La sinfonía silenciosa 12. EL MONASTERIO. #3
71%

12. EL MONASTERIO. #3

—El futuro, el pasado, tus miedos más profundos, o tus deseos más oscuros. Te mostrará lo que quieres ver y te prometerá lo que quieres oír, pero todo será mentira.

Pilar miró hacia la puerta y lo vio a través de la rendija.

No era más que una sombra, pero una sombra oscura, retorcida, que flotaba en el aire como humo.

Tenía garras, ojos… Ojos vacíos, sin pupilas, que la miraban con una intensidad que le quemó el alma.

Pilar sintió que la tocaba. Era frío, algo que no tenía forma.

Entonces cerró los ojos y lo vio. Vio el futuro, una ciudad en llamas, cuerpos en las calles, vio el cielo oscurecerse, y vio al Pesadiellu elevarse sobre la ciudad, con las garras extendidas, con los ojos vacíos brillando como brasas.

Vio a su hija, a Silvia, de pie en el centro de la ciudad, con un violín en las manos.

Tocaba. Tocaba la melodía que abría las puertas, la melodía que liberaba al Pesadiellu, y vio cómo la sombra la envolvía, cómo la consumía y cómo la convertía en parte de ella. Pilar gritó. Abrió los ojos.

El Padre Lucas la sujetó.

—¿Qué has visto?

Pilar temblaba.

—A mi hija. He visto a mi hija.

El Padre Lucas la miró con gravedad.

—El Pesadiellu te ha marcado. Sabe quién eres, sabe que tienes una hija, y la quiere a ella.

Pilar lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Por qué?

El Padre Lucas la miró con tristeza.

—Porque hay algo en ella que la marca como su elegida, algo que el Pesadiellu reconoce y que puede usar.

Pilar sintió que el mundo se tambaleaba.

—¿Qué es?

El Padre Lucas negó con la cabeza.

—No lo sé. Pero si el Pesadiellu la quiere, es porque puede convertirla en una llave, en la llave definitiva.

Pilar sintió un escalofrío.

—Entonces... ¿qué hago?

—Aléjala de los instrumentos de Corvino. No dejes que se acerque a ninguno de ellos. Nunca. Y no confíes en nadie que te prometa protegerla a cambio de tu ayuda. L'Ordine del Silenzio miente. Siempre miente.

Pilar asintió despacio.

—Lo haré.

El Padre Lucas la acompañó de vuelta a la superficie.

Salieron de la iglesia. Pilar respiró hondo.

—Gracias, Padre Lucas.

Él la miró con tristeza.

—Ten cuidado, Pilar. L'Ordine del Silenzio sabe que estás investigando, y no van a detenerse hasta conseguir los doce instrumentos.

Pilar asintió.

—Lo sé.

Se dio la vuelta y caminó hacia su coche.

El Padre Lucas se quedó de pie frente a la iglesia, mirándola alejarse.

Pilar subió al coche, arrancó el motor y condujo de vuelta a Oviedo. No habló con nadie de lo que había visto, tampoco le contó nada a su marido, y sobre todo, se lo ocultó a Silvia, porque sabía que si su hija se enteraba, querría saber más, querría entenderlo, y Pilar no podía permitirlo.

No podía permitir que su hija se convirtiera en la llave que liberara al Pesadiellu.

Pero el Pesadiellu no la olvidó.

El Pesadiellu la siguió, y al día siguiente, todo cambió.

Presente.

El Padre Lucas dejó la taza de té sobre la mesa.

Miró a Silvia con gravedad.

—Tu madre no desapareció, fue atrapada.

—¿Dónde? ¿En la cámara?

El Padre Lucas suspiró.

—Sí, en la cámara de Gijón. Una de las doce cámaras donde está encerrado el Pesadiellu.

Rodrigo se inclinó hacia delante.

—¿Cómo?

El Padre Lucas lo miró.

—Tu madre vino a verme la noche del viernes 10 de junio de 2011. Necesitaba respuestas. Llevaba meses investigando los violines de Corvino. Había descubierto que eran llaves que abrían puertas a lugares donde no debería entrar nadie.

Silvia lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿Y usted le contó?

El Padre Lucas asintió despacio.

—Le mostré la cámara de Beleño. Le expliqué lo que era el Pesadiellu. Le advertí del peligro, pero fue demasiado tarde. El Pesadiellu la vio, la marcó y le mostró una visión del futuro.

Silvia sintió un escalofrío.

—¿Qué visión?

El Padre Lucas la miró con tristeza.

—Te vio a ti, de pie en el centro de una ciudad en llamas, con un violín en las manos tocando la melodía que liberaba al Pesadiellu.

—¿Yo? No sé tocar, Padre…

El Padre Lucas asintió.

—El Pesadiellu te quiere a ti, Silvia, siempre te ha querido desde que tu madre entró en esa cámara.

Rodrigo intervino.

—¿Por qué entró en la cámara de Gijón?

El Padre Lucas lo miró.

—Porque Menéndez la convenció. Víctor Menéndez financiaba la Asociación Cultural de Música de Cámara de Gijón.

Miembro de L'Ordine del Silenzio. Tu madre volvió de Beleño aterrorizada.

Sabía que el Pesadiellu te quería, y Menéndez le prometió que podía protegerte, pero para ello tendría que ayudarle a abrir la cámara de Gijón, él se aseguraría de que el Pesadiellu no te tocara.

Rodrigo frunció el ceño.

—¿Y ella le creyó?

El Padre Lucas lo miró con tristeza.

—Era un padre desesperado, hacía días que su hija. Habría hecho cualquier cosa por salvar a su hija.

Silvia sintió que las lágrimas le quemaban los ojos.

—¿Qué pasó?

El Padre Lucas suspiró.

—El sábado 11 de junio de 2011, Menéndez reunió a doce personas en la Asociación de Gijón. Cada una tocó uno de los doce instrumentos de Corvino. La cámara se abrió. Y los doce quedaron atrapados.

Rodrigo lo miró con gravedad.

—¿Incluida Pilar?

El Padre Lucas asintió.

—Incluida Pilar.

Silvia sintió que el mundo se derrumbaba.

—¿Y Menéndez?

El Padre Lucas la miró.

—Menéndez no entró. Observó desde fuera. Como hizo L'Ordine del Silenzio en Beleño en 1996. Pero algo salió mal.

Rodrigo se inclinó hacia delante.

—¿Qué?

El Padre Lucas lo miró.

—Un Custodio del Silencio intervino. Separó los doce instrumentos. Los dispersó por Asturias. Para que Menéndez no pudiera repetir el ritual en otras cámaras.

Silvia lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿Quién?

El Padre Lucas bajó la mirada.

—No puedo decirte su nombre. Pero sigue vivo. Y sigue protegiendo las cámaras.

Rodrigo frunció el ceño.

—¿Y qué pasó con Menéndez?

El Padre Lucas lo miró con gravedad.

—Perdió los instrumentos y poco después, su hija cayó en coma.

Silvia sintió un escalofrío.

—¿Laura Menéndez?

El Padre Lucas asintió.

—Laura Menéndez. Tenía diecisiete años. Cayó en coma el 20 de junio de 2010, unos días después de intentar la primera apertura de la cámara de Gijón, intento frustrado porque uno de los instrumentos no era de Corvino.

Menéndez simplemente seguía los pasos de L’Ordine, pero pasó a ser una desesperación conseguir abrir las doce cámaras.

Los médicos no encontraron ninguna causa en la chica, ninguna enfermedad ni traumatismo. Simplemente, dejó de despertar.

Rodrigo lo miró con gravedad.

—¿Fue el Pesadiellu?

El Padre Lucas asintió despacio.

—El Pesadiellu castiga a quienes intentan usarlo. Menéndez abrió la cámara, pero no completó el ritual. No entró ni se ofreció como tributo, así que el Pesadiellu le arrebató lo que más quería.

Silvia sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Y desde entonces?

El Padre Lucas la miró.

—Desde entonces, Menéndez busca los doce instrumentos. Cree que si completa el ritual en las otras once cámaras, el Pesadiellu le devolverá a su hija.

Rodrigo negó con la cabeza.

—Está loco.

El Padre Lucas lo miró con tristeza.

—Está desesperado, como lo estaba tu madre, Silvia.

—¿Y mi madre sigue ahí dentro? ¿Atrapada?

El Padre Lucas asintió despacio.

—Sigue ahí, junto a los otros once, esperando.

Silvia lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

—¿Esperando qué?

El Padre Lucas la miró con gravedad.

—Esperando a que alguien complete el ritual, a que alguien toque el duodécimo instrumento de Corvino y libere al Pesadiellu.

Rodrigo se puso de pie.

—Entonces tenemos que detener a Menéndez antes de que consiga los instrumentos.

El Padre Lucas lo miró.

—Ya es demasiado tarde.

Rodrigo lo miró con sorpresa.

—¿Qué?

El Padre Lucas lo miró con gravedad.

—Menéndez ya tiene once de los doce instrumentos. Solo le falta uno.

Silvia sintió que el corazón se le detenía.

—¿Cuál?

El Padre Lucas la miró.

—El violín número 3 de Corvino. El que tu madre pidió prestado a Emilio Vallina el día que desapareció.

Silvia lo miró con los ojos muy abiertos.

—¿Y dónde está?

El Padre Lucas la miró con tristeza.

—No lo sé. Desapareció con tu madre. Nadie lo ha visto desde entonces.

Rodrigo frunció el ceño.

—¿Y si Menéndez lo encuentra?

El Padre Lucas lo miró con gravedad.

—Si Menéndez lo encuentra, completará el ritual. Abrirá las doce cámaras. Y el Pesadiellu se recompondrá.

Silvia sintió que el mundo se tambaleaba.

—¿Y qué pasará entonces?

El Padre Lucas la miró con tristeza.

—Entonces, la visión que tu madre vio en Beleño se hará realidad. La ciudad arderá, y tú, Silvia, serás la llave que libere al Pesadiellu.

Silvia se mareó. Rodrigo la sujetó.

—No vamos a dejar que eso pase.

—Entonces tenéis que encontrar el violín antes que Menéndez y destruirlo.

Silvia lo miró.

—¿Cómo?

El Padre Lucas se puso de pie.

—Sígueme.

El Padre Lucas caminó hacia una estantería de madera oscura que ocupaba toda la pared del fondo de la celda.

Pasó los dedos por los lomos de los libros antiguos, buscando algo concreto.

Rodrigo y Silvia lo observaban en silencio.

Finalmente, el Padre Lucas sacó un libro grueso, de tapa de cuero desgastado, y lo dejó sobre la mesa.

—Esto es un mapa. Un mapa de las doce cámaras.

Abrió el libro con cuidado. Las páginas estaban amarillentas por el tiempo, cubiertas de dibujos hechos a mano con tinta negra. Parecía un libro único, escrito a mano.

Rodrigo se acercó y miró el mapa con atención.

Era un mapa de Asturias, pero no como los mapas modernos. Era antiguo, con montañas dibujadas como dientes de sierra, ríos serpenteados y pueblos marcados con cruces.

Y en doce puntos del mapa, había símbolos rojos. Círculos con líneas que se entrelazaban formando patrones imposibles.

El Padre Lucas señaló el primero.

—Beleño. La cámara que intentamos abrir en 1996. Quedó entreabierta. Once almas atrapadas.

Señaló el segundo.

—Gijón. La cámara que Menéndez abrió en 2011. Doce almas atrapadas, incluida tu madre.

El Padre Lucas señaló los otros diez puntos.

—Oviedo, Avilés, Luarca, Cangas de Onís, Ribadesella, Llanes, Taramundi, Cudillero, Pola de Somiedo y Teverga. Diez cámaras que aún no se han abierto.

Rodrigo frunció el ceño.