Capítulo 18
E l aviso del mensaje entrando en el móvil de Salazar precedió al tono de una llamada. Después de consultar la pantalla, el inspector jefe anunció que se trataba de Científica, se excusó con el equipo y respondió de inmediato, manteniendo la comunicación en privado.
—¡Ya estás molestando otra vez! —dijo el jefe Barros, al otro lado de la línea—. Eres más pesado que una mosca con tiempo libre.
—Gracias, Casimiro. Tú sí sabes apreciar mi dedicación.
—Déjame callarme, que si te respondo me pones una querella. A ver, no me hagas perder más el tiempo y vamos a lo que importa, que no eres tú. Ya llegaron los resultados del análisis de la tierra que encontramos en las huellas.
—¿Tan pronto?
—No, ¡si encima te quejas! Eres un gaznápiro metodológico.
—Gazna… ¿qué?
—No lo sé, pero te encaja como anillo al dedo. Sigo, que algunos sí trabajamos. La tierra que recogimos de las huellas no es la del arcén. No coincide con la grava ni con el polvo de la carretera.
—¿Conseguisteis identificarla?
—¡Que te calles y me dejes hablar, zopenco!
—Vale.
—Se trata de un suelo más compacto y con restos orgánicos.
—Así que podría provenir de una zona rural.
—Como me vuelvas a interrumpir, te voy a dar la información tan despacio, que vas a envejecer en esta llamada.
—Ni una palabra más.
—A ver si es verdad. El laboratorio también procesó las fibras que se encontraron en el cuadro y el sillín. Son fibras sintéticas oscuras que no corresponden con la ropa del chico ni con su bicicleta —Casimiro hizo una pausa—. ¿No dices nada? Al menos deberías tener la decencia de responder.
—No quiero interrumpirte, Casi.
—Tú interrumpes con tu sola existencia. En fin, sigo, a ver si termino esta conversación y me libro de ti, al menos por algunas horas. Toni nos envió los documentos financieros de la bodega y los peritos ya han revisado los correspondientes a los últimos tres años.
—Tu equipo está haciendo un gran trabajo.
—Más te vale reconocerlo, pero no te equivoques, no es por ti, es por el chaval.
—Entendido. Aun así, es notable.
—Es que mis chicos y yo sí trabajamos. No como otros… En fin, que los documentos están en orden, excepto por el que apareció en el usuario del chaval.
—¿El que tiene errores?
—Pues claro que es ese, cenutrio. Mis chicos me confirmaron que algunos números no cuadran del todo, pero que las cifras no son relevantes. Parece más una chapuza que un fraude.
—Vale, Casi. ¿Encontrasteis algo más?
—¿Te parece poco? ¡Si te estoy dando el trabajo hecho, gandul! Eres más vago que un despertador en vacaciones. Te acabo de enviar el informe, así que apáñate como puedas.
—De acuerdo, Casi. Muchas gracias. Si llegáis a descubrir algo más, por favor, avísame.
—¡Qué remedio! Ese es mi karma.
Casimiro terminó la llamada sin aviso. Con el teléfono en la mano, Salazar suspiró y le informó a su equipo acerca de los hallazgos de Científica.
—Vamos por partes —aconsejó Remigio—. La tierra de las huellas sugiere que el sujeto provenía de un entorno rural.
El inspector jefe asintió.
—Lo cual explica cómo pudo ocultar el coche robado durante diez días… Cuenta con un lugar apartado.
Miguel se apoyó en el respaldo de su silla y cruzó los brazos.
—En La Rioja, sin más datos, tratar de encontrar ese lugar sería una pérdida de tiempo.
Néstor asintió.
—Me temo que tienes razón. Necesitamos conseguir más información.
—El dato de las fibras también es interesante —opinó Ángela—. Quiere decir que el sujeto se acercó mucho a la bicicleta del chico.
—Seamos lógicos —sugirió Salazar—. Mientras Unai circulaba por la carretera, se pinchó una rueda de su bicicleta cerca del arcén, así que se refugió allí.
Telmo entornó los ojos, como si estuviera tratando de ver la escena en su cabeza.
—A esa hora y en esa vía, habría poca iluminación.
—A menos que el Dacia ya estuviera en el arcén —apuntó Remigio—. Con las luces encendidas o una linterna…
Salazar lo señaló.
