La Spina Negra CAPÍTULO 26
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CAPÍTULO 26

CONNOR

Los tres meses han pasado sin descanso, consumidos entre entrenamiento, discusiones, sexo y una obsesión que ninguno de los dos se atreve a nombrar, y ahora la observo desde el cristal oscuro del gimnasio mientras se enfrenta a Lucca en la última sesión antes de la prueba.

Brook sostiene sus dagas favoritas con una seguridad que todavía me descoloca, porque recuerdo demasiado bien a la mujer que llegó aquí rota, perdida y temblando por dentro, y la que tengo delante ahora se mueve con una precisión fría que da miedo.

Su cuerpo es más fuerte, más rápido y duro. También su mirada.

Muchas veces pienso que, si hubiera querido, podría haberse marchado hace tiempo.

Con el control y dominio de los cuchillos que ha adquirido, le habría bastado una sola noche para matarme y desaparecer.

Pero sigue aquí y eso me gusta más de lo que debería.

Aunque también me aterra, porque ya no puedo imaginar un después sin ella.

Y, al mismo tiempo, sé que no merece esta vida.

Brook es luz pura, y yo llevo demasiado tiempo viviendo entre sombras.

Lucca gira una de sus dagas entre los dedos y le dedica esa sonrisa insolente que usa incluso cuando sabe que puede perder.

—Vamos, princesa. No me humilles delante de Connor.

Brook ni siquiera pestañea.

—Entonces intenta seguirme.

Se mueve primero, como alguien que ya sabe cómo acabará la pelea. Esquiva el primer golpe de Lucca inclinando apenas el cuerpo, entra por su costado y golpea su muñeca con precisión. Una de las dagas sale despedida y cae en la colchoneta.

Lucca intenta reaccionar con la otra mano, pero Brook ya está demasiado cerca. Bloquea la segunda hoja, engancha su brazo, usa la cadera y lo derriba con una maniobra limpia. Cuando él cae, ella ya está encima inmovilizándolo con una rodilla y con la punta de la daga presionando su garganta.

Lucca levanta ambas manos riéndose.

—Me rindo. Me rindo. Joder.

Brook se aparta enseguida, respirando con fuerza, pero sin sonreír. Le devuelve el arma caída.

—Has tardado demasiado en cambiar el peso al pie izquierdo.

Lucca la mira con falsa indignación.

—Ahora también me analiza. Connor, la has convertido en un monstruo.

No respondo, pero sonrío, porque pienso lo mismo que él.

Con las pistolas se ha vuelto buena. Con las dagas se ha vuelto peligrosa.

Hay algo demasiado natural en ella cuando sostiene una hoja, como si cierta parte de su oscuridad por fin hubiera encontrado una forma de salir.

Y verla así me produce un orgullo extraño, mezclado con una inquietud en la que no quiero pensar por ahora.

El timbre del ático rompe el momento. No es un sonido habitual, ya que la mayoría de las personas que conocemos este ático estamos aquí ahora. Salgo del gimnasio y reviso la pantalla de seguridad. Alina espera en la entrada con un portafolios negro entre las manos.

—Es Alina —digo en voz alta.

Brook apenas escucha el nombre, se tensa, un gesto mínimo en los hombros, pero lo noto. Lucca, en cambio, se queda inmóvil como un idiota. Luego se le ilumina la cara de una manera tan evidente que me dan ganas de reírme.

—Lucca por favor, quita esa cara, Alina juega en otra liga.

—Ya, bueno… pero aún no han pitado la final, hasta entonces, hay esperanzas, jefe —dice Lucca sonriendo y con cara de niño en plenas navidades.

Me siento un poco mal por él, pero la realidad es la que es. Alina jamás se fijaría en alguien como él.

Abro la puerta y ella entra con su elegancia de siempre, me saluda con una inclinación breve de cabeza y después mira a Brook.

—Hola, Brook. —Le sonríe.

Brook le responde con un «hola» breve, casi sin mirarla. Noto los recelos todavía, es natural, pero lo que capta mi atención inmediatamente es Lucca de nuevo.

Su cara ha cambiado completamente. La expresión de concentración del entrenamiento se ha transformado en una sonrisa amplia, casi tonta.

Sus ojos brillan, lo conozco. Lucca tiene esa cara solo cuando alguien le gusta, y cuando le gusta mucho, se pone así, como un adolescente idiota.

Y está mirando a Alina como si fuera el sol.

Alina, por su parte, apenas dirige su mirada hacia él. Le da un «hola chico de los cuchillos» rápido y luego centra su atención en mí, evitando claramente cualquier contacto visual prolongado con él.

Brook tarda menos de dos segundos en captar la tensión. Se cruza de brazos y sonríe con malicia.

—¿Qué pasa entre vosotros dos? —pregunta, notando la dinámica extraña. Su voz tiene un tono de curiosidad genuina.

—Nada —dice Lucca demasiado rápido.

—Nada, dice. Pensaba que éramos amigos y nos lo contábamos todo.

Lucca se ríe, nervioso.

—Ah, no. Todo no princesa —dice, mirando brevemente a Alina, quien sigue ignorándolo—. Hay cosas que prefieres no saber —susurra esta vez tapándose un poco la boca para que no le escuchemos.

No puedo evitar sentir culpabilidad, esto no puede ocurrir. Lucca y Alina no pueden ser más distintos.

—Connor, controla a tu chica.

Brook gira la cabeza hacia él.

—No soy su chica.

Responde demasiado deprisa, demasiado tajante y la frase me golpea más de lo que debería. Alina carraspea con elegancia.

—Si habéis terminado el teatro infantil, traigo los documentos que me pediste.

La acompaño al despacho mientras Lucca protesta detrás y Brook se ríe por lo bajo. Justo antes de cerrar la puerta escucho la voz de Brook susurrando, fingiendo discreción.

—¿En serio te la has tirado? ¿Qué pasa con esta tía, que se tira a toda vuestra organización o qué?

Se me escapa una risa baja, inmediatamente contenida. Espero que Alina no lo haya oído. Ella sigue caminando con su postura profesional intacta.

Es una buena chica y aunque su carácter es complicado porque es muy directa, sarcástica a veces, y puede ser difícil trabajar con ella cuando está de mal humor, es una de las mejores en lo que hace.

Su trabajo en la gestión de información, contactos y logística para la organización es impecable, y es leal hasta la muerte.

En mi mundo, eso vale más que cualquier habilidad.

Y sé que su lealtad es hacia la organización, y hacia mí, por razones que ambos entendemos.

Cuando entramos deja el portafolios sobre la mesa y lo abre. Dentro hay fotografías, planos, horarios, rutas de acceso, perfiles. La prueba final.

—Todo está aquí —dice mientras coloca los documentos delante de mí—. Información confirmada durante las últimas semanas. Movimientos, seguridad, rutina… — me acerca los papeles de la mesa.

—Connor, no sé qué le ha pasado a esta chica y entiendo que no me lo quieras contar, es tu decisión y tus motivos tendrás para todo lo que estás haciendo por ella. Pero ¿estás seguro de querer meterla en todo esto?

—Seguro no estoy de nada desde que ella cruzó esa puerta... pero hay personas a las que no puedes salvar encerrándolas. Solo puedes elegir si arden solas o a tu lado.

—¿Y si luego se arrepiente? Eres consciente de que no puedes dejar cabos sueltos con todo lo que ella sabe…

—No será un cabo suelto.

—Está bien… La prueba es esta noche —añade Alina—. El objetivo no cambia nunca su rutina, así que hoy es el mejor momento. ¿Se lo dices tú o quieres que la informe?

—Yo me encargo.

Alina se queda un momento más, confirmando algunos puntos de seguridad y comunicación, y luego se va. Cuando vuelvo al salón principal, Brook está sola, limpiando sus dagas con un paño especial. Lucca se ha ido justo después que Alina, probablemente a preparar todo para esta noche.

—Brook, ven, tenemos que hablar.

No pregunta nada, me sigue al comedor, donde ha dejado la comida preparada para el mediodía, pero ninguno parece muy interesado en comer hoy.

—Alina ha venido por tu última prueba.

Brook deja el vaso lentamente. Sus ojos se clavan en los míos.

—¿Última?

—No es un simulacro, ni un entrenamiento. Esta noche es real —digo y me fijo en que no aparta la mirada.

—¿Qué tengo que hacer?

—Armas reales con peligros reales. Un villano a quien sacarle información ¿lo entiendes? —pregunto—. Tu primera misión. La prueba definitiva para saber si estás lista.

—Lo he entendido Connor, esta vez no hay simulacro. ¿Qué tengo que hacer?

Le entrego la carpeta, la abre y empieza a revisar cada página con una calma clínica que me enorgullece.

—Han Wei. Cincuenta y tres años. Responsable de reclutar a nuestros hombres para la Tríada. Consiguió que tanto Renzo como Romeo nos traicionaran. Los compra, los manipula o chantajea hasta convertirlos en soplones. Tiene escolta permanente y se mueve entre varios pisos francos de su organización.

Pasa página tras página, sin perder detalle.

—Los hábitos —continúo—. Los jueves vuelve tarde de un club privado que frecuenta.

Entra en el piso entre las 23:30 y medianoche, el guarda personal suele hacer una ronda exterior a las 00:15 aproximadamente.

Entre esa ronda y la 1 a. m., Han Wei está usualmente en su estudio, revisando papeleo.

Es el momento más vulnerable. Las rutas de escape…

tienes varias opciones marcadas en el mapa, pero la principal es llevarlo al punto de extracción designado, donde un furgón lo recogerá.

—¿Y tú? —pregunta al fin.

—Yo no intervengo —respondo, y mi voz es firme—. Te observaré desde las sombras. Tendrás un rastreador en tu equipo, una cámara y micro miniaturizados. Pero yo no estaré dentro, no te rescataré si algo sale mal. Esta es tu prueba y debes demostrar que puedes ser un arma letal por ti misma.

Una sombra cruza su mirada apenas un segundo. Después asiente.

—Si algo sale mal, lo resolverás tú. Improvisación, cabeza fría.

—Entendido.

Yo también asiento, aunque por dentro todo en mí rechaza la idea de dejarla entrar sola en una casa hostil. Pero si quiero que sobreviva en este mundo, tengo que soltarla alguna vez, aunque me reviente hacerlo.