La Spina Negra CAPÍTULO 19 #3
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CAPÍTULO 19 #3

Lo miro, desafiante, temblando. Espero la explosión de ira, la reafirmación de su control, pero no llega. Él me mira a su vez, sus ojos grises escudriñando los míos como si buscara algo en su interior. El silencio se alarga y decido seguir.

—Me ha arrebatado mi vida, mi libertad y mi seguridad. Cada noche que no he podido dormir ha sido por su culpa. Cada vez que he tenido miedo, cada vez que he dudado de mí misma, él estaba ahí. No puedes arrebatarme esto también.

Los músculos de la mandíbula de Connor se marcan.

—No estoy intentando arrebatarte nada.

—Sí que lo estás haciendo.

—Estoy intentando protegerte.

—No necesito protección.

La carcajada seca que suelta está cargada de incredulidad.

—Eso es una mentira y los dos lo sabemos.

La rabia me atraviesa por dentro.

—¿Crees que soy débil? ¿Qué no voy a poder? Déjame que te lo demuestre.

—¿Demostrar qué? ¿Que puedes apretar un gatillo? ¿Que puedes matar a un hombre?

Connor niega lentamente con la cabeza.

—No tienes ni idea de lo que estás pidiendo Brook. Lo que quieres es una fantasía. Crees que después de hacerlo todo desaparecerá. Que te sentirás mejor y que sanarás. Y no es así.

—¿Y tú qué sabes?

—Más de lo que te imaginas —su voz se vuelve más baja —he matado hombres por razones mucho menos personales que esta. Y te aseguro que cuando termina no hay alivio. No hay paz. Solo queda otro cadáver.

Aprieto los puños hasta que me clavo las uñas y me hago daño. El dolor me ayuda a concentrarme y poner el foco en lo que quiero.

—Aún así, necesito hacerlo.

—¿Y si fallas? —dice acercándose, ahora prácticamente está frente a mí—. ¿Y si él te desarma? ¿Y si tiene a alguien vigilando? ¿Y si te pone una mano encima otra vez?

Trago saliva.

—No fallaré.

—No puedes saberlo. Por eso precisamente no voy a dejar que lo hagas.

La furia me hace temblar.

—No necesito tu permiso, Connor, no puedes encerrarme aquí para siempre.

Sus ojos grises se oscurecen.

—No. Pero mientras yo respire tampoco voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo corres hacia una trampa mortal.

El silencio que sigue es denso, sofocante. Nos miramos durante largos segundos.

—No entiendes nada —susurro con lágrimas en mis ojos.

—Te entiendo mejor de lo que crees—. Su voz ya no suena enfadada. Suena cansada—. Entiendo que necesitas recuperar algo que te arrebataron. Créeme que te entiendo.

Mi respiración se entrecorta.

—Entonces déjame hacerlo…

—Brook, no voy a enterrarte por culpa de tu orgullo.

La frase me golpea como una bofetada.

—¿Mi orgullo? ¡Es mi puta vida Connor! ¿Por qué te importa tanto?

—Precisamente por eso. Porque es de tu vida de lo que hablamos. Prefiero que me odies a tener que identificar tu cadáver.

La estancia queda en silencio y por primera vez desde que ha empezado la discusión, veo el miedo detrás de su ira. No tiene miedo de Marco. Tiene miedo de perderme.

—Está bien, lleguemos a un acuerdo—digo finalmente, y la concesión es tan inesperada que me sorprendo a mí misma, la verdad no esperaba que fuera yo la que cediera, pero verlo preocupado de verdad, me ha tocado la fibra.

—No te vas a enfrentar a él sola —continúa, y ahora su tono es más relajado pero firme—.

No lo voy a permitir—. Se acerca más, poniendo sus manos a cada lado de mi rostro.

Su mirada es intensa, obsesiva—. Si quieres sobrevivir en este mundo de balas, crueldad y engaños, necesitas estar preparada.

Necesito entrenarte, para que seas fuerte, para que seas letal.

No para que te conviertas en un ser despreciable como nosotros, sino para que puedas defenderte de nuestros monstruos y sus sombras.

Sus palabras no son una sugerencia, son una orden. Pero dentro de su dureza, percibo preocupación, una posesividad feroz que va más allá del control.

—Necesito saber —susurra, y su aliento me acaricia la cara—que puedes defenderte. Porque si no… no podré dejarte hacerlo. No puedo… permitir que te pase nada. ¿Lo entiendes?

Asiento lentamente, con mis ojos clavados en los suyos, lo entiendo.

Entiendo que este hombre, peligroso y obsesivo, está ofreciéndome una salida a su manera retorcida.

Está ofreciéndome herramientas en lugar de jaulas.

Y en el fondo de mi alma, llena de contradicciones, de odio y de una atracción que me aterra, sé que lo acepto.

Porque él tiene razón, estoy viviendo en un mundo de lobos, y solo con uñas no es suficiente.

—Lo entiendo —respondo, y mi voz no titubea.

Una sombra de algo parecido a la aprobación cruza su rostro. Suelta mi cara y da un paso atrás, rompiendo el hechizo.

—Bien, tu entrenamiento empieza mañana —dice, y su tono vuelve a ser práctico, pero la intensidad de su mirada persiste.

Miro el plato vacío, luego la espaciosa cocina, y finalmente a él, de pie bajo la luz tenue.

La burbuja de fantasía no se ha roto del todo, simplemente ha cambiado de forma.

Ahora contiene una promesa de violencia, de preparación para matar.

Y extrañamente, dentro de esta locura, es la primera vez desde hace meses que siento que tengo un propósito, un camino hacia adelante que no implica solo esconderme o sobrevivir.

Es aterrador. Pero también es la cosa más real que he sentido en mucho, mucho tiempo.