—Con la excusa de tener una avería. El chico se habría acercado como una polilla a la luz. Es probable que el sujeto se aproximara a la bicicleta con la excusa de ayudarlo con el percance de la rueda.
—El cabrón no tuvo que ir a por el chaval —concluyó Miguel—. Lo engañó para que se le acercara.
Néstor se cruzó de brazos.
—Y cuando estaba lo bastante cerca y distraído con la rueda pinchada, aprovechó para sedarlo, eliminando cualquier intento de resistencia. Implica planificación, paciencia y control. No hubo ningún movimiento improvisado. No me gusta.
Remigio sacudió la cabeza.
—Ya no me queda ninguna duda: este no fue un secuestro oportunista. Fue a por Unai. Conocía sus rutinas, sabía que el chico iba solo y escogió el lugar que más le convenía para cometer el secuestro.
Miguel balanceó su silla antes de hablar.
—Tened en cuenta que, bajo esas condiciones, el secuestrador no necesitó ayuda para dominar al chaval. No es común en los casos de secuestro, pero creo que en esta ocasión, todo apunta a un lobo solitario.
—Y hasta ahora no hay nada que sugiera la existencia de un cómplice —intervino Remigio.
—Tiene razón, inspector —opinó Telmo—, además, debe tratarse de una persona metódica y con suficiente capacidad física.
Salazar consultó su reloj.
—De acuerdo. Tenemos un secuestrador que no improvisa, que tiene muchos recursos y que se llevó a Unai por algo que el chaval descubrió.
No sabemos qué planea hacer con su víctima, pero tenemos que ponernos en lo peor y darnos prisa.
Trataremos de sacarle el mayor provecho posible a la noche.
Nada de guardias hasta que esto termine.
Mañana os necesitaré descansados y también que las horas que estéis activos sean productivas.
Manteneos atentos al teléfono. Remigio, tú y Telmo podéis iros a casa ahora. Telmo, a medianoche relevarás a Rebeca.
—Sí, jefe.
—Remigio, regresa a la comisaría a primera hora de la mañana. En cuanto recibas los resultados del peritaje del coche del mecánico, cierra esa vía de investigación si no aparece ningún indicio comprometedor.
El inspector Toro levantó el pulgar.
—Vale.
—La coartada del tutor es bastante firme —continuó Néstor—, así que también podemos descartarlo. Necesitamos avanzar.
—Si el tutor no está involucrado, ¿por qué se puso tan nervioso cuando entraron al servidor? —protestó Miguel.
Salazar se encogió de hombros.
—No tenía la conciencia limpia con respecto de la bodega. Lo que señala Remigio es verdad: todos los indicios apuntan a que el secuestrador actuó solo. Eso les da más peso a las coartadas. Son dos menos.
—¿Y si quién ejecutó el secuestro fue contratado? —insistió Miguel, sin querer dar su brazo a torcer.
—Sabes que, en ese caso, habría algún rumor en las calles, y hasta ahora, tú mismo has comprobado que las indagaciones en ese sentido han resultado infructuosas —Néstor negó con la cabeza—.
No, por el bien del chaval, no podemos perder el tiempo en opciones poco probables.
Si aparece algún indicio concreto que apunte en esa dirección, lo seguiremos.
Yo mismo le avisaré a Rebeca que Telmo la relevará a la medianoche.
Miguel, antes de irte, resuelve la citación del pariente para la primera hora de la mañana.
Deja el interrogatorio preparado esta misma noche. Que no quede ningún cabo suelto.
—De acuerdo.
El inspector jefe centró su atención en Ángela. La subinspectora se le adelantó.
—Yo debería quedarme, señor. Puedo ocuparme del análisis de los datos, los cruces de horarios y la preparación de las solicitudes que se relacionan con la biblioteca.
Ya sabe: personal, limpieza, accesos… Además, debo revisar el volcado del servidor de la bodega que nos envió Toni, para comprobar quiénes lo usaron y cuáles fueron los movimientos digitales de Unai.
Salazar asintió con una sonrisa.
—Muy bien. Yo también me quedaré algunas horas más. Le meteré un poco de caña a Científica por el Dacia y supervisaré cualquier novedad que llegue por parte de la madre.