La Spina Negra CAPÍTULO 26 #2
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CAPÍTULO 26 #2

La noche cae sobre la ciudad con esa calma engañosa que precede a las cosas chungas.

Todo está preparado cuando salimos del ático, Brook conduce sola un sedán gris que no llama la atención.

Nosotros vamos detrás, a distancia, en el SUV negro con Lucca, Enzo y Fabio.

Son mis mejores hombres, de mi total confianza, y los más discretos, ya que esto es una operación de La Spina, realizada extraoficialmente por alguien que no pertenece a la organización.

Pero con ellos y Alina, garantizo la discreción.

En la tablet que llevo entre las manos un punto verde avanza por el mapa con una precisión constante. Su rastreador, su pulso convertido en coordenadas.

Lucca revisa las comunicaciones una última vez.

—Micro activo cuando dé la señal. Equipo de extracción en posición. Ruta limpia.

Asiento sin apartar la vista de la pantalla.

Brook nunca ha estado realmente sola desde que llegó al ático conmigo. Esta noche sí lo está y odio descubrir cuánto me afecta.

Llegamos al punto de observación, una elevación baja rodeada de árboles desde donde se ve parcialmente la propiedad donde hoy está Han Wei. La casa aparece al fondo, moderna, fría, demasiado iluminada para alguien con tantos enemigos.

—El objetivo aún no ha llegado —murmura Fabio con los prismáticos.

Miro de nuevo el punto verde de Brook detenido cerca del perímetro. Esperando paciente, invisible.

A las once cuarenta y siete un coche entra por el camino principal y de él sale Han Wei.

Un hombre cincuentón, barriga cervecera y semblante de quien cree controlar demasiado.

Por estatura y peso podría dominar a Brook en un suspiro, pero sé que ella no lo va a permitir.

Cruza la puerta principal sin mirar alrededor.

—Confirmado —dice Enzo.

No respondo, solo espero.

A las doce y diez escuchamos el clic breve en los auriculares. Brook ha activado el micro. A partir de ahí oigo su respiración baja, el roce de su ropa con la vegetación y el sonido amortiguado de pasos medidos sobre la tierra húmeda.

—Estoy en posición —susurra.

Su voz me atraviesa de una forma ridícula.

El guarda sale a hacer la ronda pocos minutos después. Un hombre grande con linterna y pistola visible. Recorre el exterior sin detectar nada y vuelve a entrar. En cuanto la puerta se cierra, Brook se mueve.

Con una precisión que me hace contener la respiración, accede a una ventana del estudio que había sido identificada como vulnerable debido a un sistema de alarma mal mantenido.

Oímos el leve sonido de la herramienta que usa para desconectar el contacto, y luego el leve chirrido de la ventana al abrirse.

—Estoy dentro —dice ella en un susurro casi imperceptible para el micro—. Estudio confirmado, objetivo no visible.

Todo va como debía, durante unos segundos incluso creo que la noche será sencilla. Entonces escuchamos unos pasos más ligeros y una voz femenina, joven, hablando en un tono preocupado.

—¿Han? ¿Estás aquí?

Todo mi cuerpo se tensa al instante.

—Mierda —mascullo.

Brook se queda quieta. Yo miro la pantalla, mis músculos tensándose instantáneamente, esto no estaba previsto. No hay información sobre una mujer residente o visitante habitual en la casa del sujeto los jueves.

Oímos a Brook moverse rápidamente, buscando un lugar para ocultarse en el estudio. Los pasos femeninos entran en el estudio.

—¿Han?

Brook no puede permanecer oculta si la mujer entra completamente. Y si la mujer ve a Brook antes que el objetivo llegue, toda la misión podría colapsar con violencia innecesaria.

Decide actuar.

Oímos un movimiento rápido, y luego un sonido de sorpresa ahogado de la mujer.

—Quieta. No grites.

—¿Quién eres?

La mujer, según el audio, parece paralizada por el shock.

—No importa —responde Brook—. Siéntate y no hagas nada.

Pero la mujer no coopera. El shock inicial da paso al pánico. Oímos un forcejeo breve, la mujer intenta liberarse o gritar, Brook la contiene, pero no con violencia excesiva. La mujer logra zafarse y corre hacia la puerta del estudio.

Brook no le dispara, ni usa la daga, solo intenta bloquearla.

Cierro los ojos un segundo, no logro pensar estando ella en peligro.

Pero la mujer sale del estudio corriendo, y sus pasos rápidos se alejan por el pasillo. En ese momento crítico, oímos otros pasos aproximándose desde otra dirección: más pesados, masculinos. Han Wei.

La situación se ha complicado enormemente.

—No...

Brook tiene que decidir ahora: enfrentarse a Han mientras una mujer potencialmente alarmada puede estar llamando al guarda o incluso a la policía desde otra parte de la casa.

Oímos a Brook moverse con decisión repentina. Sale del estudio y se dirige hacia los pasos del objetivo, el encuentro es casi inmediato.

—¿Qué cojones? ¿Quién coño eres? —es la voz profunda de Han, sorprendido.

Oímos el sonido de un forcejeo rápido y eficiente: Brook usa su agilidad para evitar un posible ataque inicial del hombre, y luego aplica una técnica de restricción que hemos practicado muchas veces.

Un golpe preciso en un punto nervioso seguido de una llave de brazo que lo incapacita sin necesidad de herirlo gravemente.

—El guarda —dice Brook en un susurro urgente al micro—. La mujer puede haber alertado al guarda.

Oímos a Han gruñir, intentando resistir, pero Brook es demasiado rápida y fuerte ahora y lo somete.

Pero luego oímos otros pasos corriendo hacia el lugar: el guarda personal, alertado probablemente por los ruidos o por la mujer.

Brook tiene al sujeto controlado, pero no completamente neutralizado para trasportarlo rápido, y ahora el guarda está llegando.

Decide improvisar.

Oímos un sonido sordo: Brook golpea a Han Wei con la culata de su pistola para incapacitarlo momentáneamente más profundamente. Lo arrastra hacia una dirección mientras se prepara para el guarda.

El guarda entra en el área del pasillo donde están.

—¡Alto! —grita el guarda.

Brook no responde con palabras. Oímos el sonido de un disparo silenciado.

—Pierna —informa Brook con voz tensa—. Sigue vivo.

No sé si quiero matarla o besarla por seguir eligiendo no matar cuando sería más fácil hacerlo. Pero la mujer… no sabemos dónde está.

Brook arrastra a Han ahora semiconsciente hacia la ventana por donde entró, es un esfuerzo físico considerable. Oímos sus jadeos en el audio.

Justo cuando está cerca de la ventana, la mujer aparece otra vez en el pasillo, ahora aterrorizada, viendo al guarda herido y a Han Wei siendo arrastrado por Brook y se pone a gritar.

Brook se detiene un segundo y la mira. Dispone de una pistola, línea limpia y tiempo suficiente, pero otra vez no dispara.

—Vete —le dice Brook con voz firme pero no cruel—. Sal de esta casa ahora y no vuelvas nunca. No llames a nadie hasta mañana. Si llamas ahora, te encontrarán y no será bueno para ti.

La mujer, paralizada por el terror y la confusión, mira a Brook unos segundos más, luego mira al guarda herido, y finalmente decide huir. Escuchamos sus pasos corriendo hacia otra parte de la casa, probablemente hacia una salida exterior.

Brook aprovecha ese momento para sacar el sujeto completamente por la ventana hacia el exterior. Logra cargarlo parcialmente sobre sus hombros y comienza a moverlo hacia el punto de extracción designado, alejándose de la casa.

Aprieto tanto la mandíbula que me duele.

—Está loca —murmura Fabio con una sonrisa de victoria. Contra todo pronóstico, lo ha conseguido.

—No —respondo sin pensar—. Sigue siendo ella.

Minutos después el punto verde se mueve hacia la ruta de extracción. Lento primero, luego más rápido. El equipo del furgón, Lucca y Enzo, confirman recepción del paquete: Han Wei sedado, objetivo asegurado.

Misión cumplida.

Y aún así no siento alivio.

Brook vuelve a nuestro punto de encuentro secundario donde nosotros estamos. Cuando llega a nuestro SUV, entra por la puerta del acompañante. Su cara está tensa, cubierta de una ligera capa de sudor y concentración extrema. Pero está intacta y eso debería bastarme, pero no.

El furgón se dirige hacia la nave industrial designada fuera de la ciudad para el interrogatorio. Nosotros seguimos detrás en nuestro SUV. El viaje es silencioso durante los primeros minutos, mientras Brook se limpia la cara con un paño que Fabio le ofrece.

Entonces hablo. Mi voz sale calmada, pero con una cierta tensión que no puedo contener.

—La mujer —digo—. No estaba en los informes.