La sombra del gato: El peso del silencio (Inspector Salazar 14) Capítulo 10.
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Capítulo 10.

D espués de recibir la notificación de Miguel de que había descubierto un posible sospechoso, Salazar convocó una reunión urgente en veinte minutos.

Programó la alarma en su reloj y continuó realizando indagaciones acerca del tutor de Unai, hasta que sintió la vibración en su muñeca que le advirtió que la reunión estaba a punto de comenzar.

A los veinte minutos exactos, se apartó del ordenador y subió a la sala común.

Remigio y Miguel ya habían regresado y conversaban en un rincón, mientras Ángela y Telmo permanecían centrados en sus ordenadores, ocupándose de sus correspondientes tareas.

En una esquina, alguien había colocado un tablero con las primeras fotografías de la víctima y la escena del crimen.

Cuando el inspector jefe la vio, sintió un aguijonazo de urgencia.

Hizo lo posible por tranquilizarse. Para que el chico tuviera una oportunidad, era necesario que él mantuviera la cabeza fría.

Remigio y Miguel ya estaban en sus correspondientes escritorios cuando Salazar se acercó al tablero.

—¡Vamos a comenzar! Tenemos que encontrar al chaval lo antes posible.

Sin más preámbulos, Néstor comenzó la reunión informando a sus compañeros acerca de la visita a la bodega, así como el nerviosismo del tutor cuando encontraron la carpeta cifrada en el usuario de Unai.

También dio una breve explicación de sus hallazgos durante la revisión del expediente laboral de Antonio Romero. Terminó con una conclusión evidente.

—Estoy seguro de que usa los recursos de la bodega donde está contratado, para llevar a cabo algunos trabajos pequeños por su cuenta.

Miguel frunció el ceño.

—¿Cómo es que no lo han despedido todavía?

—Esa es una de las incógnitas que tendremos que resolver —reconoció Salazar con un encogimiento de hombros.

—No parece suficiente evidencia para demostrar que esté involucrado —opinó Ángela.

—Es cierto —reconoció el inspector jefe—, pero todavía no conocemos el contenido de esa carpeta. Y si el chico descubrió algo que no debía…

—El tutor podría estar interesado en mantener oculta la información —concluyó Remigio.

Salazar hizo un gesto de aprobación en dirección a Toro.

—Estoy de acuerdo. Además, recordad la llamada a la madre.

Según el propio secuestrador, el chico vio algo que no debía.

Tenemos que averiguar más sobre el tutor y descubrir por qué no ha sido despedido, después de causar tantos problemas —El inspector anotó el nombre y los datos más importantes sobre Romero en el tablero.

—¿Qué hay del director técnico? —preguntó Miguel.

—Tiene una coartada firme. Ya la comprobé —Salazar centró su atención en Remigio—. ¿Tú tienes algo que informar?

Toro asintió y les habló del vehículo que fue visto cuando se incorporaba a la carretera a toda prisa, a pocos metros de la escena del crimen y en el momento crítico.

—… Hice un primer contacto. El mecánico niega haber visto al chaval o saber algo acerca de él.

—¿Explicó el motivo de su prisa al incorporarse a la carretera? —preguntó Miguel.

—Dice que quería llegar pronto a casa porque no se sentía bien.

—Parece mucha coincidencia —reconoció Salazar—. Tendremos que averiguar si dice la verdad.

—¿Lo investigaste? —preguntó Miguel.

—Por supuesto —confirmó Remigio—. Y el resultado es de lo más interesante: Cuéllar tiene antecedentes criminales por haber participado en un secuestro exprés hace siete años.

Cumplió condena durante cuatro años y salió con libertad condicional por buen comportamiento.

Lleva dos años bajo régimen de presentaciones mensuales.

Los ceños de todos los policías se fruncieron al mismo tiempo, pero fue Salazar quien puso en palabras lo que pensaban.

—Eso no lo convierte en culpable, pero sí en una persona de interés prioritario para la investigación.

Remigio asintió.

—Por eso pienso investigarlo más a fondo.

—Además, debe conocer bien la carretera donde se cometió el secuestro —intervino Telmo—. Es un detalle que también apunta en su dirección.

—Tienes razón, Telmo. ¡Céntrate en ese sujeto, Remigio! —ordenó Néstor.

Toro asintió, al mismo tiempo que Salazar anotaba el nombre de Cuéllar en la pizarra, como sospechoso.

Entonces, se giró hacia Miguel, quien carraspeó, antes de notificar al equipo que sus informantes no tenían ningún dato acerca del secuestro, pero que había hecho un hallazgo interesante en el barrio del chico.

Entonces, les refirió el testimonio del camarero sobre el extraño sujeto que había preguntado por los movimientos de Unai.

—… Sus preguntas se centraron en el vehículo que usaba la víctima, la ruta que empleaba y su rutina.

—No es posible que sea más sospechoso —comentó Salazar, al mismo tiempo que escribía «Desconocido interesado en la víctima», junto a los nombres de los otros sospechosos—. Tenemos que identificar a ese sujeto para interrogarlo. Ocúpate, Miguel.

—De acuerdo.

Salazar desvió la mirada hacia Ángela.

—¿Encontraste algo?

La subinspectora asintió, al mismo tiempo que empujaba sus gafas.

—Sí, señor. Estuve investigando los vehículos robados en La Rioja en el último mes y crucé la información con las grabaciones de las cámaras cercanas al lugar de los hechos. Es posible que uno de ellos fuera captado en una gasolinera cercana, media hora antes del secuestro…

Las espaldas de todos los policías se envararon.

—Continúa.

—La cámara solo captó los últimos dos números y las letras: 29KBT. Sin embargo, coinciden con un Dacia blanco del año 2022, matrícula 4729KBT, cuyo robo fue reportado en Logroño, hace 10 días.

—Esa es quizá la pista más concreta que tenemos hasta ahora —comentó el inspector jefe—. Buen trabajo, Ángela.

—Gracias, señor.

—Telmo, averigua toda la información disponible sobre el Dacia. También quiero que revises las cámaras, pero te centrarás en el coche sospechoso.

—Sí, jefe.

—Ángela, amplía el barrido de cámaras en un radio progresivo.

—Sí, señor.

—Prioriza las grabaciones de otras gasolineras, accesos a caminos rurales, polígonos y descampados. La idea es reconstruir el itinerario antes y después del lugar donde desapareció el chaval.

—Sí, señor —respondió Ángela.

Después de anotar los datos que tenían del coche y encerrarlo en un círculo, Salazar centró su atención en su compañero.

—¿Qué pudiste averiguar, Telmo?

—Me temo que casi nada, jefe. Me comuniqué con la empresa telefónica que Unai tiene contratada. Sus comunicaciones están limpias. No encontré nada que llamara la atención en sus redes sociales. Tampoco recibió llamadas ni mensajes anómalos previos a la desaparición.

—Lo pillaron por sorpresa —comentó Remigio.

Telmo suspiró con resignación.

—También revisé las cámaras municipales de acceso al casco urbano y puedo asegurar que el chico no llegó a entrar en Haro.

—Eso confirma que el secuestro se cometió en el arcén donde apareció la bicicleta.

—O en el trayecto antes de llegar a Haro —comentó Remigio—, si el chaval abandonó la bicicleta después del pinchazo.

El móvil del inspector jefe interrumpió la discusión. Él respondió de inmediato y escuchó una voz airada y reconocible del otro lado.

—¡A ver si dejas de molestar de una vez!

—Pero si eres tú quien me está llamando —protestó Salazar.

—¿Y qué? Tú siempre molestas. ¿O es que crees que no es bastante desagradable escuchar tu voz cuando ni siquiera he desayunado?

Néstor sonrió.

—Son las quince horas.

—¡Estoy hablando del desayuno de la tarde, ceporro! Y no me repliques, que yo desayuno cuando me sale de las narices.

—Vale.

—Antes de comenzar, quiero confirmarte algo que sospecho desde hace mucho tiempo: si la torpeza fuera energía renovable, tú iluminarías media ciudad.

—Tú siempre tan amable, Casi.

—Así soy yo. A lo que vamos, que mientras antes te lo diga, antes puedo tener la satisfacción de terminar esta conversación.

—Te escucho.

—¡Qué no me interrumpas, zopenco!

—Espera, Casi. Voy a conectar los altavoces para que el resto del equipo también pueda escucharte.

—¡Eso es jugar sucio!

Néstor manipuló el teléfono.

—Listo. Ya estás al aire.

—Eh… bien, sí. Lo que encontramos… Lo primero: la búsqueda con perros resultó negativa.

Al menos, por el momento. La bicicleta está libre de huellas dactilares.

Es evidente que alguien se ocupó de eliminarlas.

Por otro lado, encontramos algo muy interesante en el arcén derecho, pocos metros antes del lugar donde apareció la bicicleta.

Se trata de varios dispositivos caseros para pinchar ruedas.

Consisten en un trozo de manguera cruzado con tres clavos, dispuestos de tal manera, que sin importar cómo caigan al suelo, siempre quedan dos clavos como base y uno en vertical, listo para atravesar cualquier neumático.

En la oscuridad pasarían desapercibidos.

Los policías se miraron entre sí.

—El chaval pasó después de las 19:30 y habría circulado por ese arcén —comentó Remigio—. Blanco y en botella.

—Así fue como le prepararon la trampa —concluyó Néstor.

—¿Ese artilugio se usó para Unai o solo esperaba una víctima propiciatoria? —preguntó Ángela.

Salazar suspiró.

—Visto lo visto hasta ahora, sospecho que fue para Unai.

—Bien… las conclusiones os las dejo a vosotros. Continúo: también encontramos huellas de neumáticos y suelas, cogimos muestras de la tierra en ellas y realizamos una serie fotográfica completa. La estamos enviando al correo de la comisaría en este mismo momento.

—Acaban de entrar a la bandeja —anunció Telmo.

—De acuerdo. Ya tenéis con qué trabajar. Espero que encontréis al chaval pronto. Buena suerte.

Casimiro terminó la llamada y los policías guardaron silencio por algunos segundos, mientras procesaban la información. Remigio fue quien habló primero.

—Aquí no se dejó nada al azar. Se trató de un secuestro muy bien planificado.

Miguel se recostó en el respaldo de la silla y cruzó los brazos, antes de dar su opinión.

—Tienes razón, Remigio. Es evidente que no hubo improvisación.

Lo más probable es que el vehículo fuera robado, y que el secuestrador haya usado esos dispositivos caseros para causar el pinchazo en la rueda de la bicicleta, obligando a Unai a detenerse.

Los tendría preparados para el momento en que el chico estuviera a punto de pasar.

Telmo entornó los ojos.

—No hay duda de que eso fue lo que ocurrió, inspector, pero… ¿el secuestrador actuó solo o con cómplices?, ¿estamos frente a un profesional o un aficionado metódico? Y lo que es más importante, ¿qué vio el chico que ameritara su desaparición?

Salazar paseó la mirada por su equipo con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.

—Son preguntas clave que necesitamos responder, Telmo.

Ya todos sabéis lo que tenéis que hacer.

¡Estamos en alerta máxima y nuestra prioridad es localizar al chaval!

De ser posible, sano y salvo. Todavía no descartaremos ninguna vía de investigación.

Me temo que el tiempo juega en nuestra contra, así que al terminar la jornada continuaremos trabajando hasta donde sea posible.

Yo estaré a disposición las 24 horas, ante cualquier novedad.

¿Alguna duda? —Todos negaron con la cabeza—.

Bien, entonces, a trabajar. ¡Mantenedme informado!