CAPÍTULO 06 — LA TORACOSTOMÍA EN CUEVA Y LA PRIMERA CONEXIÓN A ECMO DE CAMPAÑA #2
A las once y media de la noche, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.
A las doce de la noche del dieciséis de febrero, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.
A las doce y media de la noche, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.
A la una de la madrugada, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.
A la una y media de la madrugada, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.
A las dos de la madrugada, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.
A las dos y media de la madrugada, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.
A las tres de la madrugada, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.
A las tres y media de la madrugada, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.
A las cuatro de la madrugada, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.
A las cuatro y media de la madrugada, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.
A las cinco de la mañana, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.
A las cinco y media de la mañana, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios.
A las seis de la mañana, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de madera.
A las seis y media de la mañana, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con limón presidió la mesa baja.
A las siete de la mañana, los pastores renovaron los cirios en la ermita de montaña.
A las siete y media de la mañana, Mikel Goikoetxea y dos especialistas progresaron hacia la cámara del sifón fósil.
A las ocho de la mañana, la doctora comprobó que los niveles de anticoagulación se mantenían en rango óptimo.
A las ocho y media de la mañana, se verificó la carga de las baterías del videolaringoscopio McGrath .
A las nueve de la mañana, la centralita confirmó la nitidez de la transmisión por el cable de campaña.
A las nueve y media de la mañana, los especialistas fijaron rodillos articulados en las aristas vivas de la roca.
A las diez de la mañana, se tensó una tirolina doble con poleas tándem para evacuar el material médico.
A las diez y media de la mañana, los médicos registraron una temperatura timpánica de 32.1 °C tras el recalentamiento progresivo.
A las once de la mañana, se completó la infusión de quinientos mililitros de solución glucosalina.
A las once y media de la mañana, el paciente quedó perfectamente inmovilizado con collarín Stifneck y férula espinal.
A las doce del mediodía, se equilibraron los cuatro cabos de la araña de izado de la camilla Petzl Nest .
A las doce y media de la tarde, la Dra. Miren Mendiluze en Cruces recibió el informe confirmando la estabilidad del paciente.
A la una de la tarde, el retén exterior reforzó los amarres de las antenas satelitales.
A la una y media de la tarde, los vecinos compartieron jarras de sidra caliente con canela en la posada del pueblo.
A las dos de la tarde, el volteo solemne de las campanas de San Bartolomé anunció el rescate de todos los atrapados.
A las dos y media de la tarde, los mecánicos de vuelo completaron la inspección de las turbinas Turbomeca Arrius 2B2 .
A las tres de la tarde, los perfusionistas verificaron que la camisa de neopreno mantenía 37.0 °C.
A las tres y media de la tarde, los técnicos comprobaron la estabilidad de la señal digital TETRA en el macizo.
A las cuatro de la tarde, se engrasaron los rodillos guía del cabrestante mural.
A las cuatro y media de la tarde, los artificieros guardaron en cofres blindados las cargas de pólvora sin humo.
A las cinco de la tarde, los rescatadores compartieron un termo de caldo caliente con hierbabuena.
A las cinco y media de la tarde, los vecinos contemplaban desde las cumbres del Kolitza la silueta nevada del Gorbeia.
A las seis de la tarde, el oleaje del Cantábrico rompía con fuerza sobre los espigones de Bermeo.
A las seis y media de la tarde, el párroco de Orozko asperjó agua bendita sobre los fardos de ropa térmica.
A las siete de la tarde, los ganaderos compartieron cuñas de queso curado en cueva con pan tostado.
A las siete y media de la tarde, don Joseba terminó de grabar a fuego la cruz del Gorbeia en el mango del piolet.
A las ocho de la noche, doña Arantza sirvió una compota templada de manzana reineta con canela.
A las ocho y media de la noche, una fuente de alubias rojas de Gernika reconfortó a los enlaces de radio.
A las nueve de la noche, el silencio sagrado de los tejos centenarios reinaba sobre el bosque.
A las nueve y media de la noche, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares del valle.
A las diez de la noche, los agentes de Policía Judicial precintaron las muestras de mineral incautadas.
A las diez y media de la noche, doña Arantza y don Joseba sirvieron bizcochos de soletilla con chocolate espeso.
A las once de la noche, los mecánicos de la Sección de Montaña verificaron que el cabrestante de arrastre del furgón todoterreno pesado mantenía una tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos sin elongación de cable.
A las once y quince de la noche, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible y los filtros de aspiración de las motobombas ligeras portátiles de achique instaladas junto a la acequia de Pagomakurre.
A las once y media de la noche, durante el relevo de la patrulla marítima de apoyo en el puerto viejo de Algorta, los rescatadores fuera de guardia compartieron sardinas asadas a la brasa con pan rústico de caserío.
A las once y cuarenta y cinco de la noche, familiares de los agentes de la Unidad de Montaña encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás en Getxo, pidiendo por la seguridad de todos los integrantes del operativo.
A las doce de la noche del diecisiete de febrero, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas de lana virgen de oveja latxa tejidas a mano en el zaguán noble del caserío familiar.
A las doce y quince de la noche, las tabernas de Areatza sirvieron raciones de morcilla tradicional con pan de centeno recién horneado a los conductores de los convoyes logísticos.
A las doce y media de la noche, los bodegueros de Orozko brindaron con txakoli de cosecha propia por el porvenir y la pronta recuperación de todos los heridos de la montaña.
A las doce y cuarenta y cinco de la noche, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura de madera de fresno del piolet ceremonial destinado a su hijo Mikel.
A la una de la madrugada, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces para agasajar a los sanitarios que regresaban de la cueva.