CAPÍTULO 07 — EL DESCUBRIMIENTO DEL DEPÓSITO BLINDADO DE LA SIMA #3
A las diez y media de la mañana, una gran cazuela de alubias estofadas a fuego lento de encina ofreció un reconfortante almuerzo a los mandos del PMA en Pagomakurre.
A las once de la mañana, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios de Itxina, admirando las formas congeladas de la vegetación cantábrica.
A las once y media de la mañana, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de abejas autóctonas del caserío para que resistan el rigor de la ventisca ártica.
A las doce del mediodía, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con corteza de limón y canela presidió la mesa baja de Goiko-Enea .
A las doce y media de la tarde, los pastores de las campas de Arraba renovaron los cirios en la ermita de montaña, agradeciendo el rescate exitoso de todos los atrapados.
A la una de la tarde, Mikel Goikoetxea y dos especialistas completaron la inspección final de seguridad en la cámara del sifón fósil.
A la una y media de la tarde, la doctora Otxoa comprobó en la UCI de Cruces que los parámetros analíticos de coagulación permanecían en rango protector.
A las dos de la tarde, se recargaron en el taller de electromedicina las baterías del videolaringoscopio McGrath para la siguiente intervención táctica.
A las dos y media de la tarde, se completó el repliegue del cable telefónico de campaña blindado tras la evacuación del último herido.
A las tres de la tarde, los especialistas recuperaron los rodillos articulados y las placas de anclaje de la cabecera del P90.
A las tres y media de la tarde, se desarmó la tirolina doble con poleas tándem, estibando todo el material pesado en las sacas de expedición.
A las cuatro de la tarde, los monitores de quirófano en Cruces confirmaron una presión arterial media de sesenta y ocho milímetros de mercurio, con un gasto cardíaco continuo de cuatro punto dos litros por minuto.
A las cuatro y quince de la tarde, la radiografía de tórax portátil confirmó la completa reexpansión del parénquima pulmonar izquierdo y la correcta posición del tubo de drenaje torácico.
A las cuatro y media de la tarde, el equipo de perfusionistas completó la infusión de mil quinientos mililitros de solución Ringer Lactato templada a treinta y siete grados.
A las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde, el paciente fue acoplado al respirador de alta gama de la UCI Hamilton G5 , manteniendo parámetros protectores pulmonares de volumen corriente bajo.
A las cinco de la tarde, la sonda vesical con termómetro integrado registró una diuresis horaria clara de setenta mililitros por hora con temperatura vesical en ascenso a 33.4 °C.
A las cinco y quince de la tarde, el retén exterior de montaña en Pagomakurre completó el inventario de cuerdas y mosquetones empleados en el operativo subterráneo.
A las cinco y media de la tarde, los conductores de los blindados oruga compartieron jarras de sidra caliente con pan de leña en la posada del pueblo.
A las cinco y cuarenta y cinco de la tarde, las campanas de San Bartolomé repicaron con volteo solemne saludando la victoria total de los servicios de emergencia sobre la montaña.
A las seis de la tarde, los técnicos de mantenimiento aeronáutico certificaron que el helicóptero se encontraba plenamente operativo tras el lavado y secado de turbinas.
A las seis y quince de la tarde, los perfusionistas de Cruces comprobaron que el gradiente transmembrana de oxígeno se mantenía en valores óptimos de doscientos ochenta milímetros de mercurio.
A las seis y media de la tarde, la red de telecomunicaciones del Gobierno Vasco confirmó una cobertura del cien por cien en todas las frecuencias de emergencias de Bizkaia.
A las seis y cuarenta y cinco de la tarde, los especialistas de montaña aplicaron lubricante de baja temperatura en los rodamientos sellados del cabrestante.
A las siete de la tarde, los análisis de gasometría arterial en Cruces mostraron un pH de 7.38, un exceso de bases de -1.2 y un lactato sérico en descenso a 1.8 mmol/L, confirmando una recuperación tisular óptima.
A las siete y quince de la tarde, el termómetro timpánico calibrado registró una temperatura de 35.8 °C en el paciente principal, permitiendo iniciar el protocolo de destete progresivo del recalentamiento activo.
A las siete y media de la tarde, doña Arantza dispuso en la mesa de castaño de Goiko-Enea una última bandeja de bizcochos de soletilla con miel de brezo para los agentes de la Sección de Montaña que regresaban del operativo.
A las ocho de la tarde del diecinueve de febrero, el sol radiante iluminó la cumbre de la Cruz del Gorbeia y las campas nevadas de Arraba.
Mikel Goikoetxea y Aitor Mendizabal, custodiando las evidencias precintadas, observaron el convoy de la Ertzaintza descender hacia el valle con el firme convencimiento de que la verdad sobre los secretos de Supelegor saldría finalmente a la luz.
En el Capítulo 08 ( La Salida del Meandro de los Neveros y la Evacuación Aérea ) , los últimos equipos de intervención completarán el repliegue definitivo mientras los enigmas del cofre comienzan a ser desvelados.