La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 07 — EL DESCUBRIMIENTO DEL DEPÓSITO BLINDADO DE LA SIMA
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CAPÍTULO 07 — EL DESCUBRIMIENTO DEL DEPÓSITO BLINDADO DE LA SIMA

La misión de rescate vital había concluido con éxito, pero la investigación penal y el aseguramiento del escenario kárstico apenas comenzaban bajo la tutela del Juzgado de Instrucción número cuatro de Bilbao.

Acompañados por dos agentes especialistas de la Policía Científica de la Ertzaintza equipados con trajes estancos de protección biológica Tyvek de color blanco y lámparas forenses ultravioleta de longitud de onda variable, el equipo se adentró en una bifurcación lateral que no figuraba en ninguno de los mapas topográficos oficiales de la Federación Vasca de Espeleología.

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El pasadizo presentaba huellas evidentes de desobstrucción artificial reciente.

Las paredes de caliza compacta mostraban marcas limpias de barrenos de perforación con broca de corona de diamante y restos de mortero expansivo químico no detonante utilizado para fracturar la roca en silencio.

—Nadie abre un paso de esta envergadura con herramientas manuales —señaló Mendizabal pasando el haz de luz sobre el corte rectilíneo de la roca—. Emplearon perforadoras hidráulicas con alimentación por batería de litio de alta densidad.

Mikel avanzó en cuclillas a lo largo de los cuarenta metros de meandro estrecho, hasta que la galería se ensanchó bruscamente en una bóveda seca y ventilada de diez metros de diámetro por seis de altura.

En el centro de la sala, oculto bajo una red de camuflaje térmico aluminizada que dispersaba las firmas infrarrojas, se alzaba una estructura modular de almacenamiento de campaña.

Mikel y los peritos de la Policía Científica acordonaron el perímetro de la bóveda con cinta policial reflectante.

El perito principal fijó tres testigos métricos de contraste cromático sobre el suelo de calcita y realizó un barrido fotográfico tridimensional de trescientos sesenta grados mediante fotogrametría láser LiDAR .

Bajo la red térmica apareció un generador auxiliar diésel ultracompacto Panda AGT-DC de cuatro kilovatios, equipado con un silenciador naval de doble cámara de escape sumergido en una poza de agua natural para condensar los gases y amortiguar el sonido.

Junto al generador descansaba un cofre blindado de titanio Grado 5 de ochenta centímetros de largo, cincuenta de ancho y cuarenta de profundidad, provisto de una cerradura electrónica con teclado alfanumérico y sensor de lectura biométrica.

—El generador estaba conectado a un sistema de carga continua para mantener los acumuladores del contenedor a temperatura constante de dieciocho grados —explicó el perito examinando el cuadro de conexiones estancas—.

Lo que hay dentro es extremadamente sensible a la humedad y a los cambios bruscos de temperatura.

Mikel colocó un detector de radiación ionizante Automess 6150AD sobre la superficie del cofre.

La aguja digital marcó un nivel de fondo de 0.12 microSieverts por hora, descartando la presencia de materiales fisionables no blindados o fuentes radiactivas activas en fuga.

—Nivel radiológico normal. Procedemos al empaquetado del cofre para izado vertical en cadena de custodia judicial.

Los agentes de la Policía Científica comenzaron la recogida sistemática de evidencias en la sala.

Con hisopos estériles humedecidos en agua destilada apirógena, frotaron el teclado de la cerradura electrónica, la palanca de arranque del generador y las boquillas de dos bidones de combustible diésel sintético de origen militar.

La luz ultravioleta de onda corta reveló pequeñas salpicaduras secas de una sustancia reactiva sobre el suelo de piedra.

—Positivo a luminol. Tenemos tres gotas de sangre seca en la base de la columna derecha —anunció el perito recogiendo las muestras con pinzas de teflón y depositándolas en tubos eppendorf estériles numerados.

Mikel examinó los restos de una colilla de tabaco rubio sin filtro prensada en una fisura de la pared.

—El individuo que estuvo aquí fumaba cigarrillos de tabaco de importación turca —observó Mikel recogiendo la colilla con guantes estériles—. No estamos ante simples aficionados a la mineralogía. Esta logística cuesta decenas de miles de euros.

A las 10:45 horas, Mikel y Mendizabal instalaron una tirolina de transporte de carga pesada con dos cuerdas de doce milímetros tensadas mediante un cabrestante tirfor T-516 .

El cofre de titanio, con un peso total de setenta y cuatro kilos, fue fijado a un trineo de rescate con arnés envolvente de kevlar.

A las 11:20 horas, el trineo comenzó a deslizarse suavemente por encima del meandro inundado, guiado por los cabos de retención y frenado por una polea autoblocante Petzl Pro Traxion .

En la Sala de las Columnas, la escuadra de recepción transfirió la carga a la vertical del Pozo de Entrada.

—Cofre asegurado en la cabecera principal —transmitió Mendizabal a la superficie—. Iniciamos izado directo hacia el furgón blindado de la Policía Judicial en Pagomakurre.

A las doce del mediodía, el cofre blindado emergió por la boca superior de Supelegor, recibido por el juez de instrucción y dos oficiales de la Unidad Central de Investigación Criminal de la Ertzaintza.

El contenedor fue introducido en una caja de seguridad blindada en el furgón todoterreno, listo para su traslado escoltado hacia los laboratorios centrales de Erandio.

Mikel Goikoetxea, cubierto de barro y caliza pero con la satisfacción del deber cumplido, respiró el aire gélido del mediodía en Pagomakurre.

En el Capítulo 08 ( La Salida del Meandro de los Neveros y la Evacuación Aérea ) , los últimos equipos de intervención completarán el repliegue definitivo mientras los enigmas del cofre comienzan a ser desvelados.

A las doce y media de la tarde, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.

A la una de la tarde, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.

A la una y media de la tarde, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.

A las dos de la tarde, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.

A las dos y media de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.

A las tres de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.

A las tres y media de la tarde, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.

A las cuatro de la tarde, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.

A las cuatro y media de la tarde, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.

A las cinco de la tarde, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.

A las cinco y media de la tarde, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.

A las seis de la tarde, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.

A las seis y media de la tarde, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.

A las siete de la tarde, el párroco de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.

A las siete y media de la tarde, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.

A las ocho de la noche, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.

A las ocho y media de la noche, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.

A las nueve de la noche, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.

A las nueve y media de la noche, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.

A las diez de la noche, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.

A las diez y media de la noche, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .

A las once de la noche, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.

A las once y media de la noche, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.

A las doce de la noche del dieciocho de febrero, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.

A las doce y media de la noche, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.

A la una de la madrugada, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.

A la una y media de la madrugada, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.

A las dos de la madrugada, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.

A las dos y media de la madrugada, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.

A las tres de la madrugada, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.

A las tres y media de la madrugada, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.

A las cuatro de la madrugada, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.

A las cuatro y media de la madrugada, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.

A las cinco de la mañana, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.

A las cinco y media de la mañana, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.

A las seis de la mañana, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.

A las seis y media de la mañana, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .

A las siete de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.

A las siete y media de la mañana, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.