estoy harta de esperar —me grita—. Quiero terminar con esto ya. Con tu ayuda o sin ella.

Las palabras son una amenaza, pero también una declaración de independencia. Ella no está diciendo que va a actuar sola; está diciendo que va a actuar, independientemente de lo que yo decida.

Me levanto también, enfrentándola.

—Brook, no puedes.

—¿Por qué? ¿Porque es peligroso? Todo es peligroso —responde—. Pero vivir con esto dentro de mí sin hacer nada también es peligroso. Me está consumiendo.

Veo la verdad en sus palabras. Enfrentarse a Marco no es solo una necesidad de venganza; es una necesidad de cerrar algo, de recuperar una parte de sí misma que fue robada.

Entonces una llamada interrumpe nuestra discusión. Cojo el teléfono y es Lucca de nuevo.

—Jefe —dice Lucca—. ¿Has leído mi mensaje?

—Sí, Lucca, gracias. Cita a Marco una hora antes y prepara todo como habíamos hablado.

—¿Brook va a estar allí? —pregunta Lucca, y su voz tiene un tono de curiosidad.

—Sí… —cedo finalmente.

Cuando cuelgo, ella no pregunta nada. Solo espera.

Finalmente, exhalo. La realidad es que, si ella decide actuar sola, no puedo protegerla. Y si actúa durante la fiesta, sin mi conocimiento, podría poner en riesgo no solo a ella sino toda la operación.

—De acuerdo —digo finalmente—. Vas a ir.

Brook no sonríe ni celebra. Solo asiente, como si hubiera sabido que esto sería el resultado.

—Pero tenemos menos de veinticuatro horas para trazar un plan —continúo—. Y ese plan va a seguir mis instrucciones exactas. No vas a improvisar. No vas a actuar sin mí, ¿queda claro?

Brook mira mis ojos, buscando alguna garantía de que esto no es solo otra forma de control.

—¿Y qué pasa si Marco intenta algo?

—Yo estaré allí y Lucca también. No vamos a dejarte sola con él.

Ella parece considerar esto por un momento. Entonces asiente otra vez.

—¿Y Alina? —pregunta con recelo.

—Alina estará en la fiesta, pero no en lo de Marco. No te preocupes, la mantendremos al margen. Ella sabe que pasó algo, sabe que te instruyo con una finalidad, pero no sabe cuál es ni que te ha hecho Marco. Así que tampoco sabrá de nuestro plan.

Coloco mis manos en sus hombros. Su piel está cálida bajo mi contacto.

—En serio, no quiero que hagas nada sola. No voy a arriesgarme a perderte otra vez pequeña.

Brook mira mis ojos, y veo que comprende lo que significa esa frase. No solo pienso que sea mía, es que la necesito. Yo necesito que ella esté segura no solo porque es mi responsabilidad, sino porque no puedo imaginar perderla.

—Lo sé, pero también necesito hacer esto.

—Lo vamos a hacer. Juntos.

Y entonces comenzamos a planear. Pero mientras trazamos los primeros detalles del plan, siento que algo ha cambiado entre nosotros. No es solo que ahora somos aliados en un objetivo común; es que hemos cruzado un límite donde ella no es solo alguien que protejo, sino alguien con quien trabajo.