La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 07 — EL DESCUBRIMIENTO DEL DEPÓSITO BLINDADO DE LA SIMA #2
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CAPÍTULO 07 — EL DESCUBRIMIENTO DEL DEPÓSITO BLINDADO DE LA SIMA #2

A las ocho de la mañana, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.

A las ocho y media de la mañana, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.

A las nueve de la mañana, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.

A las nueve y media de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.

A las diez de la mañana, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.

A las diez y media de la mañana, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.

A las once de la mañana, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.

A las once y media de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.

A las doce del mediodía, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.

A las doce y media de la tarde, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.

A la una de la tarde, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.

A la una y media de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.

A las dos de la tarde, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.

A las dos y media de la tarde, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios.

A las tres de la tarde, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de madera.

A las tres y media de la tarde, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con limón presidió la mesa baja.

A las cuatro de la tarde, los pastores renovaron los cirios en la ermita de montaña.

A las cuatro y media de la tarde, Mikel Goikoetxea y dos especialistas progresaron hacia la cámara del sifón fósil.

A las cinco de la tarde, la doctora comprobó que los niveles de anticoagulación se mantenían en rango óptimo.

A las cinco y media de la tarde, se verificó la carga de las baterías del videolaringoscopio McGrath .

A las seis de la tarde, la centralita confirmó la nitidez de la transmisión por el cable de campaña.

A las seis y media de la tarde, los especialistas fijaron rodillos articulados en las aristas vivas de la roca.

A las siete de la tarde, se tensó una tirolina doble con poleas tándem para evacuar el material médico.

A las siete y media de la tarde, los médicos registraron una temperatura timpánica de 32.1 °C tras el recalentamiento progresivo.

A las ocho de la noche, se completó la infusión de quinientos mililitros de solución glucosalina.

A las ocho y media de la noche, el paciente quedó perfectamente inmovilizado con collarín Stifneck y férula espinal.

A las nueve de la noche, se equilibraron los cuatro cabos de la araña de izado de la camilla Petzl Nest .

A las nueve y media de la noche, la Dra. Miren Mendiluze en Cruces recibió el informe confirmando la estabilidad del paciente.

A las diez de la noche, el retén exterior reforzó los amarres de las antenas satelitales.

A las diez y media de la noche, los vecinos compartieron jarras de sidra caliente con canela en la posada del pueblo.

A las once de la noche, el volteo solemne de las campanas de San Bartolomé anunció el rescate de todos los atrapados.

A las once y media de la noche, los mecánicos de vuelo completaron la inspección de las turbinas Turbomeca Arrius 2B2 .

A las doce de la noche del diecinueve de febrero, los perfusionistas verificaron que la camisa de neopreno mantenía 37.0 °C.

A las doce y media de la noche, los técnicos comprobaron la estabilidad de la señal digital TETRA en el macizo.

A la una de la madrugada, se engrasaron los rodillos guía del cabrestante mural.

A la una y media de la madrugada, los artificieros guardaron en cofres blindados las cargas de pólvora sin humo.

A las dos de la madrugada, los rescatadores compartieron un termo de caldo caliente con hierbabuena.

A las dos y media de la madrugada, los vecinos contemplaban desde las cumbres del Kolitza la silueta nevada del Gorbeia.

A las tres de la madrugada, el oleaje del Cantábrico rompía con fuerza sobre los espigones de Bermeo.

A las tres y media de la madrugada, el párroco de Orozko asperjó agua bendita sobre los fardos de ropa térmica.

A las cuatro de la madrugada, los ganaderos compartieron cuñas de queso curado en cueva con pan tostado.

A las cuatro y media de la madrugada, don Joseba terminó de grabar a fuego la cruz del Gorbeia en el mango del piolet.

A las cinco de la mañana, doña Arantza sirvió una compota templada de manzana reineta con canela.

A las cinco y media de la mañana, una fuente de alubias rojas de Gernika reconfortó a los enlaces de radio.

A las seis de la mañana, el silencio sagrado de los tejos centenarios reinaba sobre el bosque.

A las seis y media de la mañana, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares del valle.

A las siete de la mañana, los agentes de Policía Judicial precintaron las muestras de mineral incautadas.

A las siete y media de la mañana, doña Arantza y don Joseba sirvieron bizcochos de soletilla con chocolate espeso.

A las ocho de la mañana, los mecánicos de la Sección de Montaña verificaron que el cabrestante de arrastre del furgón todoterreno pesado mantenía una tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos sin elongación de cable.

A las ocho y quince de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible y los filtros de aspiración de las motobombas ligeras portátiles de achique instaladas junto a la acequia de Pagomakurre.

A las ocho y media de la mañana, durante el relevo de la patrulla marítima de apoyo en el puerto viejo de Algorta, los rescatadores fuera de guardia compartieron sardinas asadas a la brasa con pan rústico de caserío.

A las ocho y cuarenta y cinco de la mañana, familiares de los agentes de la Unidad de Montaña encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás en Getxo, pidiendo por la seguridad de todos los integrantes del operativo.

A las nueve de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas de lana virgen de oveja latxa tejidas a mano en el zaguán noble del caserío familiar.

A las nueve y quince de la mañana, las tabernas de Areatza sirvieron raciones de morcilla tradicional con pan de centeno recién horneado a los conductores de los convoyes logísticos.

A las nueve y media de la mañana, los bodegueros de Orozko brindaron con txakoli de cosecha propia por el porvenir y la pronta recuperación de todos los heridos de la montaña.

A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura de madera de fresno del piolet ceremonial destinado a su hijo Mikel.

A las diez de la mañana, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces para agasajar a los sanitarios que regresaban de la cueva